Fight - War Of Words

Enviado por Cuericaeno el Mié, 08/10/2008 - 16:57
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1. Into The Pit - 4:13
2. Nailed To The Gun - 3:38
3. Life In Black - 4:34
4. Immortal Sin - 4:39
5. War Of Words - 4:29
6. Laid To Rest - 4:40
7. For All Eternity - 4:42
8. Little Crazy - 3:49
9. Contortion - 4:35
10. Kill It - 3:30
11. Vicious - 3:11
12. Reality, A New Beginning incluyendo Jesus Saves como tema oculto - 13:18

Después de 20 años al frente de Judas Priest, Rob Halford decidió emprender su carrera en solitario. Llevándose consigo a Scott Travis, batería de Priest, y reclutando a un buen elenco de músicos, formó su propio proyecto, llamado Fight, sumándose en música y estética a las nuevas corrientes que nutrieron al género, aquel Groove Metal que pocos años antes concibieron los tejanos Pantera. Mientras en Judas Priest unos hacían sus proyectos en solitario y otros quedaban en standby hasta nueva orden y mejor época, Fight debutó en la escena con un primer álbum llamado War Of Words.

Todas las canciones fueron íntegramente compuestas por Halford, desvelándose así el porcentaje de genialidad que aportaba en Priest, pues tanto la calidad como versatilidad que se notan en las canciones van más allá de la mera influencia por aquel nuevo Metal que se hacía sitio, esbozando diferentes atmósferas que se respiran en el álbum, unas más clásicas, otras más modernas y otras que emprenden rumbo hacia nuevos horizontes con la misma inquietud e inventiva que la banda británica de la que Rob fue voz.

En ese reclutamiento de músicos, el ex-Priest acertó de pleno, tanto con ese ya conocido Scott Travis, que demostraba una vez más su creatividad y contundencia en el doble bombo, como con los guitarristas Russ Parrish y Brian Tilse, que ornamentaron el trabajo con sólidos riffs e inspiradísimos solos, adaptándose a las diferentes estructuras que exigían las nuevas canciones, 12 piezas de alta talla…

Un terremoto de presto y firme pulso imprime Scott Travis con sus pedales en Into The Pit, marcando ruta a las gruesas guitarras de Russ y Brian para después Halford rasgar el grueso y oscuro manto de la música con sus poderosos agudos, como una hiriente luz que destella desde lo lejos a través de un ambiente opresivo de gran turbulencia. El corpulento avance de este tema es implacable, siendo este coloso el perfecto prefacio para esta declaración de intenciones de Halford y aquella, su nueva banda. Los solos, muy progresivos a la vez que thrashers, son lo que más suelto y elástico se desenvuelve en este compacto bloque de suma tralla.

Desafiante esa áspera y aguerrida actitud de Nailed To The Gun, y ese riff base que con tanto desdén nos convulsiona, con su seductor a la vez que salvaje dinamismo, agitándonos con esas vacilonas notas ligadas que escapan entre el masticar de enmudecidos bordones de tan afiladas guitarras, todo ello con un ritmo muy marcado. Un riff que aunque se apodera de casi todo el metraje del corte no se hace pesado, siendo un bucle cómodo a la vez que apabullante, uno de los riffs más efectivos y adictivos que he vivido, ya que éste no se escucha, se vive, y si encima su empuje es suplementado por el que da Halford en esas venenosas estrofas, pues ya se convierte en una delicatessen de la tralla, minimalista en formas pero profunda en carácter, pues tras el fuerte pisar de su rudo desfile de headbanging, nos sorprende con un sentido puente a los solos, donde Rob entona los acordes sueltos con sentimiento pero sin abandonar su aspereza, hasta que remata con un grito del que ya nace el segundo duelo de hachas de Parrish y Tilse. Un tema sencillo pero memorable por su garra.

Life In Black brota de la densa raíz de Black Sabbath, despertando un tema de tenue halo y calmo paso donde Rob deja resbalar suavemente su texto sobre las guitarras, mientras éstas adornan de vez en cuando el corte con sus punteos bluesy. Una canción que va ganando intensidad sin alterar su tempo ni atmósfera, con un Halford cada vez más enérgico e inventivo en los estribillos, como hiciera Robert Plant en sus directos con Zeppelin, afilando y enrevesando su voz cada vez más hasta culminar el corte. Una oscura tentación de vieja escuela.

Ese inconfundible deje rockero de Halford vuelve a hacer acto de presencia en Immortal Sin, pero esta vez con una rastrera aspereza que penetra lentamente a cuchillo en nosotros, custodiado por duras guitarras de corte más moderno pero que no sacrifican el ambiente de Rock clásico que desborda el tema, como un The Green Manalishi esta vez de propia firma y con un estribillo que marca gran contraste con el oscuro verso, muy sentido y acompañado de acústicas. Otro gran mandamiento de este dodecálogo del nuevo y viejo Metal.

Después de dos manifestaciones seguidas de clasicismo, vuelve el Groove Metal con el tema-título. War Of Words sigue las premisas de esa trasgresión sonora de la época con cierto aire Hardcore en su proceder, eliminando Rob cualquier signo de melodía en su voz para defender la canción con la saña y acidez que corresponde.

