King Crimson - Lizard

Enviado por Cuericaeno el Mié, 13/08/2008 - 00:59
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1. Cirkus including Entry Of The Chameleons (6:27)

2. Indoor Games (5:37)

3. Happy Family (4:22)

4. Lady Of The Dancing Water (2:47)

5. Lizard (23:15)
I. Prince Rupert Awakes
II. Bolero - The Peacock's Tale
III. The Battle Of Glass Tears:
a. Dawn Song
b. Last Skirmish
c. Prince Rupert's Lament
IV. Big Top

Según la alquimia, el lagarto (lizard) está asociado con el tercer elemento, el fuego.

Como caracteres de un códice, coloristas e intrincadas se plasman sobre imaginería diversa las letras que dan nombre a una banda, presentando una obra magistral que muestra su épica y extravagancia desde su rostro hasta su alma. King Crimson lanzaban su tercer trabajo, Lizard, dando un paso adelante respecto a sus dos primeras obras, estrenando nuevas facetas aunque sin perder su sinfonismo e identidad de siempre.

Su líder, Robert Fripp, en su continuo renovar de miembros, sumó instrumentos a su proyecto, tanto clásicos como modernos, siendo su banda pionera en probar aquel nuevo invento que fue el VCS3, un sintetizador que más tarde fue muy usado por las grandes bandas de Rock Sinfónico de la época, un aparato revolucionario, sobretodo por su portabilidad, pudiendo ser llevado y usado en los directos. Aquel Lizard prometía ser un viaje interesante por el lisérgico mundo del Rock Progresivo, sonando ancestral y actual, en un contraste de aspectos que es repartido individualmente a lo largo del profundo y arcano espacio del álbum, contando esta obra una vez más con el gran genio Sinfield a cargo de las letras, impregnando de simbología ocultista la ya de por sí enigmática música. La magia está servida…

”Noche: Su bóveda negra salpicada de diamantes,
Fundió mi polvo desde un año luz.
Me apretó contra su pecho, me tiznó de carbón.
Enhebró mi urdimbre a través del tiempo.
Me dio un caballo, un alba y una tumba.
Me dijo que sólo yo era Ella;
Me ofreció encarar el Este, me envolvió en preguntas.
Erigió el cielo para mi alba.”

[de Cirkus]

La obra es abierta por el misterioso Cirkus, un psicodélico tema que empieza minimalista y luego despliega toda su sofisticación y ambigüedad. Entre etéreos goteos de teclado entra una extrañísima línea vocal, susurrada de forma hipnótica por Gordon Haskell, luego el huracán Crimson pasa a la acción. Los instrumentos gravitan alrededor del cantante como una bandada de distintas especies, exóticas, que aparentemente van cada una a su libre albedrío, pero no es así, pues todas siguen un mismo plan maestro…

Los dementes barridos acústicos que arpegia Fripp a tu izquierda, mientras a tu derecha suena ese tétrico melotrón que parece un hammond de ultratumba, la sincopada percusión, esa demente melodía vocal… En fin, toda esa envolvente amalgama de sonidos crea una sensación en ti que parece que estás asistiendo a música de otra dimensión, como si una cultura milenaria de otra esfera lanzara al espacio sus artes para perpetuar su legado, o como señal de que existen, con la esperanza de que el azar llevara su liturgia a algún oído inteligente que captara y admirase su extraño pero solemne arte.

La experiencia con Cirkus al principio puede ser la más caótica y odiosa, pero después, educando el oído, puede ser la más enriquecedora y divina que hayas sentido en toda tu vida de melómano, pues no encontrarás nunca nada igual.

Menos ceremonioso y oscuro se presenta Indoor Games, una especie de cómica gramola tripulada por las añejas maneras de Haskell, que como un cantante de los ’50 nos zambulle en los sórdidos casinos clandestinos, sórdidos como la risa con la que el vocalista despide el corte. Happy Family mantiene el mismo ambiente jocoso pero desde un escenario más extraño y anacrónico, con esa voz alterada electrónicamente, que junto con los raros y desenfadados andares que lleva el corte y lo enfermizo de sus letras, nos hace saltar en el tiempo a 20 años por delante para escudriñar las fechorías sonoras, que mediante sucias demos, se traían unos Spooky Kids, liderados por el ‘dios de la anti-música’ Marilyn Manson. Esa sensación ‘futurista’ desaparece en cada instante en el que la melancólica flauta de Mel Collins se pasea ante nosotros, volviéndonos a recordar que estamos en los ’70, escuchando a las huestes de Fripp.

