Funeral Mist - Hekatomb

Enviado por House el Mié, 14/11/2018 - 07:48
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De forma brusca e inesperada la bestia era despertada una vez más después de un largo letargo de casi una década. El siempre mal encarado y antipático Daniel Rosten volvía a mudar de piel de nuevo, dejando momentáneamente la identidad de Mortuus a un lado para recuperar la del monarca Arioch y así liberar a esa abominación hecha música que responde al nombre de Funeral Mist.

La certeza de otro álbum de Funeral Mist era algo que más o menos estaba ahí desde que hace algún tiempo el señor Rosten había hecho saber que el sucesor del tremebundo Maranatha vería la luz tarde o temprano. Debido al incesante ritmo de trabajo frente a Marduk y a un proceso creativo que parece no atender a prisa o presión alguna, al final el nuevo trabajo del sueco ha llega más bien tarde pero lo ha hecho de forma segura y arrasando con todo a su paso. En un año en el que el Black Metal a despuntado con una serie de enormes discos de la mano de bandas como Immortal, Watain o Ascension, Daniel Rosten —llámese Arioch, Mortuus o como le de la real gana— se ríe de todos y cada uno de ellos mientras se jacta de haber dado forma al mejor trabajo del género en este 2018 A.D.

Por si fuera poco, el amigo Arioch se permite incluso superar hasta a su propio alter ego Mortuus dejando caer esta bomba bautizada como Hekatomb tan solo una semana antes de la publicación de Viktoria junto a Marduk. El nuevo opus maldito abre con la devastadora “In Nomine Domini” que sobre unos demoledores riffs dicta con su viciosa prosa la novel declaración de intenciones de Funeral Mist: «En el nombre del Señor vengo en tu contra transportado por el viento de tu caída / Mira y reflexiona / El infierno se hace de nuevo / El azufre cobra vida / Ven y recibe el juicio en el cual has de ser disuelto / Inclínate y da gracias pues hemos saqueado a Dios y hemos hecho su venganza nuestra».

La performance vocal de Arioch se desenvuelve como de costumbre en un registro que va desde el salvajismo visceral hasta los agónicos quiebres de voz y en secciones como la recta final de “Naught But Death”, en donde se deja los pulmones con una bestial verborragia, sigue demostrando porque —ya sea al frente de Funeral Mist, Triumphator o Marduk— es sencillamente uno de los diez mejores intérpretes del estilo. Musicalmente, Hekatomb se sitúa en la estela sónica del anterior Maranatha aunque por momentos los lacerantes tremolo picking riffs de temas como “Shedding Skin”, “Within the Without” o “Hosanna” parecen querer alcanzar —pese a que la pulida producción lo impida— las cotas de gloriosa intensidad de su opera prima Salvation.

Si bien todos los temas apuntan bastante alto, es realmente al pararnos a diseccionar las dos piezas centrales cuando nos damos cuenta de que nos encontramos ante algo muy grande. La desgarradora “Cockatrice” sorprende con un interludio ambiental à la Burzum —imposible no pensar en ese “Tomhet” con el que el gamberro de Vikernes cerraba aquel Hvis Lyset Tar Oss— mientras que la suprema “Metamosphosis” —hermana menor de las grandiosas “Circle of Eyes” y “Anti-Flesh Nimbus”— encarna al cien por ciento el sonido Funeral Mist con su sencilla pero perfecta progresión de acordes y los habituales cantos gregorianos.

La épica “Pallor Mortis” cierra el álbum por todo lo alto con la inclusión de un ferviente sermón que concede al tema ese mismo tono de delirio religioso que en el pasado había hecho de temas como “Blessed Curse” toda una delicia. Por otro lado, la mortuoria letra sigue delatando a las fuentes bibliográficas santas como su principal inspiración: «Evangelio de sal / Salmo de ácido / Lavamos nuestras oraciones en el envenenado nombre de Dios / Viento y fuego han remplazado nuestra canción / He aquí que la luz y la oscuridad han remplazado nuestra carne y la muerte se ha convertido en nuestra sangre / […] / Inundamos nuestros jardines con el mancillado vino de Cristo / Niebla y sombras han remplazado nuestros rayos (de sol) / He aquí que moho y putrefacción han remplazado nuestros días y la muerte se ha convertido en nuestro Dios».

Es un tanto difícil profetizar si a estas alturas del juego, y con las condiciones tan poco favorables con las que cuenta actualmente la cultura musical, un trabajo como Hekatomb puede realmente aspirar a ser un clásico de un estilo que ya va camino a las cuatro décadas. En cualquier caso, lo que no supone problema alguno es discernir lo que tenemos ante nuestras narices y eso no es otra cosa que una colosal obra maestra de Black Metal en donde no sobra ni falta absolutamente nada.

Arioch: Voz, guitarra, bajo
Lars B: Batería

Sello
Norma Evangelium Diaboli