The Rolling Stones - The Rolling Stones

Enviado por El Marqués el Jue, 12/07/2012 - 03:06
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1. Not Fade Away
2. Route 66
3. I Just Want to Make Love to You
4. Honest I Do
5. Now I've Got a Witness
6. Little by Little
7. I'm a King Bee
8. Carol
9. Tell Me
10. Can I Get a Witness
11. You Can Make It if You Try
12. Walking the Dog

Los Stones. Ha pasado la media noche, es 12 de julio, y mi amigo Wei nos recuerda el otro día que hoy se cumplen 50 años del primer concierto de los Stones en el club Marquee de Londres, en el 165 de Oxford Street. Cincuenta años con los Rolling Stones. Cincuenta años de Jagger y Richards, de Wood, Wyman y Watts, de Brian Jones, Mick Taylor e Ian “Stu” Steward. De Marianne Faithfull, Anita Pallenberg, Bianca Jagger o Jerry Hall. De Andrew Loog Oldham o los managers y gestores del lobby judío relacionados con la mafia que controla el crimen organizado en la capital británica en los años 60 y extiende sus tentáculos a la industria discográfica.

De los primeros éxitos en el Viejo Continente y el salto a Estados Unidos. De los peinados con media melena y flequillos, y los trajes de estudiantes del día del baile de graduación. De su condición impulsada por los medios como chicos malos del Rock enfrentados a los Beatles. Del rhythm&blues no muy personal pero lleno de actitud de las primeras canciones. De la creación de sus tempranos éxitos. De la apertura a sonidos experimentales introducidos por Brian Jones. De los primeros problemas de egos. De la bicefalia entre éste por un lado y The Glimmer Twins –Jagger y Richards- por el otro. Del progresivo deterioro mental y físico del multi instrumentista de los cabellos rubios. De la escritura de “Satisfaction”, “Jumpin´ Jack Flash”, “Honky Tonk Women”, “Under my Thumb”, “Paint it Black”…esto es, las mejores canciones que se han grabado en la historia del Rock.

De la muerte en circunstancias que aún hoy permanecen sin aclarar de Brian Jones en aquella piscina. Del viaje de éste unas semanas antes junto a Richards y la amante de ambos, la alemana Pallenberg, en un coche alquilado desde el sur de Francia hasta Marruecos para relajar y pillar hachis, atravesando la España de finales de los 60 –no me extrañaría que mi abuelo en el Simca se hubiera cruzado con ellos y les hubiera increpado por sus pintas-. Del concierto de Hyde Park, primera aparición pública tras la muerte de Jones, con Jagger enfundado en una túnica blanca leyendo un poema de John Keats. De Altamont, y la seguridad encargada a los Ángeles del Infierno, que apuñalan a un espectador negro que muere desangrado a escasos metros de unos atónitos Jagger y cia. De la hilera de obras maestras grabadas desde el 68 (“Beggars Banquet”) hasta el 81 (“Tattoo You”), y a ver quién es el guapo que me discute que “Emotional Rescue” no es otro disco maravilloso.

De los tours de 1973 y 1976, con un nivel musical y escenográfico que no ha sido superado (bueno, a lo mejor el escenográfico si, pero por ellos mismos, con lo que no cuenta). De la alianza de Richards con Gram Parsons y la posterior muerte de éste, no sin dejar su impronta para la posteridad en los temas de los Stones. De los problemas con la ley del viejo pirata, poniendo en peligro constantemente la estabilidad de la banda –Bill Wyman le odiaba por ello-.De los coqueteos de Jagger con la alta sociedad y las clases políticas. De la entrada del maravilloso Ron Wood. De la elegancia de Charlie Watts, virtuoso de las baquetas y del bello arte de doblar un traje adquirido en Saville Row, y pasearlo en un maletín por el mundo entero tocando cada noche con él sin una sola arruga. Del elenco de colaboradores que han pasado a la historia como miembros secundarios de la banda pero con una importancia capital, como el saxofonista pendenciero y destroyer Bobby “Fuckin´” Keys, o los teclistas Nicky Hopkins, Chuck Leavell y Billy Preston.

De los controles aeroportuarios, las detenciones por posesiones de drogas y armas, y el marrón en que se metió una vez más Richards en Canadá, llevándose de juerga a la mujer del Primer Ministro en un vehículo cargado de pastillas y priva y conduciendo a toda velocidad. De su encarcelamiento a consecuencia de ello, con las autoridades cargando contra él para tapar el escándalo que suponía la presencia de la Primera Dama en esas condiciones y junto a ese forajido. Del subsiguiente episodio con una testigo ciega a la que el músico había socorrido, reblandeciendo con su testimonio las conciencias del Jurado en plan cuento de Navidad de Dickens, o peli melodramática de Frank Capra. Del paso adelante del mismo Richards y su alter ego Jagger contra las acusaciones de sexistas que les llegan desde ciertos sectores por la letra de “Some Girls”, explicando que si las chicas francesas quieren de ellos un reloj Cartier, las italianas un coche, las americanas absolutamente todo aquello de lo que se encaprichan, y las negritas follar toda la noche, es porque lo saben de primera mano y no porque no respeten a la condición femenina. De aquella noche del verano de 1982 en Madrid, en que una devastadora tormenta descargó sobre el Vicente Calderón, y a la voz de “Yeah!” del maestro Jagger, el frontman con mayor magnetismo que ha existido, salió la banda a descargar y acalló el rugir de los truenos.