El espíritu de anteriores obras nos visita con Lady Of The Dancing Water, en la que la antes mencionada flauta de Collins cobra más protagonismo, una balada hermana de aquel I Talk To The Wind que habita en el primer álbum de Crimson, dándole ese toque de paz y armonía que ya pedía el álbum tras tanta vesania.

El disco llega a su momento más épico y trascendental en su larga suite, su pieza homónima. Lizard se compone de varias partes, la primera es Prince Rupert Awakes, cantada por un invitado especial, Jon Anderson del grupo Yes, con una dulcísima tesitura, muy angelical, que recuerda a los momentos más grandes de los Genesis de Peter Gabriel. Anderson abre un tema melancólico en su comienzo, pero que al romper se vuelve muy vitalista, con coros y palmas incluido. El tema más tarde cobra intensidad con ayuda de los celestiales coros y el no menos celestial melotrón, que emula a la clásica sección de cuerda que tanto engrandece los temas de Crimson.

Y tras esa electrónica sección de cuerda, era ya momento de aunar con más presencia la sección de viento real con la que contaba la banda, Bolero – The Peacock’s Tale se presenta como un extenso instrumental de gran densidad y hermosura. La pieza nos sumerge en la exquisitez más calma y elegante por medio de un mágico y emotivo oboe, para después, de súbito, marcarse el grupo una vivaz jam session de cálidos saxos y nervioso piano, en un delicioso episodio Jazz muy evocador. Luego llega el tercer acto, ’La Batalla de las Lágrimas de Cristal’, dividida en 3 partes: ’Canción del Alba’, ’Última Escaramuza’ y ’Lamento del Príncipe Rupert’

Esa ’canción del alba’ es cantada sobre un calmo y sombrío pasaje que dibuja un señorial corno inglés, para tras él describir Haskell el despuntar de las primeras luces de la mañana y el despertar de los guerreros para la batalla, ’formando líneas de caballo y acero’. La ’última escaramuza’ entra a camballadas por la jazzística batería, mugiendo sobre ella raucos saxos, para luego poco a poco el caos adueñarse de la pieza, donde los instrumentos se entremezclan en la confusión capitaneados por esos saxofones, los mismos que tan sucios y roncos batallarían en próximos lanzamientos de la banda. El bajo llama al orden y a la calma, y se le obedece, pero por poco tiempo, pues los saxos se encaprichan en terminar esta ‘escaramuza’ con bronca.

Vuelve la calma, para traernos en su lomo el ‘lamento del Príncipe Rupert’, que es sinceramente eso, un lamento, emitido por la guitarra de Robert Fripp en un distante y eléctrico solo que en sus tristes estremecimientos desafía al mismo Tiempo, sonando muy moderno y ‘heavy’ pese a la época en la que fue engendrado, con todo el poder y expresividad que sólo la visionaria genialidad de Fripp pudo firmar.

Llega la despedida, Big Top es como un residuo espiritual de Cirkus, que vaga como un fantasma a modo de cabalgata circense, cruzándose ante nosotros esa alocada fanfarria hasta desaparecer entre la niebla, como una especie de película condenada por siglos a reproducirse.

La música de este mundo y su historia es resumida a grandes trazos en esta obra, incluso atravesando las barreras de nuestra propia concepción. Este Lizard tiene su momento medieval, su ensoñación Jazz, sus rockeros episodios, su halo moderno y, ¿por qué no?, su espectro extraterrestre, tanto en el bizarro tema que lo abre como en ese primer cara a cara de la banda con los sintetizadores. Y es que Lizard, como su nombre indica, es un lagarto, que se mimetiza con el entorno como el camaleón, mostrándonos diferentes matices en su paseo por la senda de la música, de la buena música.

Robert Fripp - Guitarra, melotrón, teclado
Gordon Haskell – Voz, bajo
Mel Collins – Saxofón, flauta
Andy McCulloch - Batería
Peter Sinfield - Letras, VCS3

Músicos adicionales:
Keith Tippett - Piano, piano eléctrico
Robin Miller - Oboe, corno inglés
Mark Charig - Corneta
Nick Evans – Trombón
Jon Anderson - Voz (tema 5, parte 1ª – “Prince Rupert Awakes")

Sello
Discipline