Stone Temple Pilots - Stone Temple Pilots (2018)

Enviado por Heartbolt el Sáb, 13/04/2019 - 20:02
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1. Middle of Nowhere
2. Guilty
3. Meadow
4. Just a Little Lie
5. Six Eight
6. Thought She'd Be Mine
7. Roll Me Under
8. Never Enough
9. The Art of Letting Go
10. Finest Hour
11. Good Shoes
12. Red & Blues

Yo crecí en una era, al igual que muchos de ustedes, en que el Rock (sin más sobrenombres o apellidos) significaba nada menos que libertad. Descontrol. La incomprensión entendida entre los amigos de un circuito. Esa agresividad, esas guitarras distorsionadas, esos himnos inteligibles y ese mal olor corporal en todo un garito lleno de desiguales almas… fue la definición más pura y, a mi modo de ver, sabrosa del Rock.

Pero ha pasado su tiempo. Ya las cosas no son lo que fueron, evidentemente. Sin entrar en el debate eterno de “mejores y peores”, sólo agregaría que la nueva manera de entender el Rock se desliga un poco de mucho de lo que nosotros sentimos hace ya décadas.

Lo que nos hace estar aquí.

Sin embargo, aunque muchas de esas figuras ya hayan pasado a mejor vida o vivan en el autocomplaciente ostracismo, todavía quedan esos toreros de la old-school que, valiéndose apenas de lo ganado hace más de 20 años, siguen y siguen como pueden. En las condiciones que puedan. Con lo que tengan en las manos. Con las uñas si es posible.

El mundo tenía que, por narices, evolucionar. Nada será siempre lo mismo. Todos lo sabemos. Pero, cuando hoy menciono la palabra ‘Rock’, siento que algo en mi corazón no se siente cómodo con lo que vocifero. Es como si estuviera lanzando cuatro letras al aire sin mayor sentido que recordar lo que alguna vez fue lo que nos trajo hasta aquí. Y ver lo que ahora hay aquí, producto de aquellas embarcaciones llenas de transeúntes que fuimos recogidos en las calles por la revolución de un sonido, me descoloca muchísimo.

Una mezcla de todo sobre todo. Donde a veces la personalidad de los artistas no intuye más que una repetición de esquemas con la opción de mantenerse en el mercado. No es que haya sido esto una novedad, pero es la costumbre. Alcanzar la cima chupando y chupando de todos lados con el objetivo de presentar algo ciertamente nuevo.

Este mundo lo ha presentado casi todo. Sólo siento que (y aquí me refiero a TODO aspecto de la humanidad), en estos tiempos modernos, lo que alguna vez triunfó en pretéritas ocasiones, ese olorcito Vintage sea envasado, rejuvenecido y remezclado para dar la sensación de adaptarse con el sentimiento moderno. ¿Acaso no lo hemos notado demasiado ya? Mucho remake de películas clásicas, muchos autos de la era del cobre siendo actualizados, series de televisión de los 60’s con nuevos argumentos y, sin que se me olvide, música “antigua” supuestamente redescubriéndose en la era de los táctiles y del internet.

De todo esta mezcla insensata, no podría negar yo que mucha chuchería buena ha salido. El truco básico sobre el que se han mantenido las estrellas del pasado es adaptar su sonido a las nuevas tendencias. Muchas veces con poca experimentación (MOTÖRHEAD, MANOWAR, AC/DC, GRAVE DIGGER, etc.), otras con demasiada, volviéndose casi irreconocibles (ya sabemos cuáles son esas bandas). En resumen, aquí nadie vive de nostalgia. No lo hacen en medicina, no pasaría en el Rock ‘n’ Roll. O Metal. O como quiera llamársele.

Lo que sustenta las bases teóricas, monetarias y sentimentales de bandas como ALICE IN CHAINS y STONE TEMPLE PILOTS (los dos mejores ejemplos), reside específicamente en sus tres primeras producciones. Ambas bandas continuaron con fuerza; la primera por el fallecimiento de Staley, y la otra, aún con el “almighty” Weiland arrastrado (que finalmente encontraría su fallecimiento en el 2015). Nada ha sido lo mismo desde entonces. Y el caso de este último grupo, legendario ya por su presentación sin creencia y constante innovación para sí mismos… bien podríamos hablar de otro conjunto.

Lo que hace a una banda son, como todos sabemos (aunque no reconocemos siempre), las personas que le han dado vida a través del tiempo. Uno reconoce a STONE TEMPLE PILOTS por los cuatro bohemios anti-sistema que tenían muchas cosas bellas sobre las cuales hablar. Pero tras dos hermosos discos, un tercero espectacular y luego una ida y venida de ideas que a lo sumo nos dejaron grandiosos temas (más no discos excepcionalmente recordables), no es lo que caracteriza a estos tres tipos del entorno (sin incluir al nuevo vocalista, Jeff Gutt).

No es que estas cuatro personas se llamen “STONE TEMPLE PILOTS” y eso constituya un crimen de lesa humanidad porque no esté Weiland, sino porque simplemente no tiene absolutamente nada de eso que, al menos a cachorros como yo, enamoró tanto.

