Funcunt - Coldeäccol

Enviado por Cuericaeno el Mar, 05/03/2013 - 01:18
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”Ciudadanos: Atención. Esta información está relacionada con el extraño organismo extraído del núcleo de aquel meteorito hallado en la ciudad la pasada noche. Aún está por confirmar si es un agente infeccioso o radiactivo, por lo que pedimos que permanezcan en sus casas y mantengan su atención a las próximas llamadas por megafonía, donde deberán acatar las instrucciones que se os anuncie.”

Lo que acaban de leer es un extracto de las comunicaciones recogidas en 1991 en una ciudad noreuropea llamada Lieksa, que sufrió un encuentro con lo desconocido del que poco se sabe hoy, pero que será revelado en las próximas líneas. Aquella ciudad, catalogada culturalmente como ciudad musical, pertenecía a la región de Karelia del Norte, ¿país?: Finlandia.

Por si aún había dudas de si la escena finlandesa era la más original y rematadamente bizarra del Death Metal de vieja escuela, he aquí uno de los ejemplos más definitivamente esclarecedores que lo confirman a todas luces. Con pelos y señales, con violines y arpas de boca…

Cuando nos encontramos con una etiqueta como ‘Progressive Death Metal’ (con su similitud con esa otra llamada ‘Technical Death Metal’), ella nos lleva a recordar a, si seguimos en Finlandia, Demilich, o si continuamos hacia USA, a los Death más tardíos del dios Schuldiner o a los sin iguales Cynic entre otros. Pero cuando decimos que esos elementos progresivos son extraídos directamente no del Metal Progresivo sino del Rock Progresivo de los ’70, la cosa cambia bastante y la categorización no es la misma, o quizá más bien adquiere más razón de ser en ella su clasificación como ‘Prog’, pero del genuino, evitando esta vez cualquier despiste y a la vez también el debate de si esto que tenemos frente a nuestros hocicos es meramente ‘Technical Death’.

¡¿Los King Crimson del Larks’ Tongues in Aspic o el Starless and Bible Black mezclados con Death Metal Old School!?... Eso es lo que percibí a primera escucha y no acababa de creérmelo.

Pero eso no es todo, ya que en el momento en que esta criatura dantescamente hibridada que tenemos enfrente alza sus múltiples cabezas y despliega sus tentáculos, nos damos cuenta que aunque detectemos en sus onomatopeyas y gestos ADN robado del señor Robert Fripp, su denominación como banda Progresiva se queda corta al percibir en ella otros mil matices que la catalogan muy fuera de la fauna conocida.

Una quimera de géneros es lo que construyeron cual doctores Frankenstein los Funcunt (el nombre se las traía), terceto formado en 1989 y que tras su primera demo (Minutewelli, 1990) lanzaron esta segunda y última titulada Coldeäccol (1991). Funcunt nos evoca esa especie de expansión de conciencia artística que podemos notar en muy pocas bandas, pues esto no es mero eclecticismo, que también, sino visión, pero una visión periférica de 360º, como a través de los ojos compuestos de un insecto, pero eso sí, conectados éstos al cerebro humano, o sobrehumano, de un puro genio (entre híbridos sigue andando el juego). Esa forma de conjuntar todo entrando en escena varios géneros asimilados por uno sólo, no está al alcance de muchos músicos.

La bestial alternancia de estilos e intensidades distintas da lugar también a sentimientos encontrados, captando en ese aparente caos una consecución de humores distintos plasmados en cada pasaje (te declaran la guerra, proclaman la paz, te desconciertan, incluso se ríen de ti y tú con ellos…), en un transcurso donde no sabes qué ocurrirá dentro de 5 segundos, como si la vida de alguien estuviera pasando ante tus sentidos a toda velocidad a través de la música. Como una Experiencia Cercana a la Muerte de la música contemporánea. Y no es casualidad esa cercanía a la Muerte, cuando es a Ésta a la que representa el tronco donde son injertadas todas estas ramas musicales, que es el Death Metal (o lo poco que podamos percibir de él dentro de semejante bosque, todo hay que decirlo).

