Napalm Death - Mentally Murdered

Enviado por Junkhead el Vie, 10/04/2020 - 00:05
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En términos de Death Metal, 1989 fue un año clave, el punto en el que el género se estableció de una vez por todas como un movimiento con alma y vida propia cuando ya no un mero embrutecimiento del Thrash más blasfemo y salvaje. Uno de los principales maestros de ceremonia en este particular episodio en la historia del Metal: Earache Records. “Altars of Madness”, “Realm of Chaos”, “World Downfall”, “Symphonies of Sickness”… una tras otra salieron al mercado obras icónicas que bajo el amparo de aquel sello sentaron las bases de todas las facetas que el extremismo musical podía abarcar, desde la más ocultista y blasfema con Morbid Angel, la más gore y visceral con Carcass, la centrada en los horrores de la guerra con Bolt Thrower y la más experimental y nihilista con Godflesh (no olvidar en lanzamiento de “Streetcleaner” ese mismo año). No por nada se suele hablar de una “escuela Earache” en repetidas ocasiones.

El apartado de denuncia social vino cubierto por el infaltable “World Downfall” de Terrorizer y el EP que nos reúne en esta reseña, el quizá poco valorado “Mentally Murdered” de Napalm Death. Y uso el término “poco valorado” por la simple y sencilla razón de que normalmente se ve a “From Enslavement To Obliteration” (1988) como la cúspide definitiva de la formación “Harris – Embury – Dorrian – Steer”, pero en esta reseña vamos a ver qué tan cierta es dicha afirmación. Hoy nos toca recordar que después del clímax que fue el bestial segundo lp para los británicos (para mí su mejor disco), hubo un trabajo más, un EP que lejos de ser un relleno o una obra menor o prescindible, continuó evolucionando el sonido Napalm y por muy cliché que suene, es el engranaje que une la época de Grindcore puro de “Scum” y “From Enslavement To Obliteration” con la dirección más Deather que tomó la banda en “Harmony Corruption”.

“Mentally Murdered” fue lanzado en Agosto de 1989, justo en una época turbulenta dentro de una formación que atravesaba desde diferencias musicales hasta problemas de relacionamiento (no es ningún misterio que Mick Harris podía ser un tipo bastante insoportable), un ambiente tenso que inevitablemente concluiría con la renuncia de Lee Dorrian y Bill Steer poco después de publicado el trabajo.

Aun así el resultado plasmado es uno que ve a los británicos en un estado de gracia en el ámbito compositivo, con una inclinación mayor al Death Metal (algo que Steer también reflejaría en “Symphonies of Sickness”, compuesto en ese mismo período) y un montón de estructuras cada vez más complejas sobretodo si las comparamos a joyitas de la segunda cara de “Scum” como “Parasites” o “Deceiver”. Para muestra, el tema de apertura “Rise Above” (una de las mejores canciones de la banda sin duda), que con sus cambios de ritmo y sus vueltas de tuerca demuestra un caos más organizado, en el que cada riff tiene tiempo de respirar y producir momentos de lo más pegadizos (sin ir más lejos ese cabalgar tan Carcass después de 0:30 es una locura).

El tono de Steer no solo es groseramente brutal sino que también es calcado al que utilizaría en “Symphonies Of Sickness”, y en su impresionante distorsión nos permite distinguir un trabajo sobresaliente que claramente va más allá del motivo “Celtic Frost pero más rápido” que tenía la banda en la etapa “Scum” y continúa el camino marcado por “From Enslavement To Obliteration” (una creciente inclinación en el tremolo picking y el machaque de toque más Thrash), perfeccionándolo y entregando un material de 10 puntos.

El apartado de los riffs, entonces, es como mínimo formidable y cuando uno piensa que no hay nada más que escuchar, Steer se anima a darnos un repertorio de solos no muy virtuosos que digamos pero que le dan un nivel extra a todo el pack, algo que lamentablemente no fue del todo explotado en obras siguientes con Pintado y -el otro- Harris a las guitarras. El trabajo solista en “Walls of Confinement” y “No Mental Efforts” por ejemplo es absolutamente psicótico, a la vez que nos recuerda esa naturaleza horrísona y malévola de los solos de Carcass pre-“Necroticism” y que acá quedan como anillo al dedo al camino más oscuro y deather que consigue el grupo en la placa.

El mejor ejemplo de este énfasis en el Death Metal se encuentra en “Cause And Effect”. Si bien todas las canciones del Ep se mueven dentro de los mismos parámetros, el quinto tema explota esta dirección al máximo, sonando a algo así como si Slayer estuviesen hasta el culo de metanfetamina y pusieran a Cthulu de vocalista. Una burrada total en el mejor de los sentidos. Por si no queda claro, el inicio de “No Mental Effort” termina de despejar todas las dudas de que esta evolución llegó para quedarse.

