Iron Maiden - Rock In Rio

Enviado por Hawkmoon el Mar, 01/03/2011 - 18:03
7

Disco 1

1. Intro - Arthur's Farewell
2. The Wicker Man
3. Ghost Of The Navigator
4. Brave New World
5. Wrathchild
6. 2 Minutes To Midnight
7. Blood Brothers
8. Sign Of The Cross
9. The Mercenary
10. The Trooper

Disco 2

1. Dream Of Mirrors
2. The Clansman
3. The Evil That Men Do
4. Fear of The Dark
5. Iron Maiden
6. The Number Of The Beast
7. Hallowed Be Thy Name
8. Sanctuary
9. Run To The Hills

Iron Maiden le daban una de las mejores noticias del mundo, al feudo metalero, el dia que anunciaron que Bruce Dickinson, el arma insígnia de la doncella, volvía a finales del siglo 20, dispuesto, teóricamente, a quedarse, y para siempre, en el seno del combo del que nunca debió partir.

La emoción de los fans se palpaba en el ambiente, y después de un tour colosal, el "Ed Hunter Tour 99", en el que la banda demostró, de nuevo, su poder en los escenarios, y cimentó las bases de su regreso a los altares del gremio (después de la era Bayley, que pese a tener su calidad no contó con apoyo ni buenas ventas), le llegaba a nuestos Iron Maiden el turno de demostrar su vigencia en el año 2000.

"Brave New World", el disco que vió nacer a los Maiden de tres guitarras (y seis miembros), contó con una crítica de lo más positiva, unos temas de lo más decentes (unos más que otros) y como no, el disco de marras contó con un tour de los de antes: mucha carne en el asador, quince camiones para el equipo, 80 personas de crew, y la ilusión del planeta Metal entero, que veía, de nuevo, a Iron Maiden en la cúspide, ya no del Metal, sinó del Rock en general. Todos los medios se hicieron eco del huracán Maiden 2000, y la bandaza británica, volvía a estar en la cresta de la ola.

Un tour lleno de éxitos y llenazos históricos (además, con teloneros del renombre de Entombed, Halford o Queensrÿche) hizo agonizar de gusto a los millones de seguidores de la doncella y en plena fiebre Maiden, era obvio, que la inquieta mente de Rod Smallwood (la luz que guía a Steve Harris) iba a planear una nueva estrategia, que además de calmar las ansias del fan a la espera de nuevo material, llenase, aún más, las arcas de la bestia. Dicho plan se estampó como el directo "Rock In Rio", el encargado de inmortalizar uno de los mejores momentos, a nivel ventas y a nivel entusiasmo de los seguidores (que no a nivel musical). Rio de Janeiro, otra vez, se iba a convertir en la cuna del mejor Heavy Metal. Suertudos.

Iron Maiden, que ya habían tocado en la primera edición del festival, la de 1985, con titanes de la talla de Queen, Whitesnake, AC/DC, Ozzy Osbourne o Scorpions (impagable ese Bruce sangrando, mientras se desgañita en pleno show, sin duda, los reyes del festival), y declinaron la oferta en su segunda edición, se sumaba (y de paso, encabezaba) la tercera edición, del dia dedicado al Metal, junto a monstruos del calibre de Rob Halford o Sepultura. Un fin de tour, como cabezas de cartel en uno de los festivales más grandes del mundo, en Enero de 2001, parecía un momento ideal para grabar otro directo que enseñase al mundo entero como seguían, de duros y entregados, nuestros Maiden ante su público.

"Live After Death", "A Real Live One", "A Real Dead One" o "Live At Donington 92", directazos temibles, y amados intensamente, eran tesoros totales, y el quinto bebé musical nacido del directo, la entrega, los focos y el sudor, no podía ser moco de pavo. "Brave New World" había dejado un sabor de boca estupendo (a muchos) y el cierre a la victoria, la celebración post-batalla, debía tener sus huevos. "Rock in Rio" nació con ganas. Con ganas de gustar, y joder, lo consiguió. Vamos tira, que tocan los Maiden. Pilla primera fila. Voy a por una buena cerveza y una camiseta. Nos vemos en nada.

