Iggy Pop - American Caesar

Enviado por El Marqués el Sáb, 18/12/2010 - 02:54
1893

1.Character – 1:07
2.Wild America – 5:52
3.Mixin' the Colors - 4:49
4.Jealousy – 6:04
5.Hate – 6:56
6.It's Our Love – 4:09
7.Plastic & Concrete – 2:55
8.Fuckin' Alone – 4:56
9.Highway Song – 3:44
10.Beside You – 4:29
11.Sickness – 3:15
12.Boogie Boy – 4:53
13.Perforation Problems – 3:15
14.Social Life – 4:12
15.Louie Louie – 3:47
16.Caesar – 7:09
17.Girls of N.Y. – 4:15

Consciente de su condición de ídolo, de referencia para todos los músicos que dominaban la escena del rock en la década de los noventa, Iggy Pop cumplió su propia profecía (“Haré mis mejores discos dentro de diez o quince años” anunció a principios de los ochenta), y se sacó de la manga en 1993 el mejor Lp de toda su carrera en solitario.

En los días del existencialismo musical, donde todos andábamos deprimidos y aplanados escuchando las tristonas historias de falta de adaptación del agobiado Eddie Vedder, o los misiles sónicos de aquellos primeros Tool tan grisáceos, el padrino del Punk se descojonó de nuestra inmadurez juvenil y coló en las listas una serie de canciones oscuras con títulos como “Odio”, “Jodidamente Sólo” o “Enfermedad”, ofreciendo una lección de interpretación como sólo podía hacer alguien que, a diferencia de otros, sí las había vivido de todos los colores y sabía lo que era pasar hambre, frío e incomprensión para hacer llegar su música al resto de los mortales.

Tras aportar entre 1969 y 1973 al frente de los Stooges un legado que por sí sólo le coloca entre los clásicos, su posterior trayectoria está jalonada de esporádicos golpes de talento, patinazos artísticos y fracasos comerciales. Cuando editó en 1988 el cañero “Instinct”, y salió de gira con el guitarrista de los finlandeses Hanoi Rocks, Andy McCoy, se percibió que la Iguana atisbaba cambios en el negocio y deseaba posicionarse en vanguardia, como siempre ha estado en realidad.

“Brick by Brick”, su contribución a 1990, confirmó que el artista se encontraba en plena forma creativa, al tanto de lo que demandaba la audiencia, y se rodeó de colaboradores que también se encontraban en el mejor momento de sus carreras, como los gunners Slash y Duff McKagan. El año anterior había intervenido en el “Sonic Temple” de The Cult, aportando coros al tema “New York City”, en la cara B del disco más heavy de la banda de Ian Astbury y Billy Duffy.

Y en 1993 posó, para la portada de su nueva obra, con su piel de reptil casi azul, apergaminada, entre luces y sombras, la melena más larga y negra que nunca, y esa mirada que siempre ha trasmitido una fuerza, revelado una seguridad en sí mismo y un poder abrumadores. Dicen que con 20 años tienes la cara que la naturaleza te ha dado. Con 40, la que te ha puesto la vida. Y con 60, la que te has merecido. Pues Iggy andaba por los 46 en 1993, y la cara que le había puesto la vida se refleja en esa mirada fiera e incorruptible con que intimida al fotógrafo.

Para “American Caesar” preparó su obra más extensa y ambiciosa, llena de momentos extremos, una lírica salvaje sobre la realidad que le rodeaba, y momentos de calma e introspección con una profundidad inédita en sus grabaciones anteriores. Cuando entregó a la compañía el nuevo material, más de 15 canciones que iban del rock duro más visceral al country alternativo, pasando por baladas pop y algún momento casi jazzy, los ejecutivos discográficos le dijeron que de acuerdo, que muy bien, pero que allí faltaba un single. Iggy dijo. “¿Queréis un single? ¡Ahí lo tenéis!”, y entregó una versión del standard “Louie Louie”, uno de los “hypes” por excelencia de la historia de la música popular. Para qué se iba a complicar las neuronas buscando una canción que llegará al gran público, él sólo necesitaba sentirse a gusto consigo mismo y con sus creaciones.

