Oathbreaker - Rheia

Enviado por Mother Man el Vie, 12/06/2020 - 03:43
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01. 10:56
02. Second Son of R
03. Being Able to Feel Nothing
04. Stay Here / Accroche-moi
05. Needles in Your Skin
06. Immortals
07. I’m Sorry, This Is.
08. Where I Live
09. Where I Leave
10. Begeerte

Disco completo

La evolución… ese concepto tan presente en los tiempos que corren. Esa idea a la que tantas bandas dicen sumarse cuando se trata de promocionar el nuevo trabajo de turno, en la mayor parte de los casos no trasciende más allá de intentar hacer ver leves matices diferenciadores entre el sonido actual y el anterior. Por más que un grupo, el que sea, nos prometa que el nuevo disco que se avecina es el resultado de un proceso de evolución en lo personal y musical, la mayor parte de nosotros bien sabemos que probablemente esto no sea más que una mezcla de promoción y el sincero, pero vano, deseo de querer haber hecho algo realmente especial y diferente. Y es que, siempre, pero más incluso en la actualidad, la evolución y la originalidad representan el Santo Grial de cualquiera que quiera hacer una larga y exitosa carrera en esto de la música.

Personalmente, no me considero una persona excesivamente exigente a la hora de reconocer la capacidad de evolución de una banda y por supuesto que admito que existen muchos ejemplos de ello. Sin embargo, si bien en numerosos casos es necesario sacar el bisturí para apreciar leves diferencias entre etapas, o bien en otros los cambios suceden de forma tan radical que resulta irremediable traer a colación el eterno debate acerca de la legitimidad de mantener el nombre del proyecto, en algunas ocasiones el equilibrio evolutivo transcurre de una manera fértil, de tal manera que no se repiten esquemas hasta la saciedad, pero tampoco se pierde la identidad y el sentido del proyecto. Un buen ejemplo de esto último, bien podría ser la trayectoria de Oathbreaker.

Surgidos en el ambiente de la música independiente belga del siglo XXI, Oathbreaker nace en el año 2008 y se desarrolla en el marco del colectivo conocido como Church of Ra, una especie de asociación de bandas del espectro underground de la escena belga, fundada por los míticos Amenra, que tienen en común aspectos estéticos, de puesta en escena, así como una filosofía similar en lo que respecta al significado de la música y su producción. Si bien Oathbreaker no goza de una popularidad remarcable, en sus filas encontramos a personajes destacados de la misma escena, como los guitarristas Lenart Bossu (Amenra) y Gilles Demolder (Wiegedood), o el batería Wim Sreppoc (Wiegedood), aunque este último no estaba presenta aún en el disco que nos ocupa. Con estas referencias, ya podemos ir apuntando a algunos de los ingredientes que podemos esperar encontrar en la música de Oathbreaker; sin embargo, hablar del estilo que practican no es tarea fácil, máxime cuando la diversidad de influencias es más que notable y cada uno de sus tres discos presenta unos elementos específicos, algo que se hace especialmente patente con Rheia, el disco que les presento hoy.

Destaca especialmente el papel de la vocalista, Caro Tanghe, quien es uno de los mayores artífices de la versatilidad lograda por Oathbreaker en su sonido. Desde una mirada notablemente reduccionista, muy abundante en la red, se suele hablar de una primera etapa hardcore-punk (dos primeros discos) y otra segunda post-metal/blackgaze (tercer disco). No obstante, este discurso es insultantemente simplificador para una banda en la que, en sus dos primeros discos, encontramos un vasto campo de influencias, como el metal/hardcore de Converge (el mismo Jacob Bannon ejerció de buen padrino, al producir Mælstrøm, primer LP de Oathbreaker, con su sello Deathwish Inc.), crossover thrash, post-metal, post-hardcore, sludge metal e incluso ciertas pinceladas black metal. Por supuesto, entre sus influencias directas de esos años no podemos negar el papel de bandas como Amenra o Neurosis principalmente, aparte de otras con las que podemos encontrar ciertas relaciones, tales como Celeste, Made Out of Babies (especialmente por las similitudes vocales entre Julie Christmas y Caro Tanghe) o Salome, esta última al menos en las versiones más sludge y descarnadas en el trabajo vocal femenino. Sin embargo, si bien los dos primeros trabajos de Oathbreaker muestran una personalidad propia y diferenciadora entre ellos, es en su tercer disco, Rheia, donde dan un viraje de mayor calado.

