Ouija - Riding into the Funeral Paths

Enviado por Cuericaeno el Lun, 26/11/2012 - 03:15
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1. When the Sun Shall Die (5:33)
2. Crossing the Seventh Gate (5:23)
3. Unbriedled Transilvanian Passion (5:56)
4. Hear the Call of Wolves (Fullmoonlight Lovers) (7:12)
5. Before a Possible Relapse (5:10)
6. In the Witching Midnight (6:30)
7. Riding into the Funeral Paths (5:51)
8. Holocaust in Heaven (1:34)

Los sociólogos dicen que la etapa en la que más impacto nos produce la música es la adolescencia, y la sensación que logran en ti aquellas bandas y discos que giran contigo en ese período jamás podrá ser comparada ni repetida por nada de lo que descubras el resto de tus días. No hace falta sacarse la carrera de sociología para saberlo a ciencia cierta, pues si a ti, melómano que me lees, te preguntan sobre eso, directamente tus vellos pedirán la palabra por ti.

Y no pudo ser mejor época que la del instituto cuando un pasional e impresionable imberbe como yo cruzó el otro lado, el lado oscuro, para escuchar por vez primera aquello de lo que sólo había leído en revistas especializadas, como aquel nº 15 del especial de Kerrang!, titulado “El Rock del Diablo”, que fue mi biblia personal para conocer e invocar a las fuerzas más oscuras del Metal, y que aún conservo en mi hemeroteca heavy (los cajones de mi ropero, vamos) como si de un códice del siglo XII se tratara (véanla, qué mona ella; aunque desgraciadamente no tengo fotos de la cara que me puso el quiosquero cuando se la pedí). El término que más leí en aquellas páginas era el de ‘Black Metal’, y no podía creerme que pudieran existir por ahí canciones más espeluznantes, estridentes y diabólicas que el Painkiller de mis Judas Priest, hasta que escuché al primer gremlin al micro y tuve el flechazo del siglo.

Corría 1997, tiempos de radio, y cuando se hablaba de la red nos referíamos a la roja de las naranjas, la morada de los ajos o la que pescaba los atunes, no la que pesca emepetreses y que ya sobradamente conocemos y manejamos. Y por circunstancias de la vida y del ir y venir de los megahercios, los que me estrenaron en los ritos blackmetaleros no fueron precisamente Bathory, Mayhem, Darkthrone, Burzum o Emperor, fueron los aragoneses Ouija. Españoles, y a mucha honra.

Exacto, no eran de Noruega, eran de Huesca, que aunque mucho más al sur en el globo (bastante más diría) también tiene sus heladas y sus bancos de niebla autóctonos, por lo que quizá el ambiente y clima invitó a estos chicos a emular las negras artes de sus maestros escandinavos, y con mucha “maña” además. Radiaron un tema suyo en el programa local Electroshock de la emisora Radio Camas, el tema era Unbriedled Transilvanian Passion, y aquello, junto con algunos cortes que pinchaban de un recién nacido Dusk… and Her Embrace de Cradle of Filth (cuando eran Cradle of Filth), fue el caldo de cultivo que me infectó para siempre con esta enfermedad, el delirio que me adoctrinó dos verdades ocultas ante el oído del ciudadano de a pie, la primera, que los demonios existen y no se les entiende un carajo, la segunda, el mágico y obscuro poder del tremolo picking, difusor de niebla, tejedor de telarañas y pintor de los más espesos bosques en tu mente. Más que curioso ese invento llamado Black Metal…

En mi colección de CDs asoma el lomo con orgullo la referencia RPS 024, vigesimocuarto artículo del extinto sello Repulse Records, fundado por Dave Rotten de Avulsed, y el artículo no es otro que este Riding into the Funeral Paths al que le soplamos el polvo de encima, compacto que me conseguí gratis gracias al programa citado, que sacó una copia a concurso para el telefonista más rápido del Oeste de Andalucía y ése fue el menda. No creo que estuviera muy reñido aquello si recordamos que era una emisora rural que en esas horas hablaba de música ya de por sí minoritaria, pero ahí está el tío, ¿no?

Sufrida ya por ti la para mí obligatoria parrafada debido a la carga de nostalgia que soporta esta obra, juro no hacerte esperar más y te invito a que degustes el gran trabajo que se marcaron los de Aragón, que de Jotas sólo tienen la incluida en su nombre, con influencias venidas de entes célebres como Dark Funeral, Dissection y Satyricon, pero perfiladas por otro influjo inevitable en esos tiempos, y que no era otro que el de los ya arriba citados Cradle of Filth. Cumplida la segunda mitad de los ’90, el Metal extremo en general iba enriqueciéndose de más texturas, de timbres extra; teníamos en plena emersión a grupos como Limbonic Art o Ancient Wisdom, cada vez cargando con más orquestación y alargando más el ya de por sí compuesto nombre del género añadiendo delante un “Melodic” o un “Symphonic”. Ouija iban perfectamente a caballo entre lo etiquetado como “true” o “raw” y el perfil melódico más trabajado de unos Hecate Enthroned, sin edulcorar demasiado con teclados o coros sopranos, yendo a lo que suele ir el Black “auténtico” pero más nítido y algo más armonioso, abriendo un poco el abanico de las voces pero sin dejar de ser éstas masculinas e inquietantes, con esas tonalidades limpias pero graves propias del Viking, alternadas con el graznido habitual o el growl ocasional. Buen equilibrio el de Ouija, buenos mediadores entre varios frentes dentro del mismo movimiento.

Las ocho canciones que dan forma a Riding into the Funeral Paths siguen una pauta muy concreta y similar a lo largo de todo el trabajo, abundando mucho el trémolo en todas las composiciones y expresándose tal técnica de guitarra con una complejidad y sentimiento abrumadores, apareciendo de vez en cuando breves solos que constatan la importancia que le daba esta banda a la melodía (escúchese la recta final de When the Sun Shall Die).

Melodía, sí, pero siempre pujante ésta, sin síntomas de fragilidad y siempre manteniendo el tono tétrico que requiere, aunque contrapuesta al más fiero sin duda trabajo vocal de Midgard. El instrumento de Midgard, su voz, fue el que principalmente me despertó el morbo para adentrarme sin titubeos en esta rama azabache del heavy, rematada por semejante imaginería y lírica que hicieron el resto (además de la música, obvio), perfecto cebo para el joven que busca sensaciones fuertes, volviendo así a aquello que abría mi reseña y que es crucial para comprender la fuerza e intensidad con la que uno entra en esto y a la edad idónea.

Durante toda la obra, Ouija consiguen mantener el listón sin ningún bajón al saber repetir sus patrones sin merma alguna de calidad, por lo que es difícil tanto describir su trabajo pista por pista como destacar una sobre otra. Pero si hay que mojarse, sin duda yo me inclino por su más extenso y trabajado corte, que es Hear the Call of Wolves (Fullmoonlight Lovers), título muy filthiano y que cuenta con un pasaje a ritmo marcial oscuramente seductor. En segundo lugar y no por menos carisma y pegada, tenemos el para mí ya mítico Unbriedled Transilvanian Passion, más directo y voraz que la suite antes mencionada, la canción con la que conocí al grupo y uno de los temas más orgánicos, con ese final que tanto me encendía y que me sigue levantando el ánimo (“Passion! passion! passion!...”). El tema de apertura tampoco se queda atrás, ni la fugaz estampida que supone ese colofón apocalíptico titulado Holocaust in Heaven. En resumidas cuentas, a Riding into the Funeral Paths hay que bebérselo enterito, sin dejar una gota, pues sin ser lo más de lo más (aviso), el debut de Ouija veo que se merece mi Notable, raspado, pero Notable.

Ellos fueron los que me metieron en ese mundo que parió Bathory y bautizó Venom, ellos los que me cortaron el cordón umbilical con una de las cuatro guadañas que aparecen en esa gran portada, la que nos muestra una interesante visión sobre los Cuatro Jinetes del Apocalipsis, plasmados por nada menos que Joe Petagno (el mítico “retratista” de Snaggletooth, la mascota de Motörhead). Y cuánto me sirvió, cómo me cundió ese artwork para entrar “cabalgando por los funerales senderos”, pues aún siendo más importante la materia musical, todo el papel que viste a este regalazo de disco es un lujo para los humildes medios que supuestamente tenía una banda española que a duras penas se abría paso nada menos que en el Metal más oscuro y marginal, con dos bemoles.

Entrando con letras de oro, vaya, y es que la presencia de ese título y ese tracklist, ambos trazados en purpurina dorada, daba más ganas aún de entrar en aquello que guardaba, adornado en su interior con las calaveras, pentáculos y velas de turno que ya entonces estaban algo sobadas, pero no para un neófito en el acero negro como yo, que absorto paraba mis ojos en esas imágenes, y traducía diccionario en mano las blasfemas letras de estos blackers maños, con esa agradable sensación teenager de estar trasteando con algo muy chungo, o en el mejor de los casos, con la poesía más oscura y bella que hasta entonces conocía, que mencionaba a los mismos Cárpatos y se recreaba en antiguos castillos. Yo me río de iTunes tanto como de los Looney Tunes, pues donde esté el soporte físico que se quite lo demás, pues el viajar sin moverte de tu habitación siempre es mejor si al menos en tu mano tienes la postal de adónde quieres ir, la dimensión a la que te invita la banda de turno a través de no sólo sus composiciones, sino también de sus portadas y letras.

Trabajo redondo a todas luces, tanto musical como letrística y estéticamente, una entrada a lo grande que desgraciadamente no cuajó dentro de un género que ya por entonces estaba sobreexplotado, por lo que Ouija desapareció de los medios tras la publicación de este compacto, quedando fuera de circulación para retornar en 2010 con un EP llamado Adversary. Al menos sabemos que los antes llamados Levial siguen en la lucha, y me alegro, pues cada vez que reviso mis discos y destella el oro sobre el azul, me acuerdo de quiénes fueron mis hierofantes, me acuerdo de todo lo que les debo a Ouija.

Midgard: Voz
Map: Guitarra
Baret: Guitarra
Dani: Batería
Ferriz: Teclados

Sello
Repulse Records