The Rolling Stones - Goats Head Soup

Enviado por Stoned el Dom, 14/02/2016 - 16:52
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A finales de 1972, Keith Richards era un yonki de pútrida dentadura. La revista New Musical Express llegó a incluirle en el primer puesto de la lista titulada “Estrellas que probablemente mueran muy pronto” (“¡estuve en el número uno durante diez años!”, comentó Richards con orgullo muchos años después) y la última y excesiva gira a propósito del lanzamiento de “Exile On Main Street” bautizada como S.T.P. Tour, no había hecho si no empeorar su estado físico y su dependencia extrema a los opiáceos; no hay más que revisar el documental “Cocksucker Blues” (que tomó el título de la última canción que los Stones estuvieron obligados a ceder por contrato a Decca y por ello le pusieron un título tan impublicable, que puede traducirse más o menos como “el blues del chupapollas”) para comprobar la decandente vida de estrellas de rock que llevaban los Stones y Keith en particular: televisores lanzados desde habitaciones de hotel, sexo indiscriminado, heroína circulando por venas abrasadas, montañas de cocaína que hubiese envidiado el personaje de Al Pacino en “Scarface”, Keith colocado de todo tipo de drogas y lagos de Jack Daniel’s apuntando constantemente con su revólver del ’38 a cualquiera que le llevase la contraria…

Así pues, ante al problema con las drogas de Richards se le unía que prácticamente ninguna nación estaba dispuesta a expedirle el visado necesario que le permitiese la entrada para grabar el siguiente disco de los Stones (que se acabaría convirtiendo en “Goats Head Soup”), ya que volver al Reino Unido no era una opción: se marcharon por los altos impuestos cuando grabaron en Francia “Exile On Main Street” –lugar donde tampoco podían volver ya que pendía sobre Keith una orden de detención por una causa de tenencia y tráfico de drogas- y no estaban, por el momento, dispuestos regresar.

Los Stones barajaron entonces dos opciones: Suiza –lugar en el que Keith vivía por temporadas aunque terminó por largarse por considerarlo demasiado aburrido- o Jamaica… que ofrecía a los Stones un clima caribeño y mucha marihuana, que crecía salvaje por gran parte de la isla, por no hablar de que Keith Richards comenzaba a interesarse por el reggae, que consideraba el nuevo blues. Y Keith terminaría por comprarse allí una casa que le traería no pocos quebraderos de cabeza en el futuro: pocos meses después, su mansión jamaicana se había convertido en un nido de caraduras que se aprovechaban de la hospitalidad del guitarrista y ante su ausencia hubo una redada policial tras un chivatazo, encontrando grandes cantidades de drogas en la propiedad y terminando con la detención de Anita Pallenberg que fue violada múltiples veces en dependencias policiales, y cuya relación con Keith terminó por resquebrajarse definitivamente, aunque aún seguirían juntos unos años más.

“Goats Head Soup” (que fue bautizado en honor a un plato de la gastronomía jamaicana llamado mannish water, una sopa que contiene cabeza de cabra así como el cerebro y el corazón y es considerado afrodisíaco en la isla) contaría con la producción del norteamericano Jimmy Miller, que ya produjo el Santo Cuarteto de los Stones –a saber: “Beggars Banquet” (1968), “Let It Bleed” (1969), “Sticky Fingers” (1971) y “Exile On Main Street” (1972)- pero este “Goats Head Soup” supone su última colaboración: la maquinaria stoniana termina por despedazarlo, convirtiéndose en un adicto desnortado al igual que el resto de la banda. La propia grabación estuvo salpicada, como era de esperar, por el abuso de sustancias y situaciones trágicas: la mujer de Bill Wyman fue, al igual que Anita poco después, violada en el hotel jamaicano en que se alojaba. La influencia de la isla se plasmaría también en el sonido general del álbum, como si algún tipo de embrujo vudú, ancestral, etéreo e indefinible flotase invisible sobre las cabezas de los Stones.

El tono general de “Goats Head Soup” es oscuro, tanto en lo musical como en lo lírico; encontramos diversos ejemplos como el tema de apertura, “Dancing With Mr. D”: el mencionado Señor D. no es más que algún tipo inconcreto de ente que personifica a la muerte, y el baile en torno a él sólo puede significar la cercanía del fin de la vida; Mick canta con verdadera maldad, y Keith machaca repetitivamente un riff definido en más de una ocasión como “diabólico”. La guitarra slide de Taylor termina por añadir un tono pantanoso e insano en torno a toda la composición.

También ciertamente inquietante es “100 Years Ago” con su letra onírica y saltando indistantamente entre lo bello y lo siniestro; la coda corre a cargo de la guitarra armada de munición pesada en forma de pedal wah-wah de Mick Taylor, aporximándose por momentos a un funk desatado y tremendamente sucio.

La cadencia narcótica y depresiva de “Coming Down Again” deja paso a la voz de Keith, que narra con inusitada crudeza sus pequeños momentos de lucidez entre cuelgue y cuelgue de caballo. Aunque para crudeza, la de “Doo Doo Doo Doo Doo (Heartbreaker)”, composición que está, como algunas películas, basada en hechos reales: la de una niña de apenas diez años que falleció de sobredosis de heroína y la de otro niño tiroteado hasta la muerte por la policía de Nueva York. Más pedal wah-wah –bastante utilizado, por cierto, durante todo el álbum- y arreglos de viento revisten toda la canción, que queda como una de las más dramáticas del LP.