Como es de esperar la labor vocal por parte de Lee Dorrian es una brutalidad, profunda como nunca antes e instalándose como un estándar de guturalidad dentro del género que inspiraría a incontables vocalistas a intentar ser más y más graves como sea posible, dando resultados que rozan lo ridículo hoy en día, pero eso es otra historia. Detrás de los gruñidos (a veces inteligibles, a veces no) se esconden letras que prueban cómo los británicos también dan el aprobado con la pluma, porque cualquiera puede decir “el sistema es una mierda” y no decir realmente nada, pero Napalm Death siempre se caracterizaron por tratar problemas concretos, con clara conciencia del mundo que los rodea y no respondiendo a una postura como incontables bandas que se autodenominan de protesta lo hacen. Sólo hace falta pasar a leer esa brutal denuncia al sistema educativo que es “Mentally Murdered” (aquí regrabada y con un solo de Steer añadido al final), de la cual recomiendo echar un vistazo porque no tiene precio.

Tanto música como letras denotan una mayor madurez, obviamente sin abandonar el sentimiento de “tenemos algo para decir y nos vas a escuchar, carajo!” que desde un principio constituye el ADN de Napalm Death junto con la despiadada base rítmica de Shane Embury y Mick Harris, acá algo más sofisticada y controlada que antaño, circulando seguido por el machaque a medio tiempo que ya se asomaba en temas como “Unchallenged Hate”, “From Enslavement To Obliteration”, o muy primitivamente en “Success?” pero agregándole un extra de musicalidad y hasta de atmósfera si se quiere. La velocidad sigue estando ahí pero un poco más racionada. De más está decir que aún en las secciones más lentas, lo que suena es brutalidad pura. Por tirar algunas que resultan especialmente demoledoras, el mencionado festival de palm muting que abre “Rise Above”, el quiebre previo al solo de Steer en “Walls of Confinement” o la bajada de decibeles que tiene “No Mental Effort” alrededor de 1:50 (un espectáculo).

Mención aparte a esa fuerza de la naturaleza que es Mick Harris, que no será el más técnico, se trastabillará en algún fill y entrará alguna que otra vez a destiempo, pero aun así firma un trabajo sumamente orgánico y casi que con vida propia, precisamente por las imperfecciones que pueden escaparse de vez en cuando, aunque aclaremos que no son muchas ni tampoco son para tanto. Algo similar ocurría con Ken Owen de Carcass aunque es justo decir que Harris se encontraba un peldaño por encima. Como sea, de ese sonido natural y orgánico ya quedaba poco en Napalm Death, puesto a que el reemplazo que llegaría en Danny Herrera, si bien un baterista más que competente, sí que es algo más mecánico y robótico comparado con lo que se escucha en esta era de la banda.

Como último factor a destacar, la producción a cargo de Colin Richardson termina de redondear una placa que sale triunfante en todas sus facetas, desde composición, ejecución hasta presentación. Todo es inteligible y cada grotesca melodía esculpida con los tremolos de Steer se puede discernir al 100%, una novedad ven aquél entonces, puesto a que la mayoría de los productores no sabían qué carajo hacer con semejante mole de ruido y el “sonar bien” era algo, al parecer, inalcanzable. Richardson fue uno de los primeros en tomarse esta música en serio y en hacer posible que bandas extremas tengan una grabación de calidad sin perder ningún ápice de brutalidad en el proceso (algo que se le ha achacado un poco a Scott Burns, a menudo acusado de tener producciones demasiado limpias, nadie de la banda quedó feliz con el resultado de “Harmony Corruption” por esta misma razón).

De esta magnífica formación hoy solo queda el gran Shane Embury, que a la larga fue quien se puso Napalm Death al hombro y se rompió la espalda durante más de 30 años para mantener viva semejante institución entregando discos de enorme calidad que nada tienen que envidiar a las obras que se dice clásicas, más allá de ese período un poco extraño que atravesaron en la segunda mitad de los 90 (el grupo que no haya tenido algún tropezón medio raro en esta época que tire la primera piedra). Como ya sabemos, tanto Lee Dorrian como Bill Steer abandonarían la nave tiempo después de editado este Ep para desarrollar otras inquietudes musicales que quizá la propuesta “cuadrada” de Napalm no les permitía explotar. El primero ya harto de la movida Grindcore (y de Harris) y cada vez más interesado por el Rock setentero con Sabbath como su banda madre daría inicio a Cathedral (en las antípodas musicales con Napalm Death, lo que lo llevó a ganarse insultos de mucho fan arenoso, algo similar a lo que le pasó a Justin Broadrick cuando hizo Godflesh) y el segundo pasaría a dedicarse full-time a Carcass, ya que -dicho por él mismo- solo veía a Napalm Death como algo para pasar el rato y sin demasiado futuro (irónicamente Carcass terminaron separándose y Napalm siguieron de largo).

En definitiva, “Mentally Murdered” es un broche de oro a la etapa más importante en la historia de Napalm Death. La formación futura iba a resultar la más duradera y representativa, pero la que más dejó huella en la historia del género es la que en este Ep se nos presenta, acá en su cúspide creativa y despidiéndose por todo lo alto para que Greenway, Pintado y Harris tomen la antorcha y la sigan llevando como unos verdaderos líderes.

Imperdonable saltarse aunque sea un solo tema. Una joyita imperdible del catálogo Earache ’89. Curioso como terminaron las cosas entre este sello y todas las bandas que pasaron por él, incluidos Napalm. Quien encuentre un músico con algo bueno para decir sobre Digby Pearson a día de hoy, le regalo un tapabocas.

Nada más. Imprescindible.

Lee Dorrian: Voz
Bill Steer: Guitarra
Shane Embury: Bajo
Mick Harris: Batería

Sello
Earache Records