Manowar - Hail To England

Enviado por Cuericaeno el Jue, 30/10/2008 - 11:59
86

1. Blood Of My Enemies - 4:15
2. Each Dawn I Die - 4:20
3. Kill With Power - 3:57
4. Hail To England - 4:24
5. Army Of The Immortals - 4:24
6. Black Arrows - 3:06
7. Bridge Of Death - 8:58

Grabado y mezclado en tan sólo seis días, Hail To England capturó la esencia de la manufactura clásica y honestidad de un disco de Metal de los ’80, y la de unos Manowar que habían afianzado un sonido propio, tras despegarse desde su anterior y segundo trabajo, Into Glory Ride, de las rockeras y gamberras influencias Motörhead que con su álbum debut Battle Hymns patearon el Mundo a bandera desplegada, siendo auténticos reyes del Metal para ellos mismos y muchos más, y chiste andante para otros, pero lo que sí está claro es que estos neoyorquinos crearon un estilo, una tendencia que alimentaron con su épica de mitología nórdica, siendo uno de los principales precursores del Power Metal, y siendo este álbum en concreto uno de los pilares de aquel género y una de las mejores obras de esta banda que nos ocupa. Los ‘Metal Warriors’ hinchan sus bíceps a base de rasgueo de púa para deleite de los metalheads más devotos, disfrutando estos últimos, generación tras generación, de esta mítica batalla que libraron sus ‘conans’ favoritos…

”Three sons have I,
and they ride by my side:
The Fierce,
the Black
and the Wicked are their names…”

El disco despierta con un adormilado gatear de instrumentos que al grito de un joven y pletórico Eric Adams despabilan en forma de un sólido y marcado trotar de guitarras en mid tempo, proyectándonos el espejismo de un vasto ejército que marcha a matar y a morir. Se trata de Blood Of My Enemies, que majestuoso avanza custodiando las estrofas que con pasión y coraje descarga Eric, un gran clásico de la banda que aún patea tablas. Emotivo estribillo, que alcanza el cenit de su brillantez con el grito final de Adams.

Con el maléfico y robusto Each Dawn I Die nos encontramos con una especie de Mouth For War de Pantera que asusta por ser de los ochenta, pues guitarras más saturadas no se conocieron desde aquella visionaria distorsión que en los ‘70 dio cuerpo a un mastodonte eléctrico llamado Master Of Reality, parido, seguro que con dolor, por los legendarios Black Sabbath, sensación que desde esa segunda canción de Hail To England no se volvió a experimentar hasta que aquellos tejanos de nombre felino dieran otro giro de tuerca a la guturalidad guitarrera a principios de los ‘90. Este Each Dawn I Die es una delicatessen de la oscuridad y la contundencia, que uno la escucha en un trance de dientes apretados, meciéndose como un demente al compás del seductor y sórdido contoneo que traza el riff base, alumbrado éste por los sombríos chasqueos del bajo de DeMaio y el no menos sombrío registro de Eric Adams, que tan tenebroso mastica sílaba a sílaba el grandioso texto del verso (”Passing through the storm/Led by demons/Walk between the world of men and gods…”), avanzando instrumentos y voz como una implacable unidad, blindada y amenazante, para después cambiar el vocalista su talante a más pasional en ese ceremonioso puente al estribillo (”Smoke of my sacrifice/Journey to the Isle of the Blessed…”), donde DeMaio arrastra sus expresivos ligados de notas con sus bordones, desembocando en ese escueto pero intenso “Each dawn I die!” que hace retomar ese riff base y su sublime influjo… ‘led by demons’. Grandioso.

La batería de Scott Columbus galopa solitaria de cero a cien en pocos segundos, hasta unírsele la banda al completo con un presto proto-Thrash de alto octanaje… Estamos hablando del otro gran clásico Kill With Power, todo un ejercicio de técnica y potencia traído por estos hijos de Odín y de las madres que los parieron respectivamente, pues pese a toda pose y teatralidad, hay que reconocer que son unos titanes del género, y este tema lo atestigua a gritos, y gritos con vibrato, mucho cuidado. Este tercer corte irradia fiereza (verso) y sentimiento (pre-estribillo), con un estribillo simple pero efectivo, con esos ‘Die!’ que alarga Eric a intensidad y metraje destructivos, adornados por trayectorias propias de un portento en la garganta, de una de las voces más potentes que ha dado el movimiento. Las carcajadas finales las disfruta el cantante más que sus propias labores meramente musicales… ¡qué le gusta ser el más malo!. No olvidemos el demencial solo que se marca Ross The Boss en este tema, una montaña rusa de notas a la velocidad de la luz que ya se codeaba con aquel movimiento que en esa misma época trajeron bandas como Slayer desde América y Destruction desde Alemania.

El tema-título es otro himno de batalla de corte más épico y grandilocuente, más en su multitudinario estribillo que en el resto del tema, que se desenvuelve machacón pero con ese ambiente de eminencia y exhuberancia que ya desplegaban los Maiden del Piece Of Mind un año anterior con temas como Quest For Fire entre otros. Un estandarte de orgullo y un homenaje a esa fértil New Wave Of British Heavy Metal a la que tanto le debe este rollo de las guitarras eléctricas y las melenas al viento.