De las consecuencias de la mala vida de Richards, que seguía dando trabajo a los de la Morgue con cada paso que daba, llegando con su negligencia a tener relación directa con la pérdida de uno de sus hijos, apenas un recién nacido. De la negativa del quinteto a realizar giras con la llegada de los 80 provocando que se les diera por muertos. Del retorno en el 89 con “Steel Wheels”, y el jaleo en que se mete Bill Wyman al emparejarse con Mandy Smith, que tenía trece años. Del doble en directo “Love you Live”, primera adquisición que realiza entonces el Marqués de Sus Satánicas Majestades, necesitando algunos años para entender toda la magia que contiene ese inigualable cocktail de Blues, Swing, Reggae, Funk, Rock&Roll, Soul y Hard.

De la marcha del eterno bajista después de treinta años de militancia Stone a la sombra de los dos divos, y la entrada de Darryl Jones en una formación que se mantiene hasta nuestros días. De su último gran disco, “Voodoo Lounge”, aparecido en la época del Grunge. De los problemas de Wood con el alcohol y sus recurrentes bancarrotas fruto de su desastroso olfato para los negocios. De la impresionante gira de “Bridges to Babylon”, cuyo paso por España motiva que un cateto que escribe libros cargue contra ellos en su columna en el periódico ABC, motivando al Marqués a desenvainar su acerada pluma para remitir a la redacción de tan conservador diario una enojada misiva.

De ese mismo tour en que el Marqués se queda sin entradas para ir a verlos. Del siguiente en que al Marqués le ocurre lo mismo, y del siguiente en que el Marqués consigue por fin entradas, pero Richards se cae del cocotero y se suspende el concierto. De la visita al año siguiente en que el Marqués se conjura para que nada ni nadie le impida ver a escasos metros a sus ídolos, y se planta en el estadio del Atleti, el Manzanares, donde tocan los Stones al igual que en 1982, pero no consigue pasar del centro del campo, de ese terreno de juego en el que han jugado los mejores, porque se lo impide una valla colocada ahí por los espíritus de Dirceu, Arteche y don Jesús Gil y Gil, y se conforma con verlos a gran distancia, aunque nadie le priva de disfrutar una noche de inolvidable rocanrol –cómo recuerdo la parte central de “Monkey Man”, puro feeling que pone la carne de gallina a 50.000 personas en un instante-. De la intervención de Richards en “Piratas del Caribe III”, merendándose al resto del reparto con un par de intervenciones que no llegan a los noventa segundos.

Podría seguir, seguir y seguir. Son cincuenta años de trayectoria y recuerdos. Se estrenaron a nivel discográfico en 1964 con el álbum que os traigo, el primero, distribuido en Europa como “The Rolling Stones”, y en América como “England´s Newest Hit Makers”. Con la excepción de la beatleiana, popera “Tell Me”, primera canción que escribieron Jagger y Richards, el resto son versiones de standards del Rhythm& Blues y el Rock&Roll, piezas legendarias en su mayoría.

No tiene precio percibir el fuego que corría por las entrañas de los cinco debutantes al enfrentarse a clásicos como “Route 66”, “I Just Want Make Love to You” del bluesman Willy Dixon, que popularizaron Foghat; la percusiva “Not Fade Away”, que recreaba los ritmos de Bo Diddley; la intensidad de la instrumental “Now I´ve Got a Witness”, o esas pausadas y ardorosas “Honest I Do” y “I´m a King Bee”; los rocanrols de Chuck Berry y Phil Spector, “Carol” y “Little by Little”; la inocencia y el encanto de “You can make it if you try”; y el final con “Walkin´ the Dog”, del que hablábamos el otro día al comentar el primer lanzamiento de Aerosmith, una de las pocas bandas cuyo legado se acerca ligeramente al del mejor grupo de Rock de todos los tiempos.

Seguramente este disco no se encuentre ni entre los diez mejores de la banda inglesa, pero es la piedra filosofal, y calificarlo por debajo de la máxima puntuación sería un insulto. Cincuenta años hace hoy que se presentaron en directo. Una fecha tan importante para los rockeros como la de la Peregrinación de Mahoma a la Meca para los musulmanes.

Mick Jagger: Voz, Armónica, Percusión
Keith Richards: Guitarras
Brian Jones: Guitarras
Charlie Watts: Batería
Bill Wyman: bajo, voz de fondo.
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Gene Pitney: Piano.
Phil Spector: Guitarra, Maracas.
Ian Stewart: Órgano, Piano.

Sello
Decca Records