Tigres - Listos para el Asalto

Enviado por El Marqués el Mié, 11/04/2012 - 16:56
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1. Intro/El Exterminador
2. No me Rindo
3. No Hay Segunda Vez
4. London Woman
5. Listos para el Asalto
6. Vive Libre
7. Tigres de Oro
8. Metal

Leía el otro día al Voivoda de Palmete, fundador y alma mater de los legendarios Azotäiner, confesar que en tiempos de escasez, unos quince años atrás, a la hora de seleccionar, daba prioridad a los grupos extranjeros por encima de los nacionales. Nada que objetar, puesto que yo suelo hacer siempre lo mismo. No era un asunto que me causara excesivos problemas de conciencia en 1997, ni lo hace en 2012, pese al respeto y admiración que profeso a todo aquel que se atreve a colgarse un instrumento para tocar Rock&Roll en este país. Y el Rock&Roll, por lo que a mi respecta, abarca desde Gene Vincent a Obituary.

Pero en 1985 esa elección me dolía. Porque podías perderte grandes cosas si dabas la espalda al Metal nacional. Los mejores estaban en Birmingham y Londres, si; en la Costa Oeste, Detroit o la Bahía de San Francisco; en Canadá, Japón, Alemania o Suecia. También, con las cabezas tan altas como un grupo de suricatas, en la Península Ibérica, y los barceloneses Tigres, autores de uno de los mejores discos de Heavy Metal europeo de aquella década, son el ejemplo perfecto.

Formados hacia 1982, el line-up original estaba compuesto por Pedro Bruque al bajo y Albert Pont a la guitarra, junto al batería David Biosca y José Antonio Manzano, carismático frontman que daría mucho que hablar en los siguientes años en las escenas nacional y europea.

Inicialmente llamados Tigres de Metal, cambiarán a Tigres de Oro, y adquirirán fama por su excelente imagen, su potente directo, y su arsenal de canciones de urgente y rabioso Heavy Metal, que les llevará a telonear en sus visitas a España a los Motörhead de “Another Perfect Day” y a los Saxon de “Power and the Glory”.

Pese al incipiente éxito, pasa el tiempo y no consiguen el ansiado contrato discográfico que les permita debutar y codearse con la élite del Metal hispano. El hecho de residir en Barcelona, a 600 kilómetros de Madrid, donde se concentra la escena –Barón Rojo, Ñu, Obús, Santa, Panzer, Sobredosis, Leño, Asfalto, llevan tiempo funcionando en el foro- es una dificultad añadida. Hoy día se necesitan dos segundos para enviar por mail un enlace lleno de canciones desde un punto a otro del Globo Terráqueo, pero ya sabéis que en cuestión tecnológica remontarse a los primeros 80 equivale a situarse en la Edad de Piedra.

Serán precisamente dos músicos madrileños, Tibu y Salvador Domínguez, de Banzai, quienes pongan a prueba la estabilidad del grupo. Salva es amigo de Manzano desde tiempo atrás, y le llama para sustituir a Valentín del Moral, alias “El Chino”, quien pusiera su voz al inolvidable “Banzai”.

El Coverdale español, como muchas veces se ha considerado a Manzano por su presencia e imponente voz, se verá entonces en una encrucijada: Aprecia y sabe de la valía de sus compañeros, de hecho intentará convencer a Salvador para que se los lleve a todos a Banzai, pero Tigres de Oro siguen sin contrato, mientras que Banzai preparan ya su segundo disco, el también clásico “Duro y Potente”.

Finalmente, David Biosca acompañará al vocalista a la capital, dejando en la estacada a Albert Pont y a un Pedro Bruque, el cerebro y motor, nuestro particular Steve Harris, que tardará años en volver a dirigir la palabra a José Antonio Manzano. Pero Bruque y Pont son dos heavies de los pies a la cabeza, y todos sabemos que eso proporciona un armazón especial ante las dificultades, así que reclutan al batería Paco Estrader, y a un nuevo cantante que, paradójicamente, había militado en los propios Banzai antes que el Chino.