No me entusiasman las críticas en que se comenta una canción tras otra, pero este es uno de esos discos en que cada tema posee entidad propia, y vale la pena detenerse en la variedad de estilos que el músico ofrece. Así que vamos con ello.

“American Caesar” se abre con “Character”, una intro de guitarras acústicas de poco más de un minuto donde se escucha el sonido de las calles. Tráfico, cláxones, y el duro Iggy que dispara, recordándonos que él no sabe lo que son las balas de fogueo, de la misma forma que el camarero de un pub londinense no sabe lo que es la cerveza sin alcohol. Se le oye, casi como si hablara desde el interior de un vagón de metro, protestando porque “estos yonkis, tenían algo de carácter, cuando tocaban una guitarra la tocaban como ellos querían… estos chavales de ahora ni siquiera saben vomitar”. Perorata reivindicativa de su condición de leyenda, a la vez que parece enviar un recadito impertinente, en su línea habitual, a las estrellas del momento.

Sólo es una anécdota, las guitarras del versátil Eric Schermerhorn –tuve la suerte de ver a este tío en directo acompañando a Lucinda Williams, y es uno de los mejores y más desconocidos guitarristas que existen en su estilo- irrumpen como una locomotora y ya estamos alucinando con Wild America, la canción más bestia que ha escrito Iggy desde los tiempos de “Raw Power”. Con una letra de esas que justifican la etiqueta de “Parental Advisory”, el educado Iggy nos cuenta una historia de mejicanas boyeras que parecen tíos, chutes de metedrina y hojas de marihuana, todo ello en la “América salvaje” y caótica del título del disco, con un estribillo donde el Padrino nos ordena que “Exterminemos a los Brutos”.

En mitad de la canción, sepultado entre las notas de un incendiario solo de guitarra, se escucha al dialogante Iggy conversando con un alma gemela: Henry Rollins, el marine del rock and roll, que en aquellos años se apuntaba a un bombardeo. Después de cruzarse varios “Yeahs!” inconexos, la iguana y el toro humano, socarrones y más brutos que un arado, se felicitan a sí mismos y recuerdan lo orgullosos que se sienten de sentirse “americans” los 365 días del año.

La segunda, Mixin´the Colors, es un rock más calmado, con un ritmo balanceante, envolventes voces femeninas apoyando al jefe en los coros, y la intervención de una armónica que parece el silbido de un mercancías. El tamborileo final en el fundido de la canción acentúa esa sensación, como de tren que se aleja entre las brumas y se pierde en la distancia. Rock callejero de nivel. En los créditos de esta canción, se atribuye al músico invitado Bill Dillon la “guitarra atmosférica”.

Las dos siguientes, Jealousy y “Hate”, son dos piezas largas, complejas, ilustrativas del nivel que había alcanzado Iggy Pop para grabar lo que le viniese en gana. Ambas son lentas y muy densas. En la primera, el ex – Stooge canta como en trance, repitiendo sin cesar ese hipnótico “I feel it comin´”, con que inicia la mayoría de los versos. Y en “Hate” parece más cabreado que nunca. Es un tema árido, sustentado en crudos guitarrazos y una batería que parece el tam tam de una tribu zulú africana ciega de ácido.

Como si supiera que ha conseguido enervar a su público, cambia el registro con la siguiente, It´s Our Love, romántica y bonita pieza construida sobre un fondo de teclados casi orquestales. Esos versos, ese “I didn´t have too much to offer/ You didn´t have much too expect”, que dedica a la chica que encontró “buscando un arcoiris”, nos recuerda que también la Iguana tiene su corazoncito. Una canción así podría quedar ridícula en alguien que no tuviera la capacidad interpretativa de Iggy, que convierte esa tonada de apariencia inofensiva en una balada urbana de gran calidad.

Ahora, que el autor de “I Wanna be your Dog” tenía claro que si tanto jevis como punk – rockers le respetaban como al que más, era por trallazos como el que suelta a continuación: “Plastic & Concrete”, cañonazo directo a la entrepierna del oyente.

