Michael Schenker Group - One Night at Budokan

Enviado por El Marqués el Vie, 06/05/2011 - 13:42
287

Cara A

1.Armed and Ready 6:24
2.Cry for the Nations 5:32
3.Attack of the Mad Axeman 4:50

Cara B

1.But I Want More 5:24
2.Victim of Illusion 6:18
3.Into the Arena 4:45

Cara C

1.On and On 5:32
2.Never Trust a Stranger 6:07
3.Let Sleeping Dogs Lie7:18

Cara D

1.Courvoisier Concerto 3:42
2.Lost Horizons 7:22
3.Doctor Doctor 5:30
4.Are You Ready to Rock 7:10

En el primer volumen de su autobiografía, Bob Dylan describe la impresión que le causó escuchar la voz sobrenatural de Roy Orbison: “Sonaba como si cantara desde la cima del monte Olimpo y realmente se lo creyera”. Durante diez años, entre 1974 y 1984, el alemán Michael Schenker no necesitó creérselo; tocó desde la cima de ese monte. Con su Flying V creó, desarrolló y patentó un estilo inimitable, a caballo entre el lirismo y la expresividad, que, a día de hoy, nadie ha podido igualar.

Con 19 años abandona Scorpions, el grupo de su hermano Rudolf, e ingresa en UFO. Junto a Phil Mogg y Pete Way protagonizará la mejor época de la mítica banda inglesa, y en 1979 crea el Michael Schenker Group, formación cuya existencia llega a nuestros días.

Líder de su propia banda, su exquisita técnica, su característica finura, su expresividad en el manejo de la guitarra, funcionarán siempre al servicio de las canciones, en un equilibrio compositivo extraordinario. De hecho, en pleno 2011, y pese a llevar ya cuatro décadas grabando discos, nadie ha tachado jamás a Michael de onanista de las seis cuerdas. Él es ante todo un creador, un músico.

Creatividad y música a raudales, talento e interpretación sublimes, es lo que regaló a la humanidad en la sala Budokan de Tokyo, en un lejano show allá por 1981.

“One Night at Budokan” es uno de esos “live albums” que nos sirven para explicar al profano por qué jamás dejaremos de amar el rock. Me estoy refiriendo al impacto de la portada con las fotos de los cinco músicos y el logo con las iniciales del grupo, a la fuerza fonética del nombre de la sala, al estímulo que suponía seguir la trayectoria de ese héroe, el rubio y enigmático Michael, cuya imagen se salía de la del guitarrista heavy al uso, con sus cazadoras de aviador y el pelo corto...Un hombre que, en definitiva, podía permitirse hacer lo que le diera la gana.

No olvidemos que este tío venía de grabar con su anterior banda el “Strangers in the Night”, uno de los mejores directos de la historia, y, al frente de su propio grupo, le bastaron dos discos de estudio para salir otra vez de gira, regresar a Japón, y dejar su firma en otra obra de arte de la música en vivo para la posteridad, como si fuera fácil, presentando un repertorio totalmente nuevo, limitándose a rescatar un solo tema de su anterior formación, el inmortal “Doctor Doctor” en el tramo final.

Rodeado de una banda tan equilibrada y precisa como su música, con dos históricos como el ex - UFO Paul Raymond a los teclados y a la segunda guitarra, y el gran Cozy Powell a la batería, y dos músicos entonces más jóvenes y desconocidos, el bajista Chris Glen y el vocalista Gary Barden, hombre al que la memoria colectiva reconoce como El Cantante del Michael Schenker Group, nuestro hombre imparte una cátedra durante ochenta minutos, encorvado en su clásica pose sobre seis cuerdas que gimen, evocan, avasallan, empujan al resto de instrumentos como un ejército, y llenan de momentos mágicos esta grabación de estructura circular, que comienza con “Armed and Ready” y se cierra con “Are you ready to Rock”, dos piezas cañeras arquetípicas, uptempos destinados a poner a cien a la audiencia desde el inicio del show la una, y a asegurar que el personal abandone la sala con una sonrisa de satisfacción la otra, tras haber gozado de la oportunidad de corear el estribillo junto a un entregado Barden.

En medio, el afortunado público japonés -¡qué potra tenían los nipones!- ha disfrutado de la marea de punteos de Michael, con esa capacidad de aunar furia y melodías que se repiten y superponen hasta llevar las canciones a un éxtasis instrumental –escuchemos “Attack of the Mad Axeman”, “Cry for the Nations”, la demoledora “Into the Arena”-, de un Cozy Powell más contenido que de costumbre, de un Paul Raymond al que el frontman omite presentar junto al resto de la banda antes de atacar el himno instrumental “Into the Arena”, para otorgarle, posteriormente, un momento de gloria en solitario entre las calmadas “On and On” y “Never Trust a Stranger”, de gran trabajo pianístico ambas.

Es curioso percibir los detalles que encierran estas canciones. En la citada “On and On” el teclado suena como un clavecín, que Michael respeta hasta que hacia el final se desmelena. En “Never trust…” cede el protagonismo a sus músicos, y sólo interviene a partir de la segunda estrofa, punteando por debajo de la línea vocal y del piano. En otra de las lentas, la más compleja “But I want more”, la introducción es casi sinfónica, sugerente, ensoñadora, te permite imaginarte a Gary Barden silencioso y estático junto a los músicos, escuchando el desarrollo de la partitura, como si no se atreviera a intervenir, hasta que emite ese suave susurro, ese “Uh uh uh, uh uh uuuuh” que acentúa el misterio de la canción.

Y la forma de enlazar los temas en la recta final…El virtuosismo que aflora en “Courvoisier Concert”, con Michael y Raymond convertidos en David Gilmour y Rick Wright –este tema siempre me recordó a la primera parte del “Shine on you Crazy Diamond” de Pink Floyd-, intercambiando punteos de la Flying con atmósferas de los sintetizadores, para luego dar paso al silencio.

Los silencios del Budokan. Ese público atento al que puede uno sentir en la oscuridad, cientos de ojos rasgados expectantes una vez que ha desaparecido la música. Unos golpes de percusión metálicos, la guitarra que barrita como un elefante enfurecido, y el riff casi oriental de “Lost Horizons”, punteado primero, respondido por el eco después. El momento culminante de la velada, junto a las notas de piano que despiden esta suite e introducen la increíble “Doctor Doctor”, que suena pletórica, con ese solo de guitarra final.

Al acabar esta gira Michael sustituiría a Gary Barden por Graham Bonnet para su siguiente obra de estudio, el magnífico “Assault Attack”. Barden regresaría al poco tiempo y grabaría una última joya con Michael, el “Built to Destroy”, y otro excelente directo de memorable título, “Rock Will Never Die”, pero la cima de su carrera se recoge en cada segundo de las grabaciones del Budokán japonés. De hecho, a día de hoy, y pese a lo prolífico de su larguísima trayectoria, el hombre de la guitarra en forma de flecha ha cambiado innumerables veces de peinado y de músicos, pero la base de su repertorio siguen siendo las canciones del “Strangers in the Night” y de este inmortal “One Night at Budokan”.

Gary Barden: Voz
Michael Schenker: Guitarra
Paul Raymond: Guitarra rítmica, teclados, coros
Chris Glen: Bajo
Cozy Powell: Batería

Sello
Chrysalis