En Rheia encontramos un sonido más directamente influenciado por el post-black metal o blackgaze, motivo por el que, desde algunos púlpitos de la crítica especializada, les han asignado el papel de simples deudores de Deafheaven y el Sunbather (2013) de la discordia. No obstante, si bien oportunista, dicha afirmación no me parece honesta, puesto que deja de lado algunas cuestiones que saltan a la vista (o al oído) con facilidad. En primer lugar, la evolución de Oathbreaker denota una mutación en su sonido más palpable y rica que la de la banda de San Francisco, mucho más estática y apegada a unos cánones post-black de mayor rigidez y, en segundo lugar, el estilo vocal de Caro Tanghe muestra una versatilidad poco habitual en el género y, por supuesto, nada comparable a la monótona entonación de Clarke en el Sunbather. De esta manera, la evolución de Oathbreaker quizá pueda ser mejor comparada a la de bandas como Downfall of Gaia, que comparte una música diversa en estilos similares y también han dirigido sus últimos sonidos hacia el black atmosférico/blackgaze.

Al margen de todo lo comentado, Rheia supone un salto cualitativo en la trayectoria de Oathbreaker. Además de ser su trabajo más aclamado, todo el conjunto, tanto musical como lírico, reviste una mayor profundidad e intimismo. Las letras, fuertemente introspectivas, están directamente inspiradas por la vida de Caro y su difícil salida hacia delante. No se trata de letras autobiográficas en un sentido literal, pero sí fuertemente inspiradas por su sufrimiento, algo que queda perfectamente integrado con la melancolía agresiva que desprende el grueso del trabajo. Aquí no solo hay rabia o lamento, por separado, sino ambas cosas, ejerciendo una suerte de sinergia realmente interesante.

10:56” abre el disco de manera introductoria, con la voz dulce y afligida de Caro entonando de una forma que ya nos adelanta el diferente enfoque de Rheia con respecto a los anteriores trabajos, lo cual se confirma con el comienzo de Second Son of R, un despliegue de agresividad y pasión que nos sitúa ante uno de los temas que mejor gala puede hacer del estilo post-black metal comentado, en el que se intercala el frenetismo con pasajes más calmos y dulcemente melódicos. Todo ello integrado con un apartado lírico que derrocha melancolía por los cuatro costados y cuya calidad es ejemplarmente correspondida por la interpretación vocal. Being Able to Feel Nothing, aun con una base instrumental similar, en cuanto a estilo, con la del tema anterior, mantiene un enfoque notablemente diferente, sustentado por la interpretación de Caro. Su voz jadeante, semi-nasal y rota se adapta a una temática lírica estremecedora, en la que se expone lo que parece ser un acto de suicidio, pero con una belleza poética que transciende, por mucho, las tendencias líricas similares de las típicas bandas depressive black metal. Curiosa similitud el estilo vocal, en este tema, de Caro con Julie Christmas en la colaboración que hizo con Cult of Luna (Mariner), justo ese mismo año.

Stay Here/Accroche-moi” ofrece un pequeño respiro en forma de composición acústica, en la que Caro canta de manera relajada, con ese estilo tan peculiar de ligar cada una de las sílabas y reduciendo los silencios, antes de desembocar en Needles in Your Skin, que vuelve a parámetros similares al del tema de apertura, con una técnica vocal agresiva, a medio camino entre el shriek y el screaming, pero con un deje punk-melódico que otorga una personalidad significativa al trabajo.

Immortals es probablemente el tema que más me gusta del disco. La bellísima y compleja entonación de Caro en su apertura se integra a la perfección con el sonido de las guitarras (se nota que me gusta su interpretación ¿no?). En ningún tema como en este se aprecia la amplia versatilidad de Caro en sus diferentes registros que, junto a un desarrollo instrumental pausado y distendido, dirige la canción hacia unas coordenadas más post-metal.

Aún en el tramo final del plástico se aprecia algún componente diferenciador en cada una de las canciones, a pesar del hilo conductor estilístico que conecta todo el trabajo. Así, Where I Live destaca por su primera sección, con una instrumentación a pleno rendimiento, que contrasta con la entonación relajada y levitante en la parte vocal, Where I Leave, mucho más atmosférica y post-metal y Begeerte pone el punto y final a base de un ritmo solemne de sintetizador y mustios acordes de guitarra que terminan apagándose.

Probablemente, Oathbreaker no decidió tirar por los caminos más inexplorados precisamente, al incorporar esa base blackgaze al sonido de Rheia. No obstante, no por ello dejan de hacer una propuesta con un toque personal en dicho terreno, cuyos matices se van apreciando con las escuchas, y en la que la versatilidad vocal de Caro Tanghe juega un papel especialmente destacado. Un disco que implementa un enfoque más emocional e intimista con respecto a lo entregado con anterioridad, que queda muy bien reflejado en la integración del trabajo vocal e instrumental.

Después de esto y tomando en consideración la inquietud compositiva de Oathbreaker, hay motivos más que suficientes para quedar expectantes, a la espera de cuál será el giro de tuerca que darán en un posible próximo trabajo.

Caro Tanghe: Voz.
Gilles Demolder: Bajo y guitarra.
Lennart Bossu: Guitarra.
Ivo Debrabandere: Batería.

Colaboraciones

Wim Coppers: Batería (tracks 2, 5 y 8).
Treha Sektori (Electrónica).

Sello
Deathwish Inc.