Exit-13 - Green is Good!

Enviado por BlackStorm el Dom, 28/04/2019 - 05:49
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1. Anthropocentric-Ecocidal Conundrum - 03:32
2. Reevaluate Life! - 01:21
3. Gaia - 02:22
4. Inbreeding Populations - 01:56
5. Unintended Lyrical Befuddlement - 01:58
6. An Outline of Intellectual Rubbish - 02:40
7. Where's Exit-13? - 03:13
8. Ecotopian Visions - 03:35
9. Constant Persistence of Annoyance - 01:59
10. Self-Misunderstood Cerebral Masturbation - 03:22
11. The Funk Song - 02:18
12. Get High on Life - 02:40
13. Disemboweling Party - 01:26
14. Shattnerspackle - 01:34

Disco completo sin los tracks 4, 7 y 13

A finales de los ochenta los dioses del grindcore tuvieron un consenso y escribieron en piedra paso por paso, con lujo de detalles las bases que definirían el género para siempre. Todavía hoy en día muy pocos son los que se atreven a desafiar a estar deidades y sacarse algo que no cale dentro de las sagradas escrituras. En el grindcore todos -fanáticos y practicantes- buscamos lo mismo, una energía, contundencia y violencia que no encontramos en ningún otro estilo. Este caos - ¿cómo no? - servido en paquetes de pequeña duración, a veces mientras menos mejor, y a mayor velocidad del blast beat, más orgasmos para nuestros oídos.

Pero si algo aprende uno analizando la historia en cada uno de sus apartados, es que siempre hay traidor, un alumno que se revela contra el profesor, un Judas atentando contra su mesías o un satanás queriendo sentarse en el trono del divino dios. La sorpresa de muchos es que alguien en pleno 1990 iba a tener la osadía, la valentía y la cara dura de desafiar todos los estándares habidos y por haber de un género y jugar con ellos como si de dominó se tratase, poniendo y quitando fichas a su conveniencia.

Justo después que Terrorizer y Repulsion ya hubiesen parido las dos torres gemelas del grindcore americano, Exit-13 sobresalía de entre las cloacas para elevar el género a otros caminos, aunque medio mundo estuviera con la vista pendiente a otros lugares. El disco en cuestión es tan malsano, desgraciado y descarado que mientras más tiempo pasa, la misma pregunta sigue retumbándonos dentro del coco y esa es: ¿cómo es posible que tan temprano en la historia alguien ya hubiese hecho algo tan arriesgado? Y aún más inhóspito: ¿cómo es que es tan poco conocido?

El grupo mariguanero de Pensilvania, conformado por Steve O'Donnell en las guitarras, Bill Yurkiewicz en las vocales, Joel DiPietro en el bajo y Pat McCahan en la batería; se lanzaron en 1990 -después de cuatro demos clavadas entre las costillas- Green is Good!, la prueba viviente de que el grindcore puede ser muchísimo más que vísceras y caos sin control. Con unas letras centradas mayormente en la despenalización de la marihuana y con un arriesgado apartado musical que juega bastante a sonar diferente pero que lo logra sin sonar inadecuado, este disco es, sin lugar a dudas, no solo una de las primeras muestras de un grindcore extremadamente experimental apuntando a salirse del cajón en todo momento, sino que también una de las mejores representaciones existentes dentro de tan enmarañado estilo.

Explorar rutas alternativas de un género tan compacto sigue siendo una ardua tarea incluso hoy en día, pero aquí se las arreglan para mezclar sin despeinarse estilos hasta cierto punto muy dispares. Se siente algo de rock ácido, de heavy metal clásico, de deathgrind e incluso funk con unas maniobras de bajo que serán del deleite de los amantes de un instrumento que siempre se ha echado de menos que se le dé más protagonismo en el género, porque sí que toma relevancia en el presente plástico con un volumen lo suficientemente adecuado para que sea audible pero que no moleste, junto con los variantes ritmos de la batería (bestia parda detrás de las baquetas por cierto, con golpes que se pasan del deathgrind más convencional a otros muy rebuscados e impopulares dentro del mundillo con total naturalidad) ya de por sí dan un respiro necesario porque bien es sabido que la base rítmica del género suele pecar de una monotonía inigualable.

Y siguiendo con las delicias que esconden detrás de esa portada en blanco y negro, las guitarras a pesar de la experimentación y los obvios deseos de elevar el género a otros estándares, se mantienen macizas en todo momento con hachazos que te parten el cuello en dos, porque a pesar de todos los elementos que puedas añadirle, al final sigue siendo deathgrind fangoso en el fondo y ¿te digo que es lo mejor? que no hay que ser nostradamus para darse cuenta porque, en todo momento, en todos los tracks se percibe que estamos ante un disco –sobretodo- extremo, aun cuando hay momentos que simplemente se pasan de verga, mírese, por ejemplo, The Funk Song, trallazo ácido-funkie-grovie (aunque a pesar de todo no desentona); o las voces robóticas que se cuelan en la casi bailable Get High on Life y hasta incluso momentos casi poperos en tracks como Ecotopian Visions.

Hablando de las voces es otro de los puntos fuertes, muy engrasadas, gruesas, pareciera que se adelantaron al futuro o se habrán reunido con sus colegas contemporáneos de Finlandia, porque sospechosamente tiene cierto tufo a las voces extremas de la tierra de los mil lagos. Eso sí con el saborcillo grind además de ciertos efectos que le dan variedad a algunos tracks (como los efectos robóticos mencionados anteriormente).

¿Puntos negativos? Muy pocos, si lo evaluamos como un disco vanguardista que explora diversidad de géneros para entregar una experiencia refrescante y diferente, para su tiempo es de sobresaliente. Insisto, estamos hablando de 1990, bandas como Cynic o Brutal Truth estaban a unos años de lanzar sus obras cumbres dentro de la escena extrema experimental. Los puristas van a extrañar más contundencia y violencia, pero ¿acaso se puede experimentar tanto sin sacrificar parte de las bases del grindcore? Yo no lo creo.

9.3

Steve: Guitarras
Bill: Voces
Joel (R.I.P. 2015): Bajo
Pat: Bateria