Nifelheim - Servants of Darkness

Enviado por House el Sáb, 27/03/2021 - 04:33
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Autoproclamados como la mejor banda desde Venom, coleccionistas de artículos de Iron Maiden de talla mundial, auténticas leyendas en el underground y una especie de Blues Brothers en versión Heavy Metal para el ciudadano sueco de a pie. Nifelheim, o mejor dicho los gemelos Gustavsson, son el sueño húmedo de todo purista, la encarnación de todos los clichés que acompañan a este tipo de música y la autenticidad personificada.

Los hermanos Hellbutcher (voz) y Tyrant (bajo) se han ido labrando el respeto de sus pares y la admiración de los más jóvenes gracias a un catálogo, corto pero sustancioso, que han ido construyendo despacio pero con buena letra. Probablemente existan diversos factores que hayan contribuido a la poca producción discográfica de Nifelheim, aunque no es ningún secreto que la dificultad para mantener una alineación estable ha sido siempre el talón de Aquiles de la banda. No obstante, los Bröderna Hårdrock —como se conoce a este par de sujetos en los medios suecos— han tenido siempre buen ojo para ocupar las vacantes en Nifelheim y en sus dos primeros álbumes contaron con la ayuda de nada más y nada menos que Jon Nödtveidt y John Zwetsloot de los venerados Dissection en las guitarras.

Desafortunadamente poco después de la grabación de Devil’s Force, la afición de Nödtveidt por practicar deportes extremos como la cacería de seres humanos, llevaría al líder de Dissection a dar con sus huesos en la cárcel, además de meter a los pobres Gustavsson en un buen lío, ya que, según cuentan las leyendas urbanas, la pistola Taser utilizada en el asesinato pertenecía a los hermanos. No está muy claro tampoco porque Zwetsloot no volvió a unir fuerzas con Nifelheim pero, sea como fuere, la agrupación se encontraba a las puertas de los dos mil, con un nuevo trabajo bajo la manga y sin guitarristas. En está ocasión los suecos decidieron no complicarse demasiado la cabeza y Tyrant opto por encargarse él mismo de todas las cuerdas. Por otro lado, Demon, quien había sido el batería de la agrupación desde sus inicios, deserto también durante esta época dejando tan solo algunas guitarras rítmicas grabadas. Las baquetas cayeron en manos de un desconocido Martin “Devastator” Axenrot que, si bien ya había hecho sus pinitos en la escena, no llegaría a la fama internacional hasta algunos años después de la mano de Bloodbath y Opeth.

Impresionados por el sonido que Tägtgren había logrado sacar a discos como Panzer Division Marduk o We Are War, los gemelos decidieron agarrar sus bártulos e ir a los Abyss Studios para grabar su siguiente álbum. Sin embargo, una vez que el dúo dinámico puso un pie en los dominios de Peter y contemplaron horrorizados que todos los equipos de grabación eran digitales, decidieron mandar al diablo al líder Hypocrisy y regresar a los estudios Maestro Musik. Aunque este complejo no tenía mucha trayectoria con conjuntos de Metal, Nifelheim ya había grabado allí su anterior Devil’s Force y sus instalaciones aseguraban a estos berserkers trabajar únicamente con medios analógicos.

Servants of Darkness, el tercer trabajo de Nifelheim, es —como nos indica su entrañable portada— una autentica bola de fuego destinada a arrasar con todo. En la tradición de los dos discos previos, la banda se despacha nueve latigazos sónicos de Black/Thrash que sin duda van a dejar la espalda del oyente con la carne colgando y alguna costilla al aire. Desde luego Nödtveidt y Zwetsloot ya podrían respirar tranquilos —uno en su fría celda y el otro algo más cómodo en su casa— porque el trabajo a las seis cuerdas de Tyrant es sencillamente colosal. En poco más de media hora los suecos logran materializar una autentica tormenta decibélica que seguramente —tal y como les gustaría a los gemelos— va a fulminar a más de un poser.

Los temas son verdaderos himnos de maldad, construidos con los primeros Bathory en mente y aderezados con ciertos giros que delatan el gusto de los muchachos por el Heavy Metal. El grupo, como de costumbre, derrocha una energía que es sencillamente electrizante y contagiosa. La verdad es que se me ocurren poquísimas agrupaciones que puedan equiparse a estos maniacos en lo que se refiere a imprimir en su música tanta pasión, y a las pruebas me remito, o mejor dicho, a la frenética “Evil Blasphemies” o la implacable “Black Evil”. Pese a que todos los cortes están en mayor o menor medida sacados del mismo molde, hay dos piezas que merece la pena resaltar sobre el resto: “The Bestial Avenger” y “War of Doom (Armageddon)”. La primera contiene una sección intermedia con unas guitarras bastante juguetonas que se roban el protagonismo con unos punteos a modo de crescendo, mientras que la segunda sorprende con un enfoque algo más melódico que pone toda la chicha en los arreglos y los solos. Son justamente este tipo de canciones, un poco menos cafres, las que marcarían el camino que Nifelheim seguirían en el futuro.

Después de un lapso de tiempo más largo de lo habitual —en el que los gemelos se reencontrarían efímeramente con su colega Nödtveidt — y la consabida rotación de personal, los banda regresaría con un trabajo (Envoy of Lucifer) que demostraba que los Gustavsson seguían bebiendo de ese inagotable manantial metálico de los ochentas que, a pesar de la calvicie o las muertes a su alrededor, los ha mantenido jóvenes de espíritu hasta nuestros días.

Hellbutcher: Voz
Tyrant: Bajo, guitarras
Devastator: Batería
Demon: Guitarras

Sello
Black Sun Records