Gorement - The Ending Quest

Enviado por Black Philosopher el Mié, 18/06/2014 - 20:58
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1. My Ending Quest - 04:14
2. Vale of Tears - 04:17
3. Human Relic - 02:58
4. The Memorial - 04:29
5. The Lost Breed - 05:28
6. Silent Hymn (For The Dead) - 03:53
7. Sea of Silence - 05:12
8. Obsequies of Mankind - 03:22
9. Darkness of the Dead - 03:32
10. Into Shadows - 03:36

No es necesario repetir mil veces que la escena metalera sueca a principios de los noventa era un caldo de Death Metal de la mejor manufactura. La cosa andaba cociéndose ya desde finales de los ochenta gracias a Nihilist y Carnage, quienes sembraron la semilla del mal en los helados escenarios de Estocolmo. El estallido se produciría en 1990, cuando Carnage y Entombed (previamente Nihilist), lanzaron los magnánimos ‘Dark Recollections’ y ‘Left Hand Path’, respectivamente. Dismember, que también venía de lejos pero cuyos miembros pararon el proyecto para ayudar a la confección del ‘Dark Recollections’ de Carnage, lanzó en 1991 ‘Like an Everflowing Stream’, que se convirtió en otra piedra angular de la escena sueca. A su vez, en 1991, también vieron la luz ‘Into the Grave’ de Grave, y ‘Where No Life Dwells” de Unleashed, que asimismo se convirtieron en entregas capitales. En estos dos años, 1990 y 1991, se consolidaban las bases de las bases de la escena sueca de Death Metal.

La historieta ya está muy sobada y nos la sabemos más o menos todos. Por ‘todos’ me refiero a los que se atreven a entrar en los asfixiantes páramos de la música de la muerte, por supuesto. La diabólica hueste sembrada por las bandas anteriormente mencionadas se encargaría de regalarnos posteriormente trabajos que continuarían su legado y que harían estallar en mil pedazos nuestros tímpanos y nos cruzarían en mil sitios diferentes los millones de cables que configuran la mente humana (Tiamat ‘The Astral Sleep’ 1991 - Therion ‘Of Darkness’ 1991 – At The Gates ‘The Red in the Sky Is Ours’ 1992 – God Macabre ‘The Winterlong’ 1993 - Necrophobic ‘The Nocturnal Silence’ 1993 - Hypocrisy ‘Osculum Obscenum’ 1993 - Suffer ‘Structures’ 1994 - Vomitory ‘Redemption’ 1999).

Hasta este punto de mi humilde reseña, podemos tener las cosas claras, o no tan claras. Sin embargo, hay un punto que tengo el deber de esclarecer: si ‘Left Hand Path’, ‘Dark Recollections’ y ‘Like an Everflowing Stream’ configuran los cimientos más sólidos, inamovibles e irrefutables del Empire State del Death Metal made in Sweden, la bolita de la maldita antena del jodido edificio tiene nombre: ‘The Ending Quest’, de Gorement. Cumbre, epítome, apogeo, cúspide. Numerosos sinónimos se amontonan en la cabeza sin llegar a poder describir en su totalidad lo que esta obra significa.

Cuando hablamos de ‘The Ending Quest’ no solo estamos hablando de un trabajo bueno y bonito. Tampoco estamos hablando de un simple refrito. Estamos hablando de un perfecto trabajo de Death Metal sueco, hecho con mucho mimo y cuidado, que ofrece todo lo que el subgénero puede ofrecer. Y todo esto de la mano de unos tíos que aman tanto al Death Metal que decidieron devolverle al género lo que el género le dio a ellos. Y lo hicieron. Vaya que si lo hicieron.

La banda se formó en 1989 bajo el nombre de Testicle Perspirant. Pasaron a llamarse Sanguinary en 1990. Después, Executioner, vuelta a Sanguinary, y ya en 1991, se decidieron por Gorement. Desde luego, unos inicios convulsos respecto al nombre, pero no respecto a su música: en 1991 lanzaron dos demos que les pusieron en el punto de mira: ‘Human Relic’ y ‘Obsequies’. Para 1994, ya gozaban de cierta fama en el underground sueco, pero fue en este año precisamente cuando decidieron pegar el machetazo lanzando ‘The Ending Quest’.

El trabajo de marras gira en torno a cuatro características principales: un aura épica, mística y misteriosa; un enfoque modesto, poco pretencioso y austero, pero tremendamente efectivo; un sonido muy sereno, pero a la vez brutal; y, por último, una profunda asimilación y proceso de las características más esenciales del Death Metal sueco. Nada más, nada menos. La lírica gira en torno a la soledad, la desesperación y el dolor (lo que nos acerca al ‘The Winterlong’ de God Macabre, del que bebe horrores). ‘The Ending Quest’ también está muy influenciado por el Doom Metal, tanto en las composiciones como en el sonido de los instrumentos.