Army Of The Immortals se asoma con un riff de carácter muy clásico, del mismo del que acabamos de hablar, rompiendo en una emocionante pieza de Metal de vieja escuela donde nuestros ‘vikingos americanos’ (¿?) sueltan su dogma de fe metálica, formulando esas palabras mágicas, ‘Into Glory Ride’, que curiosamente las meten en todos sus álbumes menos en el que se llamó así… Anécdotas. El final es una escalada de gritos cada vez más enérgicos y agudos, donde Eric, sobre un fondo trazado por un alocado solo de Ross ‘el jefe’, va haciendo un ascendente bucle con la palabra ‘stronger’ hasta mantener el listón lo más alto posible que le dejan sus cualidades vocales.

Y aquí ya tengo que dar mi queja a estos tíos, mi tirón de orejas a unos músicos, que pese a ser para mí genios de este culto a la electricidad y el cuero, estaréis conmigo en que también tienen sus payasadas, que si las perpetraran al menos con buen hacer, haría que nos riéramos con ellos, no de ellos. Pero no es así, y aquí va la ‘gracia’ de nuestros americanitos machotes del Metal:

El penúltimo tema, Black Arrows, es un instrumental que empieza con una estrofa recitada a capella que reza así: ”Deja que cada nota que ahora voy a tocar/sea una negra flecha de muerte/mandada directa a los corazones/de todos aquellos que tocan falso Metal” (un aplauso para él, acaba de ganar un azucarillo). Y para rematar la faena, mete un cutre grito al estilo de los Venom más primarios, pero peor que si lo hiciera Cronos en su peor día de gripe, sirviendo este cómico alarido de pistoletazo de salida a una sin razón de notas de mucha velocidad y poco sentido, a cargo del gran Ross The Boss, que en este instante no me parece tan ‘gran’, pues con el tapping se pueden hacer cosas realmente bellas y salvajes al mismo tiempo, pero he de decir que este Black Arrows es una molesta piedra en el camino, ensucia el terreno que pisan tan grandes temas, y que ya se encargó Carl Logan de superar tal corte con aquel magnífico My Spirit Lives On del Louder Than Hell del ’96, donde ahí sí que hay que arrodillarse, y sin presencia de insultos simbólicos hacia lo que ellos creen que no es ‘auténtico’. ¿Os digo, Manowar, todos esos nombres a los que tenéis que agradecer vuestra existencia?, pero no, ellos, los últimos monos, son los auténticos. Dejémosles en su burbuja, a ver si van a coger un trauma al reventársela, pues después de todo me caen casi bien y llevan demasiados años creyéndose que los 4 reyes del Metal existen (y que son ellos), y como si fueran los 3 de Oriente, mejor no les decimos nada aún, ¿no?. Ustedes decidís.

Y no vamos a despedirnos mal de una banda que pese a toda estupidez no deja de ser una mina de legendarios himnos, así que seguimos avanzando y a ese burro-piedra convulso en medio del sendero lo sorteamos dejando atrás sus rebuznos de ‘Death to false Metal!’, para cruzar el puente de la Muerte, el último enclave del recorrido. Bridge Of Death sigue la estela, aunque no con el mismo éxito ni grandeza, de aquel majestuoso Secret Of Steel de su anterior obra magna Into Glory Ride, pero se porta, cumple bastante, adentrándonos en el primer tramo de ese puente a través de una fina catarata susurrante de arpegios acústicos, alumbrados desde el flanco derecho por una tecleada sección de cuerda que balancea levemente en un flanger, pareciendo todo ello el comienzo de una canción de Rock Progresivo, como si tuviéramos un melotrón a la diestra y un Robert Fripp púa en mano a la siniestra, para luego aparecer un meloso Eric Adams de cálido eco que completa la magia del momento.

Bien entrados los dos minutos y medio, aparecen las eléctricas y la batería, presentándonos un riff simple pero de gran carácter sobre el que Eric extiende su texto. La sesión de solos no tiene desperdicio, emanando éstos un ambiente setentero por sus dejes y aspavientos que hace subir aún más la categoría de clásico que ostenta el tema. Después de que la misma voz que avisaba de las flechas de la Muerte recite su texto tras los solos, llega el cenit del tema [6:04] con una sentida línea vocal que nos envuelve de nuevo en ese halo épico del principio del tema, pero con más fuerza esta vez, para luego volver al verso, terminando éste con una grave escala por parte del cantante que con buen control se mantiene firme tanto en su subida como en su bajada, luciéndose ese torrente que tiene el frontman y despidiendo el tema con otra tanda de carcajadas, como hiciera en Kill With Power (¡Qué feliz es este hombre!). Gran pieza épica, como pocos saben hacer.

Manowar, con ese tercer evento deci-bélico de su discografía, traía un mensaje implícito de agradecimiento en su título, agradecimiento a Inglaterra por haber dado a luz a tantas glorias del género, así que, después de todo, ellos saben de dónde vienen, por lo que yo les pregunto a ellos que, entonces, ¡¿qué diantres traéis con lo de reyes para acá y reyes para allá?!. Bueno, me limitaré a decir que son muy grandes, pero que por saberlo no se les hinche el pecho mucho, que a ver si van a lastimarse así más que con el gimnasio.

¡Larga vida al verdadero Metal!...
…¡Ah!... y a Manowar también :-).

Eric Adams - Voz
Joey DeMaio - Bajo
Ross The Boss - Guitarra
Scott Columbus - Batería

Sello
Geffen