Razor - Malicious Intent

Enviado por Cuericaeno el Jue, 20/05/2010 - 01:57
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1. Tear Me to Pieces (2:58)
2. Night Attack (2:37)
3. Grindstone (3:02)
4. Cage the Ragers (3:28)
5. Malicious Intent (4:35)
6. Rebel Onslaught (3:19)
7. A.O.D. (3:05)
8. Challenge the Eagles (3:25)
9. Stand Before Kings (2:46)
10. High Speed Metal (3:34)
11. K.M.A. (2:49)
12. Mosh [bonus track] (1:38)

El año en que nació el álbum del que hablaremos aquí no fue un año cualquiera. 1986 fue un período muy interesante, muy especial y completo para el Metal, pues trazó a dinamita una zanja divisoria que separaría a las masas melenudas en dos territorios contrastados al extremo. Ese cortafuego impediría que los cardados de aquellos que eligieron la cara dulce del género prendieran al contacto de la infernal llamarada de la primera generación del Thrash, que entonces libraba su propia guerra al otro lado, presentando a sus Cuatro Jinetes desde Norteamérica (Metallica, Slayer, Megadeth y Anthrax) y a su tridente desde tierras germanas (Destruction, Sodom y Kreator). Eso sin contar que desde lo más profundo del corazón de ese hemisferio salvaje surgía escurridiza esa demo horrísona de los noruegos Mayhem (Pure Fucking Armageddon) que haría nacer al Black Metal ya con todas sus letras, precedido un año antes por la cepa primaria del Death Metal encarnada en Possessed y su Seven Churches.

Mucho más al norte del punto de partida de los ‘Four Horsemen’ estaba Razor, en el mismo Canadá que acunó a unos jovencísimos Annihilator cuya música por entonces despertaba en cassettes presentados a rotulador. La diferencia estaba en que los speed-thrashers Razor ya contaban con su tercer largo (éste que nos ocupa), además de dos demos y un EP que ya quedaban atrás en sus oscuros albores, pero que ya marcaban un sonido muy identificativo que continuó definiéndose en este Malicious Intent.

Frenético y trepidante su arsenal de riffs triscados, grabados más a buril que a púa por Dave Carlo sobre un Metal híbrido entre el Speed y el Thrash, engranado a la tosca maquinaria rítmica de los dos Mike (Embro a la batería y Campagnolo al bajo), que calzaban con macizo herraje cada paso de esas carreras sónicas que se pegaban los canadienses. Su cantante, Stace McLaren, heredaba el registro cavernario de Lemmy de Motörhead (‘El Verrugas’ ya dictó maneras a Venom y Celtic Frost), pero con un plus sorprendente de peculiaridad marcado en cada uno de sus gritos, emitiendo esa especie de ‘gallo’ amplificado y extendido que lo hacía sonar como un Nazgûl en pleno clamor de batalla, cruzado a veces con chucho apaleado. Por algo recibió el mote de “Sheepdog” (“perro pastor”) el que a mediados de la década siguiente, y por tan personal tesitura, influenciaría al diablillo inglés Dani Filth, voz, cetro y pluma de Cradle Of Filth. Un parecido más que razonable.

Salvo escasas excepciones, cada uno de los temas de este Propósito Malicioso rondaba los 3 minutos, asaltándonos el fuego rápido de piezas crudas, fugaces y directas, y bien afiladas para hacer honor al nombre del grupo que las dispara. Espeluznante ese “Turn it up!… Turn it up!... LOUDER!!” que ladra a capella el Hombre Perrete como pistoletazo de salida para Tear Me to Pieces, el primer corte a serrucho sobre nuestros tímpanos que ejecuta el cuarteto a galope tendido, siendo ése el tempo reinante en casi toda la obra. High Speed Metal, como reza autocomplaciente uno de sus títulos.

Por destacar canciones o momentos álgidos de esta macabra persecución, yo pondría en relieve ese riff principal de Grindstone que troquela a cien por hora Dave Carlo con magistral filigrana siniestra, o esa capacidad del cantante de usar ese alarido de alimaña infernal no sólo para el mero chillido (donde siempre sabía elegir el momento), sino también para articular palabras como en el estribillo de Cage the Ragers, que lo torna tan monstruoso, tan aterrador como pocas cosas que sonaran en aquella época. También verbalizaba su relincho con estremecedores resultados en los fatales desenlaces tanto del tema-título (matador) como también de Rebel Onslaught, siendo este último todo un trabajo de platería fina en materia de riffs, una maravilla de la paraciencia.

Escuchando bien este trabajo de los de Ontario, se nota que los tíos disfrutaban con saña de lo que hacían, e incluso se enorgullecían de su condición underground y de su desfachatez, adquirida de los primeros Venom. Aquello lo exteriorizaban en letras como la de High Speed Metal (”Los críticos todos ríen y nos llaman lo peor […] Esos bastardos deben arder por la molestia que causan”). Ese disfrute de ser ellos mismos se canalizaba incluso con pinceladas de humor, como en esa especie de outro llamada Mosh que fue incluida como bonus track cuando el álbum fue reeditado en 2002. Y decir outro no es decir tema ambiental, porque los guitarrazos y carrerones que se pegan en esa mini-canción son arrolladores, para no perder la inercia, vaya.

Por ello, a parte de esa hiperactividad y ceño hosco que los delataba sobre la espinosa rama del Metal que practicaban, también se detectaba en ellos ciertas radiaciones punketas que chirriaban como la navaja de la portada, la que chispea mientras es afilada por esa maliciosa dama de los mitones de cuero. Por cierto, excelente artwork, de gran poder visual, hermanando con muy buen gusto agresividad y elegancia, y muy definitorio en clave de actitud y sonido, como reinterpretando el simbolismo que convirtió en estandarte a la cuchilla del British Steel de Judas Priest, como blasón de un género musical.

Los pelos de punta pone ese grito de 15 segundos que en Stand Before Kings dispara ‘Sheepdog’, afilando gradualmente ese aullido con una trayectoria inhumana. Una animalada, como la que forman todos en High Speed Metal, ese presto demoníaco que es anunciado por el trote parejo de la batería y el bajo encabezando el pelotón, hasta unírsele el alabardero Dave y armar la de Dios es thrasher con todos ya a una, induciéndonos al salvajismo de su Speed de vieja cátedra. Las siglas K.M.A. esconden lo que será único texto en la rauda pieza que nos dará el tiro de gracia, un burdo y directo ”Kiss my ass” coreado a modo de potente estribillo, engarzado en medio de un apocalíptico surtido de riffs-taladro con los que la banda se lanza en plan kamikaze hasta ir desapareciendo en su descenso en barrena, dando fin así a este tratado de malas intenciones que fue y es Malicious Intent.

Casi en secreto, como una corriente subterránea Razor horadó la escena del ’86, algo oscurecidos por la sombra de obras más populares del Speed y del Thrash, pero su inyección de adrenalina en el corazón de los que se toparon con su impactante sonido fue la dosis suficiente que necesitó la banda para formar parte del círculo clandestino de combos cafres de la época, ese reducto de placentero hedor a underground que nutrió de peligro al Metal en pleno ablandamiento de éste por la moda de los teclados y la piel de leopardo. Y mejor que piel de bestia, bestia entera, y a todos los extremófilos del Metal más pesado les vendrá bien esta lección de tralla que impartió Razor en pleno ecuador de los ’80. Degusten su legado a altos decibelios, pero cuidado con las cervicales.

Stace McLaren - Voz
Dave Carlo - Guitarras
Mike Campagnolo - Bajo
Mike Embro - Batería

Sello
Attic Records