Leather - Shock Waves

Enviado por Cuericaeno el Dom, 29/07/2012 - 01:28
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1. All Your Neon (4:24)
2. The Battlefield of Life (5:38)
3. Shock Waves (4:14)
4. In a Dream (5:22)
5. Something In This Life (4:10)
6. Diamonds Are For Real (3:54)
7. It's Still In Your Eyes (3:58)
8. Catastrophic Heaven (3:42)
9. No Place Called Home (4:41)

En pleno ocaso de una década inigualable que fue la de los ’80, el AOR maduraba con señorío mientras que a muchos de los nombres clave del Heavy Metal se les acababan las balas. 1989 fue agridulce, pues mientras que en Accept ya no gruñía Udo, Black Sabbath vivía una tercera juventud con Tony Martin, o a la vez que Adrian Smith abandonaba el barco en Maiden el moribundo Thrash se reencarnaba en nuevas entidades como Annihilator. Por ello, en los reductos ajenos a las portadas de revistas y a los escándalos del género, la guerra seguía, y tropas de segunda y tercera fila seguían como voraces termitas abriéndose paso por galerías alternativas para seguir equilibrando la balanza que muchos de los grandes inclinaban hacia el desastre. Y como es normal, entre esos nombres semiocultos también surgían divorcios artísticos, unos definitivos, y otros temporales como fue aquél que disgregó a ciertos músicos de un grupo llamado Chastain para formar otro llamado Leather, siendo esta última la formación que trataremos en las siguientes líneas.

Leather, liderado por la fabulosa cantante Leather Leone, era un proyecto que ella mantenía en paralelo con ese otro llamado Chastain, banda en la que fue vocalista del año ’84 al ’90 antes de ser sustituida por la rubia Kate French (Vainglory). La morena alistó en su nueva milicia sónica a músicos que, como ya dije, tomó prestados digamos del equipo de David T. Chastain, como el bajista David Harbour y el batería John Luke Hebert, dueto rítmico que un año después y junto a la misma Leather grabarían el último disco que haría ella con Chastain, For Those Who Dare. Por último, el guitarrista Michael Harris, si aún no guardaba relación alguna con Chastain (músico, no banda), curiosamente acabaría años después formando equipo con él en Zanister (no sin antes grabar juntos un directo en el ’92 al más puro estilo de los del G3). Al final todo quedaba en casa, la red de músicos se seguía relacionando entre el líder de Chastain y la que fue su vocalista genuina.

Shock Waves es la única obra que firmó esta banda, un disco potente y honesto, Metal tradicional sin adulterar, pero con la particularidad de contar con ese vibrante plus del cromosoma XX que tan estupendamente se integró en las voces del heavy.

El desafiante avance de la inaugural All Your Neon ya te avisa de que la fiesta promete y que merece la pena quedarse hasta el final. Un inicio rompedor, Leone lanzándote cada palabra a modo lanzallamas en el verso, pre-chorus de aguerrido cabalgar y estribillo en tono apocalíptico donde nuestra chica dilata con furia su megatónico fiato. A la Leather le iba la tralla (seguro que de chica prefería las pistolas de mixto antes que las Barbies), y el sonido que la custodió en Chastain quiso mudarlo a su banda y con un resultado más que decente: dura base rítmica, punteo presto y oscuridad a raudales. A ella no le iba el Glam pacífico de sus compañeras de peluquería Vixen, ella nació para ser una femme fatale de la escena, una pantera negra como demostró en Chastain y demostraba aquí, en su por entonces único álbum en solitario, al menos el único bajo el monicker de Leather.

De The Battlefield of Life me sobrecoge su forma que tiene de romper tras su engañoso disfraz de balada, con ese trote tradicional (tremendo aquí el bajo de David) que se manifiesta de golpe tras formular Leone las palabras mágicas, que no son otras que el nombre de un corte que funciona como un Don’t Talk to Strangers de Dio pero con armas de mujer. Toda una bomba lacrimógena ese final del tema-título, Shock Waves, donde la vocalista se sube hasta llegarnos bien cerca sus “ondas de choque”.