Sin embargo aclaro que no es mi intención hundir al barco de estos pilotos por haber seguido la tendencia (que hicieron una vez, claro está, pero con una evolución de infarto) del momento (que no huele, apesta), ni siquiera pienso en hacerlo. Hay vientos diferentes, posturas diferentes, creencias diferentes y, lo más notorio, una dirección diferente.

Creo que es algo que se nota sin problemas desde ver esa portada que intuye que nos encontramos en el 2018. Que la música contenida aquí será tan descifrable como la de las películas. Que Jeff Gutt, que inevitablemente hace recordar a Scott Weiland con desespero, está claro de que era lo que ansiábamos los más acérrimos fanáticos del combo. En fin, ya desde antes de empezar todos estamos preparados para la música del ahora, no obstante, con muchísimo de lo que a la agrupación caracterizó en determinados momentos.

Destacando los sencillos y algunos temas como el que abre este segundo disco autotitulado, aquí tendremos lo mejor de los STONE TEMPLE PILOTS de los 90’s, pero actualizado y pasado por un filtro novedoso. Son esos riffs macizos pero elegantes, la batería que se superpone al primer plano, el bajo inconsciente y las historias del día a día. Digamos, pues, la fórmula aplicada para sus obras más conocidas. Salvo que ahora, aunque todo recuerde a eras pasadas con descaro (aunque, repito, con un tufillo de producción moderna, coros 'dosmileros' y videos llamativos donde se puede apreciar la tecnología del año 2018), nos obligamos a sentarnos para ver otra de las caricaturas prehistóricas siendo rediseñada para agradar a esa juventud que debería comenzarlos a seguir, mas sin embargo aquellos ya padres (que en los noventas lo dieron todo por un Purple, por decir el disco más conocido del repertorio) se sentirían confundidos al indagar en el contenido que lleva por título un nombre que evoca una belleza y una nostalgia de primera. Sé que muchos dirían al ver la portada y oír el primer tema:

Vaya, menuda banda para pre-púberes”.

No todo es criticable en este segundo disco autotitulado (que busca algo así como indicar otro nuevo comienzo, ocho años después), es más, creo que el disco vale lo mismo que demuestra. Un ejercicio de Rock con coros psicodélicos, guitarras saturadas entre guitarras limpias, un 4/4 sempiterno y letras del ahora. Si bien fuera una banda nueva, creo yo que el escándalo por la novedad sería nula, y este CD, que uno como yo podría disfrutar sin problemas (claro, menos lanzado al ruedo al no ver que se tratan de algunos de los héroes de mi vida, echando de menos al poderoso Weiland), bastante poco hubiese resonado. Yo creo que ya dijo que lo que tuvo que haber dicho poco después de su lanzamiento.

Un nuevo comienzo; así hay que planteárselo y olvidarse de todo. Ya no está Weiland, ya no son los 90’s, hay mayor madurez, etc. No obstante, si hablamos de unos nuevos STONE TEMPLE PILOTS a los que le queda bastante por demostrar, comentaría que este primer paso, aunque fue hecho con naturalidad (hay que destacarlo), desentona bastante con todo lo anterior hecho. Mismo caso con FOO FIGHTERS y su evolución en el tiempo. Si esto es a lo que hay que acostumbrarse, pues, no hay ningún problema. Cada quien lo aceptará a su manera, o no lo hará. Por mi parte, esperaría una banda más libertina y desapegada de las corrientes modernas, aunque parezca muy inmersa en ellas. Nada que haga destacar al combo por encima de otros, y poco que entender para valorar al producto original.

Pero, como expliqué al inicio, el Rock de ahora, el que está en las radios todo el día y toda la noche, aunque sea producido por quienes establecieron la ruta de la victoria hace años, suena así como este disco: a un pasado bien modificado.

Y todavía, creo yo, es disfrutable si pensamos sólo en que cada quien hace lo que se le da la gana, sin tener que complacer a más nadie que a ellos mismos. Es la manera más fácil de sintetizarlo.

Nada nuevo, mucho del pasado, riffs agradables, coros enérgicos, desgaste en algunas entradas… todo ha sido dicho. Pese a eso, lo recomiendo como el más claro ejemplo de la victoria del sistema por encima del arte, sobre todo en este medio. Rockea… ¡claro que rockea! Pero no me hace batirme como antes. Y creo que es lo que he visto en mucho de mis compañeros contemporáneos.

Si lo que viene es más arriesgado… felicitaciones. Si será más de lo mismo, con los mismos elementos que alguna vez enseñaron como almas máter, adelante. La conclusión es que, prepárate, esto no es lo que nos cambió la vida hace años.

Para nada.

Aunque si rockea... rockea.

Claro está.

Jeff Gutt - Voz.
Dean DeLeo - Guitarra.
Robert DeLeo - Bajo.
Eric Krezt - Batería y Percusión.

Sello
Rhino