Jimmy Reitz mejorará incluso al grupo en cuestión de imagen con su aspecto y movimientos escénicos heredados de David Lee Roth, y Albert Pont se inspirará a su vez en Eddie Van Halen, luciendo diseños de guitarras similares a las míticas Fender o Kramer con rayas de colores del guitarrista holandés.

Con semejantes maestros, con el rodaje adquirido, no se van a permitir fracasar. Adquieren el definitivo nombre de Tigres, más sencillo e inmediato, y se lucen abriendo para Helix y KISS en la que fue la primera visita de las Criaturas de la Noche a España, el 16 de octubre de 1983. Conservo crónicas periodísticas de aquel concierto, y se destaca la actuación general y el extenso solo de guitarra que se marcó Albert Pont, mirando de tu a tu a todo un Vinnie Vincent, como hiciera con Brian Robertson y la dupla Oliver/Quinn cuando abrieron para Motörhead y Saxon.

Finalmente, tras tantas experiencias, será RCA quien les financie la grabación de su primer disco, “Listos para el Asalto”, que ve la luz en septiembre de 1984, tal vez el mejor año en la historia del Heavy Metal (“Powerslave”, “Balls to the Wall”, “The Last in Line”, “W.A.S.P.”, “Don´t Break the Oath”, “Hail to England”, “Defenders of the Faith”, “Love at First Sting”, “Yngwie Malmsteen´s Rising Force”, “Crusader”, “Ride the Lightning”…vamos, como para perder el tiempo oyendo moñerías).

Y en mi opinión, el álbum que nos ocupa figura entre los mejores debuts de la historia del Rock español, tan bueno como las primeras entregas de Barón Rojo o Ángeles del Infierno, por momentos incluso mejor.

“El Exterminador” se inicia con una tétrica introducción de minuto y medio que constituye el único instante oscuro de un disco que, pese a la imperfecta producción, signo inequívoco de aquellos tiempos en este país, destaca por el brillo, la fuerza y la frescura de ocho temas fabulosos. Música Heavy sin fisuras, himnos de irresistibles estribillos, la base rítmica que se mete en las venas y te hace saltar como un poseso, una voz más parecida a la de Biff Byford o el mismísimo Halford que a la de Diamond Dave, y solos de guitarra de una incandescencia casi inédita por estos lares. Claro que Albert Pont citaba entre sus influencias, junto a Eddie Van Halen, a Schenker, a Gary Moore y a John Sykes. Tenía mal gusto, vaya.

“No me Rindo” es una perfecta combinación de potencia y melodía, y cuenta con un crescendo vocal entre el minuto 2´43 y el 2´56 clavado al de Dickinson en “Run to the Hills”, uno de los temas mas difíciles de cantar de todos los tiempos, pero el amigo Jimmy lo borda.

“No hay segunda vez”, “Listos para el Asalto”, “Tigres de Oro” –con un final que recuerda esta vez a los Judas de “Riding on the Wind”-, y “Vive Libre”, con su bonito comienzo baladístico, son pura metralla sonora, hostiones en los que la banda parece dejar salir toda la furia acumulada tras los complicados años de aprendizaje.

Y es que este álbum conserva su vigencia y toda su autenticidad. Compararlo con el Heavy Metal que se graba hoy en día me produce el mismo efecto que ver en el cine esas superproducciones históricas que se filman ahora. El despliegue técnico puede abrumarte viendo una peli actual de romanos, o de las grandes guerras del pasado, pero algo chirría porque los cineastas pueden reproducir hasta el más mínimo detalle del día a día en la Antigüedad, pero son incapaces, como es normal, de dar con la mentalidad de aquellos tiempos, y al final lo que tienes es a Orlando Bloom haciendo de caballero cruzado, o a Brad Pitt de guerrero Aquiles en la Guerra de Troya, muy bien caracterizados pero moviéndose, actuando y pensando como se hace en el siglo XXI.

“Listos para el Asalto”, por el contrario, encierra la magia, la ferocidad y la urgencia de los días en que el Heavy era algo clandestino, mal visto y casi prohibido.