Y es que en los pocos momentos en los que Funcunt nos recuerdan ese algo que tienen de Death, las voces no son especialmente guturales tal y como el melenas medio y amante del Metal extremo las conoce. Son broncas y extremas, pero no llegan al growl clásico, ni tan poco a esa modalidad de voces que podíamos oír en Death, Atheist o Nocturnus, sino una abominable modulación que iba por libre, precisamente como casi todo lo que ocurría alrededor. Además, Jukka Sillanpää y Jussi Saivo, ambos al micrófono, jugaban también con extraños coros de unos timbres como sacados de los peores manicomios. Al final va a ser verdad que esta gente venía en aquel meteorito del principio…

Provisto el monstruo de tantos injertos y prótesis, al principio nos parece el invento una suma gamberrada de tres tíos que se conocieron en el conservatorio y alquilaron un local de ensayo para montar Mr. Potatos musicales, trincando esto y ensamblándolo a esto otro; pero cuando escuchamos cómo concatenan todo paso a paso con tales enfoques y con tal fluidez, que lo mismo nos zarandean con extremismos sincopados que luego caemos de súbito en inesperados pasajes crepusculares, bien de reminiscencias crimsonianas o de efervescencia funky, es cuando nos damos cuenta que estamos ante lo que dije más arriba: unos genios. Y en sucesivas líneas, si necesito decirlo de nuevo lo diré y sin buscar sinónimos, pues no es para menos.

Desde luego que no, no es para nada menos, pues si escuchándolos, a esta gente les puedes notar que se lo están pasando pipa en esa especie de Jam interplanetaria que se traen, no es precisamente de la misma forma en que se lo pasan los niños cuando juegan a ser mayores, sino los dioses cuando juegan a ser mortales, probando eso que hacen los humanos y que le llaman ‘música’.

Cuando hacía mención a King Crimson como una de las principales influencias del conjunto, no me refería a que los instrumentos básicos del género Metal (voz, guitarra, bajo y batería) se adecuasen al estilo compositivo de los de Fripp, sino que algunos de aquellos instrumentos que dieron vida a los primeros discos del Rey Carmesí están aquí, en esta demo. Elementos extra como teclados, violín, saxofón y distintas percusiones, pero cuando digo distintas es que parece que estamos escuchando al mismísimo Jamie Muir de los Crimson con todo su simpar aparataje, llegando a escuchar en esta grabación hasta cachondas bocinas aprovechando los más breves silencios para saludarnos burlescamente, asomándose entre los engranajes de esta infatigable maquinaria de sensaciones. A Funcunt los escucharemos aquí hacer casi de todo: Coreando extraños cánticos tribales, o creando con un slide una especie de cómico correteo como de dibujos animados, y cuando parece que está a punto de llegar Bugs Bunny, de súbito y mediante colchones de teclados como al reverso nos envuelven en materia extraterrestre como si fueran a abducirnos. Oír para creer, lo leo y no lo creo. Vamos, que aún no me creo ni lo que estoy escribiendo.

Escuchándolos y sabiendo que son de Europa, empiezas a dudar de si puede referirse a Europa como continente o estamos hablando de aquel satélite de Júpiter de mismo nombre. Como ya llegué a decir, con Funcunt no sabes qué pasará dentro de 5 segundos, porque la sucesión de cambios de estructura, clima, estilo, intensidad… se apelotonan de forma atosigadora, aunque perfectamente hilada, pasando por ejemplo del absoluto caos futurista a la absoluta belleza setentera.

