Discordance Axis - The Inalienable Dreamless

Enviado por Kaleidoscope el Lun, 24/12/2018 - 06:06
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1. Castration Rite (00:58)
2. The Inalienable Dreamless (00:41)
3. Sound Out the Braille (00:32)
4. Oratorio in Grey (00:54)
5. