Narco - Alita de Mosca

Enviado por punhal el Lun, 18/03/2013 - 03:12
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1_Intro - 1:28
2_Soy el Narco - 3:52
3_Sotánico - 3:01
4_Son Ellos - 4:24
5_La última cena - 4:36
6_Estrellas en el pecho - 4:18
[7_Julio César Chaves - 4:26]
8_Dame Veneno - 4:02
9_Exorcismos Caseros - 2:59
10_Intro - 1:12
11_La Hermandad de los Muertos - 4:40
12_Pa los restos y un día - 3:59
13_El hombre que susurraba a los camellos - 1:05
14_Mi negocio - 7:16
[15_Gusano tabernero - 3:03]
[16_Hace Falta Una Guerra - 4:01]

Los grados y motivos de identificación son inescrutables. Narco es una banda de mala gente, si nos atenemos a una definición estricta en lo políticamente correcto. Se definen de igual modo si nos atenemos a lo correcto, simplemente, lo cual no puede sino alegrarnos, pues aquí lo de la mala gente nos va. Nos identificamos con la mala gente, no nos engañemos. ¿Qué nos tienen que contar esta banda de maleantes? Muchas cosas; demasiadas. Su día a día alegra nuestro día a día. Su día a día repleto de hechos que nuestra madre nos tacha de malignos cuando nos ve, a la hora de comer. Entre palada y palada. “No te drogues, hijo.” Y nos drogamos. “No bebas, hijo.” Y bebemos. “No hagas el mal, hijo.” Y lo hacemos. Narco se ocupan de darnos unas clases avanzadas para resolver con mayor acierto nuestras desobediencias.

Formados en el barrio de La Macarena, en Sevilla, su historia en su etapa gloriosa, que un servidor coloca como punto culminante en el adusto “Talego Pon Pon”, ya está muy contada, pues son una de las bandas bandera de la escena metalera y/o rockera española. Al llegar a este “Alita de Mosca” del año 2010 nos tenemos que retrotraer a unos años atrás, pocos, para arrancar la presentación con el motivo de su disolución en el año 2004. Al sacar el correcto “Registro de Peinados y Rebeldes” se generó una agria polémica debido a la inclusión de un videojuego llamado Matanza Cofrade, con unos objetivos para pasar las pantallas más que evidentes. Los capillistas de Sevilla denunciaron a la banda y la justicia los amparó, siendo la primera vez que Narco recibía un varapalo legal. Se retiraron sus discos y se cerró su web. Aunque salieron absueltos, finalmente, este hecho sumió al grupo en problemas anímicos y de confianza, abandonando el proyecto en 2005. Una verdadera pena, todo hay que decirlo, más allá de las creencias y opiniones de cada uno. Ya se sabe que en este Estado se te permite jugar con fuego, pero no se te avisa de cuando ya te has quemado lo suficiente.

Pasaría un tiempo hasta que en el 2008 el frontman Vikingo M.D. anunciara una gira de reunión, con un recopilatorio bajo el brazo y con alguna que otra novedad. En entrevistas de esa época se puede apreciar el buen rollo que se respiraba, de nuevo, en la banda, por lo que suponer un regreso y volver a consolidarse no se veía como imposible. Así es como deciden sacar un nuevo disco de estudio, el que aquí presentamos. Importante es el trueque en las voces, pues Chato Chungo, miembro original y carismático del dúo de cabeza, cede su puesto, y con su propia aprobación, a Distorsión Morales. Chato tiene ciertos problemas con la justicia y no podía hacerse cargo de todas las obligaciones que supone ser parte íntegra de la banda, por lo que escogió a un sucesor de la escena sevillana; el que el mismo consideró adecuado. El señor Chungo fue el principal participe de la vuelta a la romería de Narco; siendo colegas de barrio, se encargó de reunirlos a todos para darle caña de nuevo al tema. Por otra parte, para los escépticos o conservadores, decir que este transcendental cambio de formación apenas afecta a nuestra tradicional perspectiva de Narco, siendo habitual, para ilustrar, que las diferencias, que alguna hay, entre una etapa u otra no signifiquen apenas giros bruscos de estilo; un servidor se mete “Tu Dios de Madera” tras un buen “Sotánico” y la alegría me abraza a partes iguales y sin remordimientos.

¿Quienes son esas simpáticas potrillas diciendo tamaña sarta de gilipolleces? Pues unas amigas de Satán...; no, de Tokio Hotel (creo), que dejaron el escabroso documento que abre “Alita de Mosca”. Pobres, son humanas y no piensan; una lástima. Narco nos pone en situación. Quieren que odiemos y esta “Intro” nos pone el sentimiento en las manos con un lacito. Para los curiosos, atención a la muchacha que dice que cogió un boli y se hizo sangre, pues a poco que trabajemos en ella la tenemos escuchando a Mayhem. En fin, vamos, que nos vamos. La segunda pista es un recordatorio: “Soy el Narco”. Ritmos rápidos, precisos, machacones, robustos, marcados, claros, al toque y gol. Lo que nos gusta, vamos. Estructuras compositivas que solo dejan concesión a la rareza en solos de guitarras, o al scratch. Estribillos que se pegan como el borracho a la barra, como la coca a la nariz, y unas estrofas que son joyita sí, joyita también. Muy adictivo. En este primer tema dejan clarísimo lo que va a haber; y más con el final del mismo, dónde el mensaje de Vikingo es claro: ustedes vienen a lo que vienen, como pasen de aquí se atienen a las consecuencias, así que avisados quedan. Palabrita del niño Jesús. Las letras, para muestra un botón: “cuatro esquinitas tiene mi cama, cuatro sicarios que me la guardan.” Así da gusto. Para toda la familia, amigos. O bueno, mejor: para todos los amigos, familia. Cualquier pandilla con un poquito de clase tienen a Narco como un referente para pasárselo bien. Es así. Que no les engañen. Narco es la apuesta ganadora. Las tardes mueren mejor con Narco de fondo. Se lo digo por propia experiencia.