Interesante la inclusión de un tema cantado en inglés, “London Woman”, que demuestra lo afiladas que tenían las garras estos Tigres, que planeaban lanzarse a la conquista del mercado anglosajón, allí donde los Barones no habían llegado a cuajar, pese a actuar en el Festival de Reading y registrar todo el “Volumen Brutal” en la lengua de Dickens.

Para el final he dejado el trallazo que cierra y pone un broche de diamantes a este trabajo, “Metal”, una de las mejores canciones que se han grabado dentro y fuera de este país. “Metal”, si, “Metal”, así de sencillo, el “METAAAAAAAAAAAAL” original ese que tanto nos gusta por aquí; escuchad al voceras Reitz berreando esta bendita palabra como si le estuvieran arrancando la piel a tiras una docena de veces, y entonces si, queridos hermanos, entonces podréis ingresar en la Sagrada Orden del Martillo de Thor, el Imperio del Cuero y los Cinturones de Balas. Ahora si. Ahora habréis completado todos los ritos de iniciación. Que os creíais que terminaban con asimilar “War and Pain” y “Haunting the Chapel”. Ahora hablaremos todos el mismo idioma.

Curiosamente los posteriores directos del grupo en Madrid no terminaron de convencer a la crítica, volvemos a hablar de tiempos en que la infraestructura para los conciertos era muy escasa, había que aprovechar todas las oportunidades, y un mal pase en una fecha determinada podía pesar como una losa y poner en entredicho la reputación conseguida tras duros años de trabajo. No ocurría lo mismo en el exterior, y en una incursión a tierras británicas todo un John Sloman, ex vocalista de Uriah Heep, que había girado con Gary Moore en el tour de “Corridors of Power” –ahí es nada-, llegó a subir al escenario a cantar con ellos. Conservo también una revista con la reseña de aquel concierto, donde se dio un sobresaliente a Pont, Bruque y Jimmy, y se suspendió al drummer Paco Estrader. Claro que los motivos eran importantes, el cronista venía a decir: “Un diez para los chicos de Tigres, excepto para el batería, al que ponemos un cero porque, estando en Inglaterra, es el único que se fue a dormir con una española”. Y Olé, que añade el Marqués.

Los siguientes pasos del cuarteto parecían apuntar en la dirección adecuada: Para el segundo disco, que se grabaría enteramente en inglés, iban a disponer de los estudios Mediterráneo en Ibiza, prestigiosa Maternidad que había alumbrado la llegada al mundo de, por ejemplo, la trilogía Point of Entry/Screaming/Defenders de Judas. Para ir abriendo boca se publicó en 1986 un mini Lp con cuatro canciones, “Víctimas del Rock”, en las que el grupo demostraba seguir en muy buena forma, pero, por diversas razones, las cosas comenzaron a torcerse.

La crítica seguía siendo escéptica, tal vez se habían generado en torno al grupo excesivas expectativas al considerarles la gran esperanza del Metal español en el extranjero. Repito que ni Barón Rojo, ni los Niágara de “Now or Never” después, con su Heavy melódico cantado en inglés, consiguieron asentarse en el mercado internacional.

El idealista y bien intencionado Pedro Bruque se involucró en su proyecto “El Heavy no es Violencia”, y los rumores de separación se dispararon. Sea como fuere, “Take it All”, el nuevo disco, editado en 1988, pasó desapercibido y nos quedamos sin Tigres.

A principios de los noventa, José Antonio Manzano, tras haber grabado una serie de discos tras la disolución de Banzai con el grupo Zero y en solitario, se reunió de nuevo con Bruque, Albert Pont y David Biosca, y se planteó la reactivación de Tigres. El vocalista recibió entonces la oferta de unirse al grupo suizo Emergency, y los planes se fueron por el sumidero. Marcado por un estigma maldito hasta el final –y decían que los gafes eran Panzer-, Pedro Bruque falleció por un tumor cerebral en 1992, no sin antes ganarse un sitio con todos los honores en la historia de nuestro Rock, como voy a tratar en la siguiente reseña.

Achille “Jimmy” Reitz: Voz
Albert Pont: Guitarras
Pedro Bruque: Bajo
Paco Estrader: Batería

Sello
RCA