Wolfsbane – Live Fast, Die Fast

Enviado por TenzaZangetsu el Sáb, 17/10/2015 - 03:58
2018

1. Manhunt - 2:54
2. Shakin’ - 3:41
3. Killing Machine - 2:55
4. Fell Out of Heaven - 3:03
5. Money To Burn – 3:49
6. Greasy - 3:16
7. I Like It Hot - 3:19
8. All Or Nothing - 2:02
9. Tears From A Fool - 5:11
10. Pretty Baby - 4:44

Es un mito falso que todos amamos a un underdog. Tal vez funcione en las películas, pero la realidad es que muy pocas personas en este mundo dan crédito al batallador o al que tiene todo en contra porque los planetas no se alinearon para que pudiera cumplir con su cometido. Contrario al resto, la tienen que pasar canutas para poder triunfar. Perdedores hay muchos en el Metal; es más, así como han habido muchos grupos exitosos (muchísimos), han habido muchas más agrupaciones y músicos que nunca dieron pie con bola para triunfar. Y no hablo del típico de caso del músico que ha tenido una carrera digna y que simplemente no terminó por hacerse cabida en el ámbito mainstream; no, estoy hablando de músicos que han tenido que pasar las de Caín para poder sobrevivir. Hablamos de sufrir, de padecer injusticias y de ver cómo tus sueños se ven atormentados hasta convertirse en una versión torcida de lo que una vez fueron. Y si hablamos de eso, estamos hablando de Blaze Bayley: un perdedor que no nunca ganó ninguna pelea que libró. Pero que lo intentó desde el primer día.

Todos los metaleros que tenemos un conocimiento básico de esto sabemos de sobra la historia de Blaze Bayley: era un vocalista británico que estaba en un grupo de Hard ‘n’ Heavy sin mucha repercusión –y que hoy nos agracian- llamado Wolfsbane, donde había hecho un par de tours con algunos grupos importantes –entre ellos, Iron Maiden. Luego de que Steve Harris y Bruce Dickinson tomaran caminos diferentes en, junto con la salida de Rob Halford de Judas Priest, la separación más dolorosa de la historia de nuestra música en 1.993 luego del memorable tour del Fear of the Dark, el bajista hincha del West Ham United decidió ponerse manos a la obra y buscar un reemplazo con inmediatez para seguir. Maiden era/es como las galopadas clásicas de bajo de su líder: marchas inexorables e inexpugnables que no frenan ante nada ni nadie. La banda más grande del mundo no iba a detenerse por la (dolorosa) marcha del vocalista por excelencia del género, así que se hizo una audición con candidatos de todo el mundo. Con incontables rumores de candidatos –entre ellos, Michael Kiske de fama Helloween o Andre Matos de Angra-, el voceras de Wolfsbane obtuvo el trabajo, contra todas las posibilidades.

Y ya sabemos el resto: el grupo se despachó el trabajo más arriesgado y singular de su carrera, el brillante The X Factor, Blaze fue apabullado por casi toda una afición que no se hacía a la idea de que un “tipejo” que no tenía el rango estridente ni el histrionismo del gran Bruce osara reemplazarlo. Simplemente no lo aceptaban. No prestaron atención al hecho de que todos lo hubiéramos intentado en su posición, que él no eligió ser el vocalista –eso fue voluntad de Harris- o que reemplazar a alguien de la magnitud del autor de The Chemical Wedding era una misión en el que cualquiera hubiera flaqueado. Luego de un segundo trabajo más discreto, Virtual XI, Blaze fue despedido de Maiden para el regreso tan anhelado del hijo prodigo mientras que el indeseado erigiría una carrera solista bastante buena, pero sin nada de éxito ni suerte. Imagínense que su primer trabajo en solitario salió en la misma Navidad que el Brave New World –nunca tuvo oportunidad.

Por eso que acabo de acotar, las andaduras de Blaze con sus Wolfsbane siempre han quedado en un tercer plano. Ciertamente nunca fueron los próximos Guns ‘n’ Roses en cuanto a repercusión o éxito se refiere, pero eran un grupo que ofrecía buen Hard Rock y Heavy Metal con mucha influencia de los Van Halen más clásicos; eso se puede denotar en las vocales de un Blaze que suena un tanto más animado que a los que nos tiene acostumbrados y la guitarra de Jase Edwards que es muy deudora del gran Eddie. Dejando de lado el sonido metalero y cuasi oscuro de su carrera en Maiden o como solista, esta agrupación promueve un sonido más alegre y fiestero, pero sin dejar de lado la tralla y el buen hacer como metaleros de sepa. El catalizador principal del sonido lóbrego de The X Factor sonando como una mezcla entre Paul Stanley y David Lee Roth; todos tenemos comienzos, ¿verdad?

La banda se fundó en 1.984 en Inglaterra y luego de varias demos y un par de EPs, consiguieron el apoyo de un sello americano importante como era Def American Recordings. Gracias a eso, conseguirían al renombrado productor Rick Rubin (The Cult, Slayer, Metallica, entre otros) para hacer su álbum debut. La cosa parecía ir bien con Wolfsbane, pero como muchas bandas de esos tiempos, ya su momento había pasado para dar el salto tocando Hard Rock. Pero eso es mucho más adelante en el tiempo –ahora mismo enfoquémonos con los inicios de estos muchachotes.