Llega “Sotánico”, con ese riff de bienvenida tan molón. Historia, porque gran parte de las canciones son, ciertamente, historias que narran sucesos de todo tipo (drogas, satanismo, vandalismo, hedonismo macabro...), que nos atrapa cual cuento de Poe. Tienen magia, los cabrones. Es que engancha; a cada escucha te lo cantas mejor. “Son Ellos” nos narra la realidad sevillana del narcotráfico, pues resulta que la droga está más repartida de lo que se suele pensar. “¿Dónde están los cien kilos de mierda?” se repite en un estribillo, que de nuevo, atrapa. Introducen varias pistas habladas, un recurso muy bien usado por los de La Macarena, que adornan perfectamente el conjunto; en este caso una primera parte con una noticia de informativo sobre el tema que se desarrolla en la canción, y declaraciones varias de miembros de las fuerzas de seguridad puestas por el medio. La atmósfera complementa la actitud del grupo; refiriéndome a esa sensación de honestidad que trasmiten. Cualquier cosa que me digan, cualquier barbaridad, que son muchas, me la creo. Eso es lo importante, al fin y al cabo. Y si se pasan de fantasmas, me lo tomo con humor.

“La Última Cena” y “Estrella en el Pecho” tratan la religión y el comunismo bajo el filtro esperado. Cumplen. “Dame Veneno” se asoma tras ellas, grandiosa, como un clásico. Ese señor entrañable diciendo lo mal que se vive en algún sitio del sur, esa entrada a percusión, y ese riff que explota con más gracia que la mitad de la discografía de algún grupo que yo me sé... Vikingo aparece a saco y, ¡pum! Temazo al canto. Demostrando raíces. Se lo pongo a mi madre en la comida mientras le explico que bebo y me perdona. Vamos, que la cancioncilla alegra a un muerto. Ese intermedio hablando del “polvo marrón” entra en el inconsciente de todo aquel que lo escuche y queda allí hasta los fines. Incluso se le pueden echar unos bailes y todo. Desfase total. No nos hemos recuperado del éxtasis -estando bajo efectos de cosas raras “Dame Veneno” es garantía de comunión espiritual con tus acompañantes- y se oye: “¡Sácalo!¡Sácalo!¡Sácalo!” Resulta que hay un demonio en el interior de alguien, y hay que sacarlo. De ahí los gritos. Pues al lío. "Exorcismos Caseros". Pepinazo curioso, el que no cante el estribillo y no patalee con las estrofas llenas de macabras ocurrencias necesita un exorcismo. O dos.

Encaramos la recta final con una nueva “Intro” que nos prepara para el tema central del álbum, “La Hermandad de los Muertos”. Los malpensados creemos que hay cierto guiño al conflicto religioso que tuvieron nuestros amigos años atrás. El hecho es que, de nuevo, Narco sale triunfante. Ahora que llega la Semana Santa este tema viene al dedillo. No conozco la realidad andaluza en estas fechas, que debe ser intensa en cuanto a lo espiritual y católico, supongo; Narco aproxima una versión de la misma con zombies mutantes. Una procesión macabra producto de una alucinación por exceso de droga. Interesante. Desde luego, quedar indiferente es imposible.

“Pa los Restos y Un día” convence, aunque se esconda entre tanta caña previa. Es cuestión de darle unas escuchas. “El Hombre que Susurraba a los Caballos” es una conversación telefónica entre un narco y su cliente, no tiene desperdicio. Con humor negro las risas están aseguradas. Se enlaza, a continuación, “Mi Negocio” para dar carpetazo a un disco imprescindible en el panorama español. Narco, pues, volvió y triunfó.

A poco que se disfrute de la temática gore y de serie B uno va a entretenerse como un enano; a poco que se tenga una vida movidita uno se identifica a la primera con esas historias entre cercanas e increíbles. En definitiva, un disco para pasárselo bien. Sin transcendencias intelectuales. Para y por colegas.

[En una edición especial de 2000 copias se incluyen tres nuevos temas: el primero dedicado a un boxeador mexicano homónimo al track en cuestión, y otras dos que clausuran el disco, continuando la temática expuesta en la versión normal, destacando un último "Hace Falta Una Guerra" bastante contundente].

Vikingo M.D - voz
Distorsión Morales - voz
Díaz - guitarra
Amnésico - bajo
Abogado del Diablo - DJ
Manipulador - batería

Sello
Maldito Records