Epica - The Phantom Agony

Enviado por Marcapasos el Dom, 15/02/2015 - 23:24
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1. Adyta (The Neverending Embrace) (1:27)
2. Sensorium (4:48)
3. Cry for the Moon (The Embrace that Smothers - Part IV) (6:44)
4. Feint (4:19)
5. Illusive Consensus (5:00)
6. Facade of Reality (The Embrace that Smothers - Part V) (8:12)
7. Run for a Fall (6:32)
8. Seif Al Din (The Embrace that Smothers - Part VI) (5:47)
9. The Phantom Agony (8:59)
I- Impasse of Thoughts.
II. Between Hope and Despair.
III. Nevermore.

Metal sinfónico holandés. La primera banda que pasa por nuestra mente al pronunciar esas palabras es Epica. Y no es para menos, pues, desde su surgimiento, la banda de Jansen se ha coronado como una de las grandes triunfadoras de la escena sinfónica europea de la última década.

Sus orígenes se remontan hasta 2002, cuando el guitarrista Mark Jansen decide abandonar la banda a la que pertenecía, la desaparecida After Forever, para, así, dar comienzo a su proyecto musical, Sahara Dust (más adelante el nombre cambiaría por Epica, inspirándose en el exitoso disco de Kamelot), dejando, de esta manera, las limitaciones artísticas que otrora padeció.
Se da, entonces, comienzo de la búsqueda de músicos lo suficientemente competentes como para desarrollar una música más orientada hacia el estilo clásico que al sinfónico propiamente dicho. Como suele ocurrir en este tipo de situaciones, ésta resulta ser una dura y tediosa búsqueda. Pero, por supuesto, todo esfuerzo regala sus frutos, y Jansen consiguió un buen puñado de músicos más que satisfactorio, recopilando, finalmente, a Ad Sluijter, acompañando a Mark en sus seis cuerdas; Yves Huts al bajo; Coen Jansen a los teclados; Jeroen Simons a la batería; y, finalmente, a la glamurosa Simone Simons como vocalista principal (y, por qué no decirlo, imagen principal de la banda).

Y, aún así, aparecieron más percances, destacable el hecho de que Mark y Simone mantenían una relación amorosa por aquél entonces, cosa que no contentaba demasiado al resto del grupo. Pese a todo ello, Epica tuvo la oportunidad de grabar pequeñas demos y dar pequeños conciertos por los Países Bajos, llegando incluso, a incluir, un pequeño coro.

Finalmente, la banda logró finalizar la grabación de su primer LP (fortuitamente grabado por el consagrado Sascha Paeth), llevando por título The Phantom Agony.
Todo el que haya disfrutado de Epica alguna vez reconocerá (o ha de reconocer) la importancia que mantiene este debut discográfico dentro del compendio musical de la banda. Y es que el disco que trataremos justamente a continuación es de lo más interesante (de antemano diré que la primera mitad de éste no tiene par).

Todo disco de Epica comienza con su correspondiente tema introductorio, y The Phantom Agony no es la excepción (por no decir que fue la que comenzó dicha tradición). El LP abre con Adyta, coral, mística y oscura apertura, en cuyo final se van distinguiendo unos melódicos tocados de piano, los cuales cobran fuerza al llegar Sensorium, un primer tema no especialmente veloz, pero sí con mucha personalidad y carácter, y una orquesta, coros y un Mark Jansen enfurecido bastante convincentes. También resulta una muy buena primera muestra de las dotes vocales de Simons, una auténtica desconocida adolescente (de lo más tímida) por aquél entonces: simplemente magnífica. Algo que llama la atención de las canciones de Epica son los trasfondos que estas poseen. Por su parte, Sensorium resulta un cúmulo de tribulaciones filosóficas sobre las oportunidades que nos otorga el vivir. No es un tema de diez, pero, de alguna forma u otra, logra que no lo lleguemos a olvidar fácilmente.

