Hellhammer -Triumph of Death

Enviado por Heartbolt el Mar, 16/07/2019 - 17:24
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1. Crucifiction
2. Maniac
3. When Hell's Near
4. Decapitator
5. Blood Insanity
6. Power of Satan
7. Reaper
8. Death Fiend
9. Triumph of Death
10. Metallic Storm
11. Ready for the Slaughter
12. Dark Warriors
13. Hammerhead

Triunfo de la muerte

HELLHAMMER: nombre que muy fácilmente es uno de los mayores reproductores de contrariedades retorcidas. “Martillo del infierno”… que va al son de descolocadas y somníferas piezas musicales que lentamente nos crucifican en toda clase de pesadillezcas visiones del abismo.

En una época donde el Metal, en toda su amplia diversidad, tenía sus parámetros muy poco delimitados, Tom Gabriel Fischer se atrevió a remodelar las estructuras básicas del sonido que volvía adictos a muchos. Thrash, Black, Death… en 1983 era difícil decir quién era quién, y no es de extrañarse, hoy en día rescatando estas demos que en aquellos años eran casi como encontrar un pozo de petróleo, que muchas agrupaciones se avocaran en la máxima faena de hacer la música más devastadora y cruel posible.

¿HELLHAMMER y su padre G. Warrior lo lograron? Ahí están sus trabajos, que justifican lo labrado en la negra tierra del Metal más terrorífico. Desde su nombre, hasta sus demos y posterior Apocalyptic Raids, incluso su resurrección como CELTIC FROST, este admirable caballero oscuro nos entregó una sublime colección de joyas que, al calor de estos tiempos, son de lo más exquisito a la hora de comprender por qué el Metal Extremo es como es al día de hoy.

¿Porque qué es realmente Metal Extremo? ¿Qué lo define verdaderamente? La respuesta es sencilla, y en 1983 Tom G. Warrior lo tenía claro: arrasar con cualquier parámetro. Hacer del Metal un nuevo mundo, donde las reglas físicas objetivas no existiesen, y cada criatura pudiera reorganizar todos los sentidos para hacer una visión particular de aquello que estuviese percibiendo. En unos dos o tres añitos el planeta tierra estaría infestado de los líderes del horror y el Metal más inhumano. Pero en el 1983, el meggido era creado, baldeado y perfilado por habitantes de los yelmos más desiertos y ruinosos.

Y HELLHAMMER era uno de los terratenientes más capaces para aquella arena de batalla tan escabrosa…

Triumph of Death es una de esas demostraciones que precedieron al glorioso Apocalyptic Raids. No obstante, para ser sólo una demostración, todo el empaque trae consigo una atmósfera mortuoria, caótica y extremadamente influyente para generaciones próximas.

Esta demo, que es portadora de una presentación gráfica que nos sumerge en un valle de miseria, agonía y el triunfo de la muerte por encima del de la vida, es uno de esos testamentos que fueron rescatados del olvido luego de mucho tiempo. Pero que siempre, y de algún modo, había sido leído por alguien. De aquí, al mejor estilo de una biblia, nos transportamos a la leyenda de tres hombres, jineteando sus instrumentos como si el apocalipsis estuviera sucediendo ya. Y lo más icónico de esto, es que suenan futuristas, en un planeta al borde de la destrucción, pero se permiten osarse a levantar la mirada, suspirar con delirio y continuar la marcha como si fueran ellos los profetas de las visiones más agónicas y trastornadas de una mente al borde de la locura.

Triumph of Death, como toda demo que se precie, se deja escuchar como quien se atreve a desempolvar un grabación monofónica de los primeros años de Bing Crosby. Pero mucho de ese encanto reside ahí, en cómo suena todo: horrible, pero, a la vez, estridente. PERO, sobre todo, hermoso. Cada riff, cada golpe al bombo, cada palm mute al bajo… es parte del glosario de un diccionario necrolujúrico, que nos hace reflejarnos en un cementerio, enterrados y olvidados, a merced del frío, de la tristeza y del abandono, mientras las líricas de los habitantes del inframundo relatan las más crueles aventuras de los desafortunados seres humanos que se han hundido en el fondo de sus percepciones.