Fuckin´Alone, la siguiente, uno de los momentos cumbre de este larguísimo Cd. El curtido Iggy vocaliza mejor que nunca, y su clara dicción convence y trasmite la credibilidad del que se ha caído incontables veces y ha sido capaz de volverse a levantar. El déspota que creó a una de las bandas más influyentes del Rock, que siempre tuvo que luchar para convencer a crítica, público y compañeros de profesión de que sus decisiones eran las correctas, sintiéndose a menudo “puñeteramente solo”. Vale la pena escuchar su narración, cercana a un rapeo, sobre una base instrumental reducida a lo imprescindible.

Highway Song, el tema country del álbum, con ese pulso lleno de vida. Es de esas canciones que, de tan buena que es, podría haberse grabado como si fuera una maqueta -sólo Iggy tocando la guitarra en casa-, que sonaría igual de bien.

Y Beside You, qué maravillosa balada rockera, compuesta por el divo y por Steve Jones, el guitarrista de Sex Pistols. De nuevo el intérprete en estado de gracia, con esa voz profunda, bombeada directamente de los pulmones, del corazón, y el precioso dueto vocal con la cantante Lisa Germano, esos “beside you/grey is turnin´to blue”. Otra de las grandes joyas que este hombre nos regaló en su más inspirada etapa. De las mejores canciones que escuchamos en 1993.

Las siguientes son piezas cortadas por un parecido patrón: “Sickness”, “Boogie Boy” y “Perforation Problems”, cabreado rock guitarrero que revela las raíces urbanas del músico de Detroit. Boogie Boy, la más macarra de las tres, tiene uno de esos comienzos que me entusiasman, que dan la impresión de que tienes a Iggy y a su banda ensayando en el garaje de tu casa. Eric Schermerhorn rasguea las cuerdas de la guitarra, el jefe imparte unas instrucciones, y el batería Larry Mullins golpea cuatro veces una baqueta contra la otra justo antes de que todo el grupo la emprenda con ese riff tan sucio, que suena como el giro del tambor de un revólver Smith & Wesson en una partida a la ruleta rusa.

Social Life, con un apagado Iggy reflexionando sobre la pérdida de identidad que supone ser un personaje público, obligado a representar muchas veces lo que otros esperan de ti, traicionando tu propia esencia. Es un tema que redefine el concepto “unplugged”. Es una canción nacida para ser tocada en acústico y sentado en una silla, sin la parafernalia ni la publicidad que la MTV organizaba para que los grupos de moda ofrecieran su música “desnuda” a la audiencia. La frustración del músico queda perfectamente expuesta cuando dice: “Y el dinero viene y va, y algo te hace querer arrojar un ladrillo a través de la ventana”. Iggy estaba explorando los caminos que desarrollaría en 1999, en el introspectivo y personal “Avenue B”.

Louie Louie, pese a su inmortal y archiconocido riff no pasa de ser una anécdota en el contexto del Lp. Tiene gracia oírle adaptando la letra a aquellos días, mencionando a quienes eran los presidentes de las dos naciones más potentes del planeta: Mr Bush y Mr Gorbachov.

Caesar es, como su nombre indica, un discurso del emperador Iggy a sus súbditos. Así como los césares mantenían a la plebe entretenida ofreciendo “pan y circo”, el gobierno norteamericano refuerza sus ejércitos para vender a la gente una discutible sensación de seguridad. Al enemigo, ya lleve chilabas o baile polkas, hay que arrojarlo a los leones, como hacían los romanos con los primeros cristianos.

Finalmente, “Girls of N.Y.” es un agradable colofón que ya no aporta demasiado. El cierre y ya está, menos estridente que la mayoría de pistas anteriores. Iggy, en realidad, se sentía relajado.

Es una pena que no haya recuperado un nivel compositivo similar en estos diecisiete años. Pero con “American Caesar” demostró que, en solitario, podía brillar como la leyenda que era. Y ya lo sabéis: Exterminad a los brutos.

Cuatro cuernos altos. Pero muy, muy, muy altos.

Iggy Pop: Voz, Guitarras
Eric Schermerhorn: Guitarras
Larry Mullins: Batería y Percusión
Hal Cragin: Bajo
Lisa Germano: Voces en “Beside You”
Henry Rollins: Voces en “Wild America”

Sello
Virgin Records