Suicidal Tendencies - How Will I Laugh Tomorrow When I Can´t Even Smile Today

Enviado por El Marqués el Dom, 11/11/2012 - 12:26
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1. Trip at the Brain
2. Hearing Voices
3. Pledge your Allegiance
4. How Will I Laugh Tomorrow When I Can´t Even Smile Today
5. The Miracle
6. Suycico Mania (Sólo en el CD)
7. Surf and Slam
8. If I don´t Wake Up
9. Sorry?!
10. One Too Many Times
11. The Feeling´s Back

Allí estaba. Cualquier noche, en los camerinos de cualquier local, en cualquier parte del mundo, dispuesto a salir a tocar. Con sus bermudas, esas que los miembros de Anthrax no tardarían en copiarle. Con su pañuelo en la cabeza, ese que Axl Rose no tardaría en adoptar para crear su imagen. Y con toda su carga de autenticidad, actitud y mala hostia, esas a las que muchos intentaban acercarse para caer en el ridículo.

Mike Muir estaba en la lista negra del FBI. En ciudades como Los Angeles tenía que comunicar a las autoridades cada vez que Suicidal Tendencies actuaban. Los censores le habían obligado a cambiar el nombre de una de sus primeras canciones, "I Shot Reagan" *, por un menos explícito "I Shot the Devil". Al contrario que el citado Axl, que sólo veía en el pañuelo un complemento estético, Muir lo portaba como símbolo de territorialidad, de pertenencia a una banda. Al estilo de como hacen los Skin Heads con los colores de sus cazadoras, o de los cordones de sus botas.

Había teloneado a Ozzy, ante una audiencia compuesta por hijos que acudían al show acompañados por sus padres, quienes veian en el Madman una amenaza tan peligrosa como un disfraz de Halloween, pero volvían a casa atónitos, anonadados ante el caudal de odio, rabia y agresividad que Suicidal Tendencias desplegaban sobre las tablas.

Procedían de la Costa Oeste, la velocidad y pegada de su música les emparentó de inmediato con el Thrash, pero sus profundas raíces punk les delataban. A su vez, sus canciones poseían una complejidad técnica mayor que la habitual en una banda Hardcore, con lo cual, terminaron siendo responsables directos del nacimiento del Crossover.

Nunca perdieron la conexión thrash metal, pero eran cafres entre los cafres, y en el "Clash of the Tytans Tour" se vieron obligados a abrir a media tarde, ante recintos casi vacíos, para bandas muy inferiores a ellos, como Testament y Megadeth. No es extraño que de aquella gira, Mike Muir sólo recordara con agrado el haber tenido la oportunidad de coincidir con los tipos de Slayer, a los únicos que realmente respetaba de entre todas aquellas "estrellitas thrashers", en sus palabras. Y es que cualquiera puede imaginar juntos, en 1979, a unos jóvenes Muir y Jeff Hanneman disfrutando de las descargas de grupos como Angry Samoans o T.S.O.L. en los sudorosos clubes de L.A.

No le intimidaban para nada las proclamas apocalípticas de compañeros de escena como Exodus, Hirax, Forbidden, y demás adalides de la Bay Area, él se preocupaba de retratar la realidad y las injusticias sociales que veía a diario en las calles de los distritos más chungos de su ciudad -también en ello fue pionero, y seguro que influenció a los Gangstas de N.W.A o Ghetto Boys-; y a bandas que estaban a punto de triunfar como Pantera las consideraba directamente un chiste vendido al mainstream.

Un personaje genuino, como vemos, con una personalidad como para escribir varios libros, y con el talento suficiente para crear proyectos paralelos como Cyko Miko y los fabulosos Infectious Grooves.

1988 fue el año en que vió la luz su tercer disco, "How Will I Laugh Tomorrow When I Can´t Even Smile Today", para mi su mejor y más representativo trabajo, punto de apoyo además de una trilogía gloriosa, completada con los siguientes "Lights...Camera...Revolution!" de 1990, y "The Art of Rebellion", del 92, en los que ya contarían con la presencia de Robert Trujillo al bajo.

Con su pesimista título, que nos demuestra que a lo mejor el mundo no va ahora tan mal, que hace casi 25 años estaba igual, Muir y sus cuatro lugartenientes catalizaron a través de diez temas -once en la versión Cd-, que son diez cintas de munición perforante disparadas por la M60 de Rambo, su decepción hacia un mundo oscuro y gris, en el que nadie es capaz de pensar por sí mismo, en el que incluso quienes enarbolan pancartas en busca de un mundo mejor terminan perdiéndose en el ruido de chuscas caceroladas, por encima de la verdadera búsqueda de solución a los conflictos.

50 minutos de intensidad sin límite, durísimas letras sobre paranoia, aislamiento, incomprensión, revueltas -Zack de la Rocha es otro de los muchos que debería arrodillarse ante la sola mención de esta banda-, muchos brotes de thrash controlado, cortesía de los guitarristas Rocky George -menuda bestia, y qué infravalorado- y Mike Clark, espacio para muy buenas melodías, sobre todo en la parte final del disco, y dos auténticos himnos capaces de erizar el cabello a un asesino en serie: El poderosísimo medio tiempo que da título al álbum, con sus cambios de marcha, y sobre todo ese arrollador "Pledge your Allegiance", verdadera llamada a coger el fusil y enrolarse en la armada Suicidal. El tenebroso riff inicial, y los apoteósicos coros finales, constituyen uno de los momentos más catárticos e impactantes jamás grabados. El mismo Ice T copiaría el esquema de esta canción para crear en 1992 el concepto de su grupo metálico, Body Count.

Tras muchos años de altibajos, apariciones y desapariciones en el mercado discográfico, Mike Muir mantiene vivos a sus Suicidal Tendencies, sigue actuando en vivo, y su mensaje se mantiene igual de vigente. A buen seguro que si hablas con el tipo, está todavía más cabreado, porque el mundo, ya lo he dicho, va igual de mal que en 1988, y la gente es todavía más idiota.

De idiotas sería negar la grandeza de esta bomba de relojería, que se queda muy, muy cerca, de la máxima puntuación.

*Ronald Reagan: Presidente de EEUU en la década de los 80.

Mike Muir: Voz
Rocky George: Guitarra
Mike Clark: Guitarra
RJ Herrera: Batería
Bob Heathcote: Bajo

Sello
Virgin Records

Ayer recibía con alegría el cd de este album de los Suicidal que lo había comprado a través de una tienda online, hoy veo la noticia del fallecimiento del bajista Bob Heathcote en un accidente de tránsito. Cosas que tiene la vida...
En fin... el que pueda hacerlo que disfrute de este buen trabajo.

Saludos.