Y si algo mágico y muy resaltable reside en todo lo que HELLHAMMER (y CELTIC FROST) hizo, gracias a su padre G. Warrior, sería el hecho de que todo esto, aunque se vea demoniaco y malvado, es sencillamente una metáfora acerca de lo que significa vivir. Viendo bien todo lo que pasó Tom Gabriel Fischer (una historia, muy, muy triste, lamentable), no se le puede pedir más que esto que tenemos aquí presente: una deformación completa de la vida, pasada por un amargo filtro, donde la realidad se mezcla con la ficción, sin dejar de tirarnos una estela infectada por el odio, y donde el Metal se corrompe a tal manera que, al día de hoy, cualquiera se siente identificado con lo que aquí nos muestran estos tres hombres.

Un Metal intenso, devastador, frenético, impulsivo, crónico, bélico, oscuro y extremo. Una guerra condensada en los trece temas más endémicos que puedas gozar.

A partir de aquí, de lo hecho aquí y en Satanic Rites, se desplomaría la barrera invisible, y se desatarían las legiones de demonios que terminarían mutando en las bestias más desgarradoras y malignas que el mundo de los sonidos haya conocido. Por supuesto, a la par de hermanos como BATHORY, VENOM, SLAYER y algún otro enfermizo monstruo que emergía bien fueran situados en el momento correcto, con las coordenadas correctas. Una oleada que se influenció entre sí; este chupaba de este, y el otro tomaba elementos del ser más próximo. Y así.

Decir que HELLHAMMER es estrictamente el rey de reyes, teniendo a la vista a otros colosos, sería algo arriesgado. NO OBSTANTE, Gabriel Fischer reluce entre todos ellos por su aportación en líneas generales. Porque mientras algunos seguían anclados al pasado (pero evolucionarían poco después), G. Warrior ya se proyectaba en el futuro, y comenzaba a delirar a la hora de componer excentricidades, cada una más descolocante que la otra. ¿Y cómo le hizo? Sólo en su mente se retiene esa historia que jamás entenderemos. Lo que sí sabemos bien, es que una demo de este calibre termina siendo uno de los tesoros más valiosos de la familia real del Metal Extremo. Pues como reglamento, ha pasado de generación en generación. De hijo a hijo, pues es imposible que en estas parcelas del Black, Thrash y Death un titánico trabajo de HELLHAMMER sea pasado por alto. Como policía cada diez kilómetros en carretera interestatal, Triumph of Death es un filtro obligado que, más que enseñar, mostraba una nueva forma de hacer Metal: acabar con el orden, y proponer la anarquía de los caballeros del infierno.

Después de que Triumph of Death se grabe a fuego en tu conciencia, no hay vuelta a atrás. Es oír algo así, que además de influyente es sentimentalmente somnífero, y comprender que el Metal, en su más vasta extensión, puede tornarse tan hermoso como preocupante. ¿Preocupante? Por el hecho de ser capaz de despertar los demonios sociales que viven dormidos en cada uno de nosotros. Que tres tipos, llevando vestimenta de cuero y accesorios extravagantes de aspecto inquisidor, se atrevieran a distorsionar el Metal a tal punto, sumado al frío de una Europa continental, en 1983… señores, se abrió la caja de Pandora.

Y más nunca se pudo cerrar.

Nada más que agregar, hordas del Metal Extremo. Fiera demostración primigenia de una de las catedrales más imponentes, revolucionarias, intensas y extraordinarias de nuestro tan heterogéneo mundo: HELLHAMMER. Y Triumph of Death, tal como la soga que sostiene el cuello de aquel hombre muerto, se balancea por nuestro pescuezo con delicadeza, asfixiándonos poco a poco, sin nunca matarnos, pero en medio del ahogo nos hallaremos cara a cara con los cuentos más escabrosos, repletos de sufrimiento, maldad y oscuridad…

…Y aun así, dejan grandes enseñanzas:

La vida, aunque la muerte sea el destino, puede terminar siendo un dulce coma, que cada uno vive de manera intrépidamente reflexiva.

Y Triumph of Death, más que darnos un viaje de ultratumba, también tiene la capacidad de hacernos reflexionar...

Una demo que es más que un legado…

Una leyenda viva.

Tom G. Warrior - Voz y Guitarra.
Steve Warrior - Voz y Bajo.
Bruce Day - Batería.

Sello
Prowling Death Records