Cuando en Florida faltaban dos años para que Cynic grabaran las guitarras espaciales de su Focus, Funcunt se encontraban haciendo ESTO. Lo que haría esa banda americana con ese álbum del ‘93 no lo registraban sus demos de entonces, que eran más parecidas a la propuesta de Atheist, así que los finlandeses no pudieron tomar ni pizca del asunto como modelo a desfigurar; y digo desfigurar porque es bastante distinto, incluso quitando los elementos Prog setenteros, lo que hacían Funcunt aquí respecto al futuro Focus, pero he usado a Cynic de ejemplo porque poniéndolos en frente de Funcunt parecen ser ambos la más perfecta antítesis el uno del otro, los americanos como la quintaesencia de la belleza cósmica y los fineses como la absoluta degradación de la misma, algo así como su antimateria. Valga la comparación también porque ambos compartían a su manera esa capacidad innata de salirse del molde, como muy poquitos más. Es cierto que el tape trading a nivel trasatlántico ayudó mucho, entre otras cosas a que Funcunt y sus paisanos supieran de la existencia del Death Metal, pero tanto no dio de sí como para que a Funcunt les diera tiempo de captar y responder a un reto americano siquiera parecido a esto que os presento (si es que lo hubo, aunque quién sabe); simplemente pasaba que Funcunt eran de Finlandia, y hasta aquí puedo leer... (¿haría falta decir más?)

Otro plus con el que contamos para esta demo es que tiene una producción muy clara, sin la pelusa que se espera de una cinta tan hundida en el underground, y eso es una suerte contando con la cantidad de instrumentos y elementos que buscan definición aquí, una dificultad extra que logró solventar el estudio para que todo ahí se distinguiera bien. Y es que a veces casi parece una producción más actual cuando ese bajo tan in your face de Jukka Sillanpää nos dibuja sus cosas con ese sonido a martilleo de viga, esa gruesa alambrada que nos da en todo el rostro y que a veces incluso la electrifican y nos aturde, pues también jugaban con la distorsión de ese instrumento, al igual que con el de las guitarras, a cargo éstas del mismo Jukka y de Jussi Saivo.

La extrema heterodoxia y el sexto sentido del liceo finés del Death se mostraban aquí elevados a la máxima potencia. Tanto es así, que los rasgos básicos del Death Metal ahí estaban en la cuerda floja, a punto de perderse, desvanecerse en medio de ese fuerte y ambicioso torrente de materia diversa, ese impulso de los autores de acaparar innumerables matices para evocar infinitos sentires.

Después de esta demo el grupo se cambió de nombre, pero a base de recortar el que tenían hasta dejar viva sólo la primera letra (de colgaos, vaya), pasando así Funcunt a llamarse F, tomando una “nueva identidad” para un nuevo sonido que no era otro que el Metal Progresivo a secas, despojándose de todos los demás elementos antes citados para sacar un único álbum en 1994 titulado I-III (sí, entre rayadas seguía yendo el juego), además de añadir un sólo tema suyo en un Split con la banda chilena Bewitched. La historia del Metal nos ha enseñado que si formas una banda que fusiona estilos y uno de ellos es el Progresivo, estás condenada, para bien o para mal, a que lo Prog se acabe zampando poco a poco a sus hermanos adoptivos hasta quedarse solo en el nido. Es una especie de ley de la selva, o de droga dura que ha afectado a muchos artistas del palo metálico, tales como Chuck Schuldiner, Paul Masvidal o incluso Steve Harris. Niños, tengan cuidado cuando prueben el Prog, pues no hay vuelta atrás.

Es por ello que la evolución de esta banda recuerda a la misma progresión de inquietudes creativas que condujo a Chuck Schuldiner durante su carrera, añadiendo con sus Death disco a disco cada vez más elementos progresivos, hasta culminarlos y sublimarlos en ese genial The Sound of Perseverance de 1998. No contento con eso, se vio en la necesidad de crear ese proyecto paralelo llamado Control Denied, ya de puro Metal Progresivo, y eso es exactamente lo que les pasó a los fineses que os traje.

Cada uno elige su camino, y si la llamada a emprenderlo proviene de ti mismo y no de nada impuesto, no sólo ello es un gesto auténtico sino que tendrás casi siempre las musas a tu favor. Y a sus pies las tuvieron, como malditas meretrices, estos estrafalarios maestros de lo imposible, que con su paleta de estilos dieron vida a este cuadro bosquiano que es Coldeäccol. Te invito a que abras tu mente y te dejes enamorar, o marear, por semejante fanfarria alienígena.

Jukka Sillanpää: Bajo, Voz, Guitarra, Sintetizador
Jussi Saivo: Guitarra, Voz
Kusti (Marko Peltomaa): Batería

Sello
Autoeditado/Independiente