Regresemos a 1.989 y a una época donde el Hard Rock era lo máximo, pero que ya daba señales de agotamiento. Wolfsbane tomaron muchas cosas de los grandes padres de esta movida, pero no hay que lanzarlos al saco de los Poison, Ratt o Warrant, ¿eh? Estos británicos son rockeros sucios, motociclistas y que vienen a formarnos problemas. De eso se trataba Blaze Bayley y sus muchachos por esos años: música directa y potente. Wolfsbane son bebidas, parrandas, una que otra pelea en estado de ebriedad y follarse a la tipa que les dé la oportunidad, si es que la hay. Ni más ni menos. Así me gusta. ¿Qué más podemos esperar de un grupo cuyo título completo del álbum es Live Fast, Die Fast: Wicked Tales of Booze, Birds and Bad Language? Yo espero que cumplan con mis expectativas en ese aspecto.

En la portada no se esmeraron mucho: una foto de los cuatro músicos en cualquier barrio de mala muerte que seguro transitaban por esa época. Soy más fan de ilustraciones, pero no voy a ser quisquilloso cuando lo que importa es el contenido. ¿Quién sabe? A lo mejor hacen un pedazo de álbum y la cosa mejora a partir de ahí. Que en estos años, estos cuatro muchachos tenían todo el futuro por delante y se la jugaban por la música en la que creían. Es tiempo de que se la jueguen. It’s Wolfsbane time.

La guitarra de Jase Edwards es pura idolatría a Eddie Van Halen en Man Hunt: un corte muy influenciado por la banda del ya mencionado guitarrista y, para quienes ya conocemos la voz de Blaze, que nos agracia la característica voz del maestro de ceremonias. Es una canción acelerada, con mucho espíritu y que va directo al punto; la producción es bastante buena y se puede entender por la colaboración con Rubin, quien muchas veces puede llegar a dar resultados variopintos en sus producciones. Aquí pienso que da en el clavo porque el álbum suena muy bien.

Edwards es el principal generador de música en este trabajo con su aporte en las seis cuerdas y carga el peso de la cuestión de Shakin’, un medio tiempo que aúna el espíritu Glam de Wolfsbane (que lo tienen) con el más Punk (que también lo tienen). Mucho Hard Rock con tintes metaleros es Killing Machine que parece tratar de entrelazar todas las escenas musicales que le gusta a la banda, pero que no termina de cuajar, a oídos de un servidor. Wolfsbane son una mixtura alocada de los grupos ochenteros de Glam, un poco de AC/DC -en la ejecución de los riffs, algo de Guns ‘n’ Roses y mucho, pero mucho, de Van Halen.

Más interesante y entretenida se muestra Fell Out of Heaven con las filigranas guitarreras de Edwards y un Ellett más imperioso en la batería, mientras que Blaze entona este medio tiempo de esa manera tan peculiar que tiene para cantar –es casi surreal escucharlo en tonalidades más light en comparación a la pesadumbre de sus futuros proyectos. Retornando a la vertiente más metalera del álbum, tenemos Money to Burn con mucho doble bombo y que tiene melodías bien hechas; pero el mayor defecto del trabajo radica en que pareciera que no termina de hacer cabida en nuestra mente; es un álbum que, en ciertos momentos, puede pecar de ser un tanto repetitivo y cansino, si no se es fanático irredento de la banda.

Greasy inicia con una intro de guitarra que me recuerda un poco a un tema de Helloween de los 80s que no preciso –creo que es Halloween-, pero que luego evoluciona en un tema acelerado con buenos riffs. Lo más cercano a ser un hit en este trabajo fue el corte I Like It Hot que es un corte netamente comercial que está demasiado inspirado en el Glam Metal del momento –recomiendo ver su video clip. Es el tema más fiestero y alegre de toda la obra. Aquí Edwards hace unas muy buenas partes de guitarras.

La siguiente, All or Nothing, parece un intento de la banda por unir lo comercial con lo más metalero, y termina en un tema disfrutable, pero que no termina de despegar. Tenemos un giro de tuerca en Tears From A Fool que es una power ballad con todas las de la ley; es una buena canción con muchos pasajes acústicos y que sirve para escuchar a Blaze en unas tesituras en las que uno no está muy acostumbrado a escucharle. La cosa termina con Pretty Baby que es una de las canciones más influenciadas por Van Halen en el álbum y finaliza en una nota algo alta con sus ritmos acelerados; presten atención al estribillo que ahí hay algunas melodías vocales a lo Michael Anthony.

Ahí lo tienen a Live Fast, Die Fast de Wolfsbane: el primer intento de Bayley y compañía por cumplir sus sueños de ser estrellas de Rock. Ciertamente, la banda no logró ni una décima parte de esa expectativa y tampoco revolucionaron a la escena con un trabajo demoledor; pero sí que hicieron un álbum que sumaba más que lo que restaba. Live Fast, Die Fast fue el primer paso de una carrera llena de vicisitudes como la de Blaze Bayley, que fue/es un ícono absoluto del underdog del que nadie se interesa –pero eso no va al caso. El debut de Wolfsbane es un trabajo fiestero, pendenciero, bien producido y que puede llegar a ser muy divertido para el oyente, pero que también puede pecar de ser muy repetitivo y agobiante si no es lo que uno está buscando en ese momento. Entonces, para disfrutar este trabajo a sus anchas, es mejor escucharlo como lo que es: un buen divertimento sonoro. No esperen innovaciones ni mucha complejidad musical.

Tres cuernos (medios) para Live Fast, Die Fast. La primera intentona de unos losers con encanto.

• Blaze Bayley – Vocales
• Jase Edwards – Guitarra
• Steve “Danger” Ellett – Batería
• Jeff Hateley – Bajo

Sello
Def American Recordings