El tema más célebre de “Goats Head Soup” es el que sonará a continuación, “Angie”, que es también una de las canciones más conocidas de los Rolling Stones, seguramente junto con “Start Me Up” y “Satisfaction”. Keith Richards compuso la célebre progresión de acordes y a la espera de la letra (que la escribió en su mayor parte Jagger inspirándose en su comatosa relación con Marianne Faithfull) sólo fue capaz de entonar el famoso “Angie… Angie…”. La curiosidad es que poco después nació la hija de Richards, llamada Dandelion, pero el hospital de carácter religioso en el que llegó al mundo hizo que uno de los empleados le registrase un segundo nombre, Angela, que es por cierto el que utilizó durante toda su vida. Así que Keith compuso uno de las más bellas canciones de los setenta llamada como su primera hija sin saber que esta terminaría llamándose así. El intermedio en el que suena una sucesión de arreglos de cuerda con violines termina quizá por endulzar en exceso, pero en la versión que hacían los Stones en directo en esa época sonaba un crudo y bonito solo de guitarra que hacía más bien a la canción que los pomposos violines.

Y yo ya lo digo desde aquí: cuando tenga una hija, le daré tres posibles nombres a mi señora para que elija el que crea conveniente; Ángela por “Angie”. Julia por la canción de los Beatles, y Marta por la también composición de los Fab Four “Martha My Dear”. Yo lo dejo caer y que ella elija…

La siguiente “Silver Train” regresa al tono rock and roll con un prominente slide guitar de Mick Taylor, resultando una canción que parece recién fugada de “Exile On Main Street”; la letra continúa con el tono escabroso, narrando en este caso la relación con una prostituta. “Hide Your Love” posee la típica estructura del blues, en este caso sonando un piano como base de los acordes, y Jagger masculla con su habitual manera de arrastrar las palabras una inquietante letra: en primera persona insta a una mujer indeterminada a que “no esconda su amor por él”, mientras relata todos sus defectos (alcohol, drogas) y blande su único punto a favor: es asquerosamente rico; así que el narrador se torna como un auténtico acosador.

“Winter” es una de las más bellas y luminosas canciones de “Goats Head Soup”: recordemos que los Stones están en diciembre en Jamaica, es decir, en pleno verano en el hemisferio sur… así que no se les ocurre otra cosa que dedicarle una canción al invierno frío y húmedo al que están acostumbrados. Mick Taylor colaboró en la composición, aunque no recibió rédito alguno (algo que comenzaba a hastiarlo más y más… hasta su salida no mucho después para ser sustituido por Ronnie Wood) y Keith ni si siquiera participó en la grabación debido a su estado físico.

El penúltima tema, “Can You Hear The Music” es una composición de espíritu experimental –el collage sonoro que posee es abrumador- pero termina por alargarse demasiado en su monotonía. Ya para finalizar, otro de esos rock and rolls marca de la casa –aunque obviamente tremendamente influenciado por Chuck Berry-, “Star Star”, cuyo título original fue “Fuck Star” (o “folla estrellas”, refiriéndose a las groupies), frase que menciona Mick Jagger repetitivamente en el estribillo, y que fue cambiada a “Star Star” para evitar muy previsibles problemas. También es nombrado el actor Steve McQueen que sopresivamente no sólo no se enfadó si no que estaba orgulloso de aparecer nombrado en una canción tan rock y tan salvaje como él mismo.

A día de hoy “Goats Head Soup” está considerado un disco menor, aunque nada más lejos de la realidad: si bien puede estar algo eclipsado por su antecesor, “Exile On Main Street”, para mí es uno de los discos más interesantes de los Stones, y desde luego uno de los más oscuros y depresivos; si algo tuvieron los Rolling Stones es la manera en que su música capturó su época y sus vidas como una precisa fotografía, y “Goats Head Soup” fue simplemente eso, un fresco que reflejaba con todo lujo de detalles el fin de fiesta de los sesenta y la correspondiente resaca que supusieron los setenta en la vida de muchos, y más concretamente de ellos mismos; durante el resto de la década grabaron grandes álbumes como “It’s Only Rock ‘N’ Roll” (1974) y “Black And Blue” (1976), culminando con el que fue, seguramente, su último gran trabajo: “Some Girls” (1978).

Queda así pues “Goats Head Soup” como prueba irrefrutable –una entre tantas- que señala a los Rolling Stones como lo que son: la más grande banda de rock and roll de todos los tiempos. Y es, desde luego, uno de mis favoritos.

Mick Jagger: Voz, guitarra, armónica, piano
Keith Richards: Voz (en “Coming Down Again”), guitarra, bajo, coros
Mick Taylor: Guitarra, bajo, coros
Bill Wyman: Bajo
Charlie Watts: Batería

Otros:
Nicky Hopkins: Piano
Billy Preston: Piano
Ian Stewart: Piano
Bobby Keys: Saxo

Sello
Rolling Stones Records