Lo primero que nos encontramos al chocar con el doble directo (sí, doble, en la línea del mítico "Live After Death") es con una portada muy de directo, con el escenario echando humo por la presencia de la banda, y con el Eddie del "Brave New World" (o sea, un Eddie-nube) vigilándonos de cerca. Muchos llevan toda una vida esperando el regreso del gran Bruce a Maiden, y ahora, frente a unas audiencias hambrientas del mejor Metal, llega el momento de oro. Bruce, Adrian, Steve, Nicko, Janick y Dave, los seis magníficos (o la Kelly Family del Metal) se preparan para la batalla. ¿Lo estás tú? Vamos con el primer disquito...

"Arthur's Farewell", intro molona, del film "First Knight", con Sean Connery y Richard Gere, nos da la bienvenida al show de los británicos, y pasados unos minutos plagados de coros, e intensidad medieval, nos cae encima "The Wicker Man", el primer disparo de las hordas de Harris, e inicio, también, del estimable (a ratos) "Brave New World". Maiden siempre abren sus shows con el primer tema del trabajo a presentar. Sorpresas, las justas. Pero siempre, sorpresas molonas. El tema abre la caja de los truenos, el público enloquece, Bruce ruge que da gusto, el bajo de Steve retumba toda Sudamérica, el resto de los Maiden se esmeran por mejorar la versión del disco (cosa que casi consiguen) y nosotros, los oyentes, ya respiramos tranquilos. Sólo por el tema ya nos vale la pena la pasta que nos hemos dejado.

Maiden se sienten orgullosos de su nuevo trabajo, y qué mejor forma de demostrarlo que vomitando dos engendros más, "Ghost of The Navigator" (donde Bruce demuestra su poderío vocal) y "Brave New World", el tema-título de la ofrenda actual, que si bien no está tan pulido como en el disco, si que tiene una mayor dósis de energía y entusiasmo vivaz. Maiden siempre suenan como en disco, y a veces, mejor aún. Puede que "Brave New World" marque, para mí, el inicio de los Maiden que menos me gustan (aún tenían que llegar peores momentos, eso sí) pero nadie se puede resistir al entusiasmo que emana cualquier disco en vivo de los guerreros de Steve Harris. Uno queda, literalmente, atrapado por las melodías Maiden, ya sean de nivel 10, o 3. Maiden tienen magia, y en directo, se sobran.

"Wrathchild" y "2 Minutes To Midnight" nos ponen los pelos de punta, haciéndonos vivir, de nuevo, el misticismo salvaje de los dorados ochenta, mientras que "Blood Brothers" (para mí, con cierto tufo a "Virtual XI", muy con ese caminar preciosista y simplista) demuestra que se puede convertir en un himno a la primera de cambio. Si hay algo que aplaudir de Maiden, además de su entrega sin igual, es su valor respecto a las nuevas composiciones. Desde siempre, Steve Harris ha dejado caer, en cada tour, mucha nueva carne, con la esperanza de convertirla en clásica, y muchas veces, en honor a la verdad, la cosa le ha salido bien redonda. "Fear of The Dark", "The Evil That Men Do" o "The Trooper" (por citar tres temas que me pirran, al azar) nunca se habrían convertido en temas esenciales si la banda no se hubiese molestado en macharcarnos con ellos. Valor y calidad. No vamos nada mal. "Brave New World" no me mató en exceso, pero coñes, viendo como lo defienden nuestros chicos, habrá que seguir explorando en el disco azulado. Lo prometo.