En Laid To Rest nos topamos con el primer signo de gran innovación en las composiciones de Halford, un tema con una ecualización de guitarras muy etérea que casa perfectamente con los registros arabescos del británico, mostrando éste unos quiebros, unas trayectorias que refuerzan aún más la convicción de muchos respecto a la altura que tiene Rob como cantante, uno de los más grandes y versátiles de la historia del Rock. Una canción de gran misticismo que fue semilla de aquel Sun que naciera nueve años después con Crucible, presentado ya aquel trabajo bajo el nombre de Halford.

Y en el séptimo tema hay que lanzar oraciones de agradecimiento al olimpo del Metal, pues es un tema como sacado del mismo cofre secreto del que salieran casi una década después piezas como Prisoner Of Your Eyes o Living Bad Dreams de Judas Priest. For All Eternity es una balada que desde primera escucha se queda en nosotros ‘para toda la eternidad’, latiendo en ella la misma magia de aquellas reliquias, aquellas joyas ocultas de un cofre enterrado por décadas. Esta power ballad se mantiene tierna en el verso entre guitarras acústicas para después crecer en el estribillo con las eléctricas, vieja fórmula pero siempre efectiva si se le da buen uso, el uso que viene a darle un genio. Pero cuando más intensidad cobra la balada es en ese pasional puente al solo, interpretado con una línea vocal sublime, muy emotiva, como la de aquel puente del ya mencionado Prisoner Of Your Eyes.

Con el solo no se echa en falta para nada a ninguno de los dos ases Tipton y Downing, pues se revuelve, se estremece con un racimo de matices y ligados de gran sentimiento y logrado acabado y ejecución, revolviéndose con más ímpetu en su desenlace para derramar su último gemido sobre ese puente cantado que vuelve aparecer. Ya con los últimos estribillos, el Rey de Octavas vuelve a ser tirado sobre el tapete, deleitándonos un Halford aún pletórico en altas tesituras, recién salido de su magistral labor en Painkiller. Si se hubiera podido capturar su juventud y retenerla hasta nuestros días… pero hasta los dioses de la música tienen su parte humana.

Otro cariz completamente diferente toma el siguiente tema, un Little Crazy que pareció zarpar de las orillas del Mississippi, un Rock de americano ademán que muy vivaz e inimitable representa Halford pese a ser británico, adaptando ese viejo folklore rockero a su propia y más alocada faceta, cual Devil’s Child más modernizado y americanizado, que se muestra gamberro a la vez que elegante. Esos grititos finales en alguna que otra frase, esos remates de cada palabra, ese arrastre de las sílabas, esos trabalenguas que apuran la métrica… es Rob Halford, aquél cuya grandeza invicta no sólo la defienden sus clásicos gritos, sino mil cosas más. Esa voz camaleónica que pese a ser tal, no deja de ser su timbre inconfundible… e insuperable.

La tralla vuelve, y en tres ataques bien parecidos, llamados Contorsion, Kill It y Vicious, mostrándose en este último, en su verso, la mecánica que iba a tomar en líneas vocales Halford en aquel posterior proyecto Industrial llamado Two, con el que Rob tomaría de ingeniero a Trent Reznor, alma creativa de Nine Inch Nails. Salvo esa apreciación, estos tres temas se desenvuelven de misma forma, salvajes riffs de nueva escuela impulsados por guturales estribillos de ritmo muy marcado, como queriendo recuperar de una sentada la línea general que se quería dar al disco, después de tantos guiños diferentes, recolectando frutos de aquí y allá sobre las ramas de ese árbol genealógico del Rock. Un bello collage sonoro sobre la historia del género que Rob Halford, instintivamente, no se podía resistir a crear, viniendo de donde venía, de la banda que escribió disco a disco capítulos esenciales en la biografía del Metal.

Con Reality, A New Beginning se vuelve a innovar en ambientes, volviendo esa atmósfera como evanescente y misteriosa, de potente reverb en su estribillo, pero notándose de nuevo en su verso, como en Vicious, el embrión de Two, aunque en líneas generales, tanto en este tema como en Lead To Rest, quedaba cultivado un espíritu que resurgiría en 2002 con el infravalorado y magistral Crucible.

Esta pista número 12 esconde tras el largo silencio que deja Reality un tema oculto, llamado Jesus Saves, una canción bizarra, de extraña producción, muy confusa, en la que Rob canta a dos voces, pero con la particularidad de que la segunda voz está tratada por el clásico efecto ’helio’, que digamos, ‘pitufa’ la voz como si hubieras tomado una bocanada de ese gas noble. Curiosa sorpresa nos guarda el disco, un álbum que sirvió para muchas cosas, una de ellas era descubrir cuán importante era Halford como miembro del equipo compositivo de Judas Priest, sacándole de su seno a ver cómo se las arreglaba sólo, con óptimos resultados; y otra para que este artista reordenara sus ideas para con más convicción y fuerza volver al estilo y banda que lo vio crecer como lo que es, un icono, un arquetipo modélico que reúne la mayoría de la esencia que define a la escena…

… Un Dios del Metal.

Rob Halford - Voz
Russ Parrish - Guitarra
Brian Tilse - Guitarra y teclados
Jay Jay - Bajo
Scott Travis - Batería

Sello
Epic