Y en el apartado de guitarras, Michael Harris hace una encomiable labor, que da su primer gran fulgor en la electroacústica In a Dream, electroacústica hasta en los solos, jugando Michael con su pedal para bordarnos sus punteos en dos trazos diferentes. Las preciosas líneas de bajo de David se hacen notar también, sobre todo en la parte acústica, donde escucharemos a las cuatro cuerdas meditar sus sutiles notas por parejas. Y si ya sería para encerrarme no citar las subidas que pega la de San Francisco en cada umbral donde rompe la pieza, que un rayo me partiera en cuatro si no os avisara de ese grito que nos clava en el minuto 2:17, que en un segundo nos catapulta el alma a su séptimo cielo al más puro estilo Ian Gillan o Rob Halford. Toda una diosa, apócrifa, pagana, no contemplada en las sagradas escrituras de nuestro género; sí, pero diosa.

En la hercúlea Something In This Life demuestra el hacha Michael lo poco huérfana que se quedaba la señorita Leone pese a no poder contar esta vez con su colega Chastain, pues el impecable shredding de Michael aquí resplandece lo suficiente como para que no se eche de menos al diestro David, fractalizando el halo de riqueza que ya de por sí irradia este corte impulsado a doble bombo por el gran John Luke, batería que muchos años después formaría parte del grupo de King Diamond, y por sobrados méritos.

El bajo de David Harbour nos introduce en las sombras preliminares de Diamonds Are For Real, una canción de gran fuerza que rasguea cuerdas al son de ese trote tradicional a lo Restless and Wild de Accept, pareciéndose también mucho el riff en sí al del hit de los de Solingen. Las guitarras acústicas vuelven, y esta vez para quedarse más tiempo en la compungida It's Still In Your Eyes (emocionante su solo de rigor), mientras que Catastrophic Heaven nos marca un rudo mid-tempo de talle sombrío, donde me llama la atención esa parte tan tenebrosa donde la voz de la californiana rebota en la bóveda celeste de ese Cielo Catastrófico, mientras nos narra como en trance su propia pesadilla.

La última vuelta de carrera llevaría el nombre de No Place Called Home, y hacía tiempo que recorriendo las pistas de este álbum habíamos atravesado una especie de división de Cassini que a partir de ella ya orbitaban sólo los medios tiempos, siendo este corte procesional el último de ellos y el que cierra el disco con su halo de melancolía, soledad y vacío, el que expone la letra e interpreta la vocalista tras ese exótico comienzo. Con esta densa pieza de sobrio acorde y regio tono se despedía el debut de Leather, un disco que no puede dejar pasar nadie que esté interesado en el inabarcable patrimonio musical que nos legó aquel decenio que en fechas de este álbum ya vivía su orgullosa vejez. 40 minutos de magia ochentera, ¿y es que hacía falta más metraje por aquel entonces?

En este año 2012 nuestra capitana resurgió de sus cenizas tras 22 años de silencio, sacando un álbum (Imagine Me Alive) con el que estrena otro proyecto llamado Sledge Leather, conjunción de nombres entre el suyo y el de Sandy Sledge, la que fuera batería de su banda primigenia Rude Girl (más tarde reformada bajo el nombre de Malibu Barbi en el ‘86), y que aquí se reunía con su antigua compañera de armas contando también en este proyecto con nada menos que Jimmy Bain al bajo y Scott Warren, el que fuera teclista del grupo de Dio durante la última etapa en solitario de nuestro añorado elfo.

Aunque nunca negaré la celsitud de divas del Metal y del Rock como Doro Pesch o Lita Ford, veo injustas las sombras que cubren a una artista que demostró una inmensa valía que se hizo escuchar y sentir con creces, encandilando a los que hemos tenido la suerte de toparnos con su garganta incendiaria. En la escena no había sitio para todo el mundo, eso está más que claro, pero en el saber de cada uno sí por aquello de que éste no ocupa lugar. Por ello, los que aún no tengáis el gusto de conocer las honrosas gestas metálicas de esta musa del cuero y el acero, hagan sitio en vuestro corazón y sientan el incurable zarpazo de la pantera californiana y su banda, los fugaces pero intensos Leather.

Leather Leone: Voz
Michael Harris: Guitarras
David Harbour: Bajo
John Luke Hebert: Batería

Sello
Roadrunner Records