‘My Ending Quest’ comienza con un ritmo ligero de batería y una melodía de guitarra serena y épica, que no hace más que anunciarnos el inicio de algo terrible. Un mal agüero, que pronto se convierte en un torrente riffero del mejor calibre. Belleza, misterio y brutalidad se esconde detrás de cada golpeo de cuerdas, detrás de cada blast beat y detrás de cada gruñido que el bruto de Jimmy Karlsson escupe. Se trata del corte que mejor define lo que vamos a encontrar en el resto de la travesía.

Trazos más primerizos encontramos en ‘Vale of Tears’, en la que apreciamos las mayores influencias de bandas como Entombed o Carnage, al igual que en ‘Human Relic’, de corte breve e intenso. ‘The Memorial’ se alza poderosa con una bonita melodía de guitarra que pronto se convierte en una apisonadora rompecuellos. Influencias Doom aquí y allá, entre hachazos de las guitarras de Patrik Fernlund y Daniel Eriksson y el prominente bajo de Nicklas Lilja. La canción contiene numerosos cambios de ritmo y estilo, que mantienen pegado al oyente como si de un pegamento industrial se tratara.

‘The Lost Breed’ se inicia perezosa por medio de un riff muy Doom, y deja paso a una sección de guitarra acústica acompañada por los versos de Jimmy Karlsson, cuya voz se elevará potente a lo largo de la canción como un martillo se eleva antes de golpear el yunque. Las guitarras se desarrollan misteriosas durante toda la composición, a momentos bellas, a momentos brutales, mientras que Mattias Berglund se deja las muñecas golpeando los parches. La banda despliega toda su técnica para esta ‘raza perdida’.

A estas alturas es muy probable que os hayáis dado cuenta, pero para los menos avispados, os contaré un secreto: el álbum posee pocos solos de guitarra. De ahí su modestia. Gorement no pretenden lucirse. Gorement quieren hacer Death Metal, y de la mejor calidad. Por eso sorprende cuando el solo de ‘Silent Hymn (For The Dead)’ te estalla en la cara. ‘Silent Hymn’ es casi instrumental (al final de la canción, Karlsson pronuncia unos pocos versos con voz limpia), y es el tema más preciosista y triste de todo el disco. Las guitarras se desenvuelven lentas y bellamente melódicas, pero todo se viene abajo cuando Fernlund hace que sus seis cuerdas pronuncien un discurso tan triste y bello que haría llorar hasta al bardo más curtido. Y que baje Dios y lo vea, y llore como una nenaza ante la majestuosidad de Gorement. Y es que señores, cuando la belleza se muestra ante nosotros de una manera tan sublime y obvia, no podemos hacer otra cosa que disfrutarla.

Pero la cosa no acaba ahí, y hay que reponerse para la siguiente canción. ‘Sea of Silence’ continúa con el aura épica y misteriosa del trabajo. Lenta e inexorable, pero también hermosa e hipnótica. Fernlund nos vuelve a demostrar que cuando hace un solo, lo hace bien. Un canto al dolor y a la desesperación. ‘Obsequies of Mankind’ es una vuelta a la tormenta después de la calma. Breve y tosca, deja paso a ‘Darkness of the Dead’, también muy salvaje, y a la vez siniestra. Rápida y pesada, hacia el final aparece una melodía, fruto de una combinación entre guitarra y sintetizador, que hiela la sangre.

El principio del final se descubre mediante una guitarra acústica que se combina con la eléctrica de Eriksson y los susurros de Karlsson. ‘Into Shadows’ es una conclusión más que apropiada para este ‘Ending Quest’. La canción viene acompañada por momentos de una preciosa línea melódica de sintetizador y otro de los hermosos y sobrios solos de Fernlund. La canción se torna más introvertida después del solo, para finalizar con un eco del acorde que venía acompañando los últimos momentos de la escucha.

Gorement cambió de nombre y de estilo en 1996 (pasó a llamarse Pipers Dawn), y acabaron por dividirse a finales de los noventa, pero dejaron tras de sí una obra magna. Todo lo que el género nos puede ofrecer se encuentra encerrado en el plástico, y ese hecho es inamovible. ‘The Ending Quest’ representa una de las manzanas más agriamente dulces que el árbol sueco de Death Metal pudo dar. Una joya de culto enterrada bajo demasiadas capas de polvo.

Puntuación: 99/100

Patrick Fernlund: guitarra
Daniel Eriksson: guitarra
Nicklas Lilja: bajo
Mattias Berglund: batería
Jimmy Karlsson: voz

Sello
Crypta Records