"Sign Of The Cross" (tema que Bruce canta muy bien, pero que en voz de Blaze Bayley me parece muy superior), "The Mercenary" (más leña de nueva orden, y francamente molona, muy traviesa, y con más huevos que en disco) y "The Trooper" (uno de los mejores momentos del show, con la banda entregada al máximo, y el público, deshecho de placer) nos finiquitan la primera hora de show con unas buenas maneras de impresión. Maiden demuestran que en los escenarios muy pocos les pueden hacer sombra. Además, pocos gozan de un amor tan incondicional por parte de una legión de fans. Bruce se deja la garganta en cada tema, pero lo bueno, es que las 250.000 almas que viven el show, también lo hacen. No se sabe dónde acaba el concierto y quiénes son los músicos. Todos, en éste pedazo de show, somos Iron Maiden. Vamos a por el segundo CD. A ver qué pasa...

"Dream of Mirrors", la encargada de cerrar el periplo actual (el nuevo, y bravo, nuevo periplo) tiene su miga en directo, las guitarras suenan perfectas, muy poderosas y nítidas, y se nota, o almenos, yo, intuyo, un poso muy a lo "Seventh Son" en el aura del tema (bueno, y de todo el "nuevo disco bravo"). Misticismo, aires progresivetes y un Dickinson dándose, casi, la vuelta, de tanto y tanto esforzarse. Bruce no suena tan icónico y afilado como en los primeros ochenta, ni tan tenaz como en el tour del "Fear of The Dark" (su momento de oro, a nivel vocal), pero sigue siendo un Metal God en el estilo. Timbre único. Agallas, elegancia y locura británica. No imagino a nadie más, con el micro en la mano. Bruce es la voz de Maiden. El circulo se cierra.

El moderno "The Trooper", cargado con un plus de sensibilidad y épica, o sea, "The Clansman", mejora, y mucho, la primera incursión de Bruce en los terrenos Bayley. Así como "Sign Of The Cross" no me pega nada con Bruce, "The Clansman" sí que parece un tema, made in Dickinson, de toda la vida. William Wallace estaría contento. Su tema mejora con los años, como también mejora, y sube el nivel del concierto, un tremendo "The Evil That Men Do", en el que queda claro, que las tres guitarras de Maiden, pese a ser demasiado, le dan mucho cuerpo a los himnos de toda la vida. Janick, Adrian y Dave, los tres amigos, parecen uno. Maiden son, ahora, como un gigante con tres pollas, y es normal que se quieran divertir.

"Fear of The Dark" (perfecta, con un Bruce más ido que nunca, y una voz, en la intro del tema, que supera a la versión del Donington 92), "Iron Maiden" (cañera), "The Number Of The Beast" (esperada, y sinceramente, mejorable, pero con fuelle) y "Hallowed Be Thy Name" (por siempre, uno de mis temas predilectos, y en ésta ocasión, un tesorazo) actúan de regalos para los fans de siempre, que pese a quién pese, son los que han puesto a la banda donde está. Es de bien nacido ser agradecido. Maiden nos dan las gracias con unas hostias como panes. Muchas gracias, Steve.

"Sanctuary" (tema que no se tocó prácticamente en todo el tour, salvo en un par, o tres, de ocasiones) y la legendaria "Run To The Hills" (con la audiencia flipando, literalmente) cierran el quinto discazo de Iron Maiden en directo, y desde luego, lo hace con huevos y maestría. Un cierre de puta madre a un disco con mucho carisma.

No soy el mayor de los defensores de los Maiden post-2000, pero joder, éste trabajo tiene algo especial, que incluso hace que me olvide de lo cerca que estaba, en mi opinión, el fin creativo de mi doncella predilecta. Conciertazo, bandaza, lujazo de temas (aunque un "Afraid to Shoot Strangers" o un "Wasted Years" no le habrían hecho daño a nadie) y un infaltable, para aquellos devotos de los discos en vivo. Maiden ya no brillarían, nunca más, como en 1992, pero bueno, con "Rock in Rio" ni te enteras. Disco que nos hace creer en la magia del Metal.

4 cuernos (medio-altos) para ésta cañita maja.

Bruce Dickinson: Voz
Dave Murray: Guitarra
Adrian Smith: Guitarra
Janick Gers: Guitarra
Steve Harris: Bajo
Nicko McBrain: Batería

Sello
EMI