Soundgarden - Motorvision

Enviado por TenzaZangetsu el Vie, 27/06/2014 - 15:31
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Discúlpenme la expresión, colegas lectores, pero debo decir esto sin tapujos: si no eres bueno en el escenario, no vales un coño. Así de simple. Nadie podrá hacerme cambiar de opinión en ese aspecto. Soy un necio absoluto con ciertos tópicos.

¿Por qué inicio la reseña con semejante declaración? Porque soy un aficionado al 100% de los directos de bandas de Rock y Metal. Los adoro y siempre han sido esa característica que ha separado a los grupos que sólo me gustan y aquellos de los que me considero seguidor. Para mí, una agrupación debe saber manejarse sobre un escenario y hacer la encomiable gesta de que su música suene aún mejor en directo. Si no tienes eso… no me molestaré en comprarme una camiseta de ellos, colega.

En plenitud de los bizarros y controversiales 90s, Soundgarden, una de las bandas más fascinantes e intrépidas de los últimos tiempos, vivía una era muy dulce si nos enfocamos en aspectos artísticos y comerciales. Con cada álbum que habían publicado desde sus comienzos en el estertor de los 80s, la banda de Chris Cornell y Kim Thayil iba en un ascenso meteórico y ya estaban a punto de convertirse en uno de los entes más respetados del susodicho movimiento Grunge. Ultramega OK y Loud Love fueron dos muy buenos álbumes que mezclaban de manera rica y fascinante los diversos matices del Rock, Punk y Metal para crear algo realmente fresco y original. ¿Quién podía resistirse a esos mastodónticos riffs de Kim Thayil? ¿O a las inhumanas y camaleónicas vocales del gran Chris Cornell? Con estos dos cracks enfrente –sin desmeritar la labor de la base rítmica de Cameron y Shepherd-, la banda oriunda de Seattle tenía fundamentos más que sólidos para ser considerados como una de las grandes agrupaciones de los 90s. En el inicio de la década publicaron una de sus máximas joyas -¿tal vez la mejor?- en la forma de Badmotorfinger en 1991, constituyendo temazos de la factura de Jesus Christ Pose, Room A Thousand Years Wide, Rusty Cage o Slaves & Bulldozers que rápidamente serían clásicos de la banda. El combo había conseguido su sonido y ahora el mundo estaba a su servicio. Iban a por todas.

¿Cuál era el siguiente paso? Publicar un Live de lo más gozador y disfrutable para los aficionados y para aquellos que quieran conocer al grupo. No hay como conocer a un grupazo en su hábitat natural –en las junglas de los escenarios donde todo queda al descubierto y podemos vislumbrar la verdadera calidad del músico que tanto hemos venerado en álbum. Leyendas de nuestra música como Deep Purple o KISS supieron cimentar su estupendo legado musical en tremendos directos que demostraban que ellos no eran ninguna tontería –ellos eran el real deal. Soundgarden habían aparecido para voltear mesas; sorprender a propios y a extraños; demostrar que no hay que verse como una prostituta de mala muerte para ganar adeptos y ser grandes.

Y es que todo el mundo musical –al menos el rockero- caía ante la música de estos cuatro señores. Un grupo que, tal vez, tuvo la mala fortuna de ser etiquetado en un movimiento musical –el Grunge- que, francamente, les quedó pequeño. La musicalidad de Soundgarden abarca demasiado terreno para ser considerados una banda al uso. Ellos eran algo especial. Y es una lástima que sean conocidos por el tema Black Hole Sun y poco más cuando este grupazo son mucho pero mucho más que eso. ¿No me creen? Perfecto, señores. Yo no voy a convencer a nadie aquí. Dejemos que sea la banda la que demuestre su valía. Si son tan buenos, no hay necesidad de enaltecerlos en demasía, ¿verdad? Pues vamos a la batalla, colegas; Cornell y sus muchachos estaban armados hasta los dientes: era tiempo de matar.

El video comienza y ya podemos ver que el recinto es una caldera de agua hirviente; el público ya está excitado y quiere ver a su banda. Luego de una introducción algo bizarra, tiran del matador Searching With My Good Eye Closed de su nuevo álbum –de ese entonces- para incendiar aún más al público. Lastimosamente, la forma en la que fue grabado el concierto evita que podamos contemplar de muy buena forma la manera en la que están tocando porque está filmado como si fuera un video musical, pero eso es un mal menor. Thayil y Cameron se salen: el primero con esa muralla de riffs pesados y el segundo –con su peinado tan pero tan noventero- con algunas partes notables en la batería. ¿Y qué decir de Chris Cornell? Pues que el hombre ya iba en plan Dios rockero mujeriego estilo noventero (lo que debió haber follado este hombre por esos años, ufff….) y gastándose una voz con la que podía hacer lo que le viniera en gana. Aquí suena con su estilo más clásico; ese deje cuasi Soul y apasionado que engancha de una hasta soltar un par de excelentes agudos al final de la canción. Luego de la canción, hay un breve interludio donde hablan de los inicios de la banda en la escena Punk de Seattle y cómo la desafió la idiosincrasia del género al sonar más lentos y densos que la mayoría. Pero nosotros vinimos por la música y eso puede arruinar el disfrute del concierto.

Entre tanta gente subiendo y saltando del escenario –pasa cada cinco segundos-, Cornell se pone la guitarra y dan inicio a un guiño de su origen más Punk en la forma de Rusty Cage. Pura tralla Badmotorfinger, carajo. Un tema ágil y directo que dan rienda suelta al Cameron más avasallador y a un Cornell pletórico en las vocales. Aunque Soundgarden siempre han sido famosos por su sonido lento y mastodóntico a lo Black Sabbath, soy fanático de cuando pisan el acelerador y se dejan llevar. Porque eso es implica más energía y éste Motorvision destila energía hasta la saciedad. Suenan precisos y atronadores; así sí provoca verlos ganarse el trono, hombre. Lo están dando todo los ‘joputas.

Con un leve guiño Sabbath en la guitarra y un Cornell en estado de gracia, Outshined continua las festividades. No es de mis canciones predilectas de la agrupación, pero es más que aceptable y la performance es magistral. Tirando de aquel entrañable EP de sus comienzos, Screaming Life, que salió en pleno auge del Hard Rock más ochentero (1987), con Little Joe, es bastante claro lo alejados que estos señores estaban de las demás corrientes de esos años. Chris empuña su guitarra y con Thayil emplean melodías más animadas en comparación a las más “clásicas” de Soundgarden mientras que el melenudo vocalista entona en su registro más alto y peculiar. Al final, gana musculo la canción y nos encontramos con algo más acorde a los lineamientos musicales del combo. Nada mal, nada mal.

Cornell, como estrella total del concierto, inicia con su guitarra las notas de Mind Riot del álbum que estaban promoviendo. Se nota que le tenían confianza. Oído a Cameron cantando un par de líneas en diferentes partes de la pieza; algo poco usual en Soundgarden. Una buena canción, pero hasta ahí. El punto más álgido e ígneo de la velada es cuando lanzan ese trallazo absoluto y demoledor que es Room A Thousand Years Wide. Nada como ver a Cornell moviéndose como un jodido Tarzán rockero por todo el escenario y Thayil soltando algunos de los riffs más duros que ha hecho en su carrera. Aquí el vocalista se sale; pocas veces he atestiguado una performance vocal tan hipnótica y atrapante como la que Chris se despacha aquí. Adoro esa línea, “tomorrow begat tomorrow”. Mención especial a Cameron y sus buenas partes de batería. Uno de mis cortes favoritos de los de Seattle y que alcanza cuotas apoteósicas en su ocaso por las vocales sobrehumanas de un Cornell que estaba en el mejor momento de su carrera. Hasta invitan a un saxofonista para terminar la canción de la manera más bizarra y espectacular posible.

No puedes continuar luego de un monolito como ese con algo suavecito; hay que mantener las formas y el nivel. Por eso los muchachos te lanzan ese temazo del último álbum conocido como Jesus Christ Pose. Aquí la base rítmica de Cameron y Shepherd se sale con un comienzo trepidante y los riffs de Thayil son tan potentes como gancheros. Aunque Chris anda muy bien, aquí noto más predominante el buen hacer de los instrumentistas y cómo sus influencias más metaleras salen a flote en temas de esta naturaleza o como el anterior. Lástima que la mala grabación no nos permite contemplar ese maravilloso agudo de Cornell al final de la canción. Acaban esta demostración de portentosa energía rockera con otro tema del álbum Badmotorfinger, Slaves & Bulldozers. Más mezcolanza Sabbath riffera con las exóticas vocales de Chris hasta que el corte va in crescendo hasta convertirse en algo incontrolable. Agregan una breve improvisación muy al estilo del combo. Un baile que ya conocemos de sobra, pero que nos provoca una alegría inconmensurable cuando las bandas que nos gustan despliegan sus mejores cortes de tan buena manera.

Y así llegamos al final, amigos. Si hay algunas críticas que puedo hacer al directo, es que es demasiado corto –al menos para un servidor-, la mala grabación que no te permite capturar los mejores momentos de la noche y que faltaban algunos temas de sus álbumes previos para hacer la cuestión más completa. Si el Badmotorfinger es tu álbum favorito de Soundgarden (como es mi caso), entonces Motorvision es TU directo. Una demostración del poderío en directo que ostentaban Cornell y sus muchachos en su apogeo. Para mí, el mejor directo que se produjo del susodicho movimiento Grunge y producido por, a mis oídos, su mejor representante.

Cuatro cuernos (bajos – medios) para Motorvision. ¿Dónde puedo comprar una camiseta de Soundgarden?

• Matt Cameron – Batería, percusión
• Chris Cornell – Vocales, guitarra rítmica
• Ben Shepherd – Bajo
• Kim Thayil – Guitarra

Sello
A&M Records