La siguiente es una muy querida por los fans de la banda. La razón es bastante sencilla. Cry for the Moon. Un general midtempo (con partes más cañeras y rápidas en su interior) en el que los coros y Simons cantan unas melodías con aires dramáticos, entristecidos e, incluso, reprochadores. La canción nos habla sobre el abuso de infantes por parte de curas y demás pertenecientes a la Iglesia Católica. Destaca también el hecho de que en este punto se remonta la saga The Embrace that Smothers, creada por Jansen en sus tiempos con After Forever. Durante el resto del álbum se continuará en ciertos temas esta historia socio-crítica.
Continuamos con el semblante serio con una balada. No solo se demuestra aquí que se les da de lujo componer temas lentos, sino unos especialmente fantásticos. Apagamos las velas con Feint, entristecida canción que trata la presunta muerte del político holandés Pim Fortuyn, asesinado por mantener sus principios hasta el final.

Unos embravecidos coros nos transportan a Illusive Consensus, sinuoso track en el que podemos disfrutar de una Simons que lo da todo vocalmente, ofreciendo un nivel interpretativo especialmente alto, como notable mezzosoprano que es. Y la lírica es de su puño y letra, hablando sobre cómo el amor entre dos personas puede cambiar, despojarse de todo buen sentimiento, y transformarse en odio.
Pasamos a la potente Facade of Reality, track más orquestalmente veloz y poderoso en la batería y el teclado. La temática en éste es especialmente dura, abarcando los terribles y bien conocidos acontecimientos del 11 de septiembre de Nueva York. Escuchamos, además, fragmentos del discurso pronunciado por el primer ministro de Reino Unido, Tony Blair.
En la siguiente, una semibalada que lleva por título Run for a Fall, Jansen declara su frustración sentida al abandonar After Forever. Estos sentimientos salen a la luz a lo largo de la canción, con partes más lentas y acompasadas y otras más duras y frenéticas en las que Mark ruge con todo su ser. Si te tienes que desahogar, más vale hacerlo con estilo y una dirección clara, ¿no?

Pero para caña, lo que es caña, hemos de contar con Seif Al Din donde se hacen protagonistas las melodías de toque arábigo plasmadas en muy diversas canciones de Epica. En ésta misma, en cuestión, la banda reflexiona acerca del fundamentalismo obsesivo mostradas a menudo por las religiones.

Cerramos el disquete a lo grande, ni más ni menos que con el tema homónimo, The Phantom Agony (y de entre lo más grande de toda su carrera). No basta con decir que es de lo mejorcito que Epica ha parido en este debut. Una auténtica maravilla en cuyo sombrío comienzo se nos va preparando para lo que se avecina, hasta que la orquesta y los coros despiertan. La banda en su conjunto se mueve como nunca. En sí es una pieza no sólo única, sino bastante madura y musicalmente profesional. Y qué letra, santa madre… amantes del existencialismo y la metafísica, sentíos como en casa. La canción realiza una profunda reflexión acerca de la conexión entre la “realidad” y nuestros sueños, el universo onírico. Una escuchada vale más que mil de mis sucias y humildes palabras. Recomiendo su seria escucha y la atención a la lírica, lo merece de veras.

“Do we dream at night
Or do we share the same old fantasy?
I am a silhouette of the person wandering in my dreams

We are afraid of all the things that could not be…
A Phantom Agony”

Qué grande, Mark Jasen, ¡qué grande!

Por lo general este disco es un trabajo muy disfrutable, con temas más notorios que otros, pero que en cada uno de los aquí hallados se visualiza un esfuerzo encomiable, y muchos se ven recordados, incluso a día de hoy.
Aún así, también es notable el carácter novicio y principiante de la banda. Muchas de las composiciones, además, podrían disponer de una energía y/o ritmo más pronunciado (aspecto que desarrollarían de maravilla en su sucesor, Consign to Oblivion. Pero que ello no quite lo bueno, ya quisieran muchas bandas meterse un The Phantom Agony o un Cry for the Moon en sus discos debut.

Notable trabajo, y una verdadera joya para los seguidores y fieles devotos, no solo de Epica, sino del Metal Sinfónico en general. Tres cuernos bien altos por mi parte para las primeras andanzas de Mark Jansen y los suyos.

Simone Simons / Voz
Mark Jansen / Guitarra, voz
Ad Sluijter / Voz
Coen Janssen / Teclado, piano
Yves Huts / Bajo
Jeroen Simons / Batería

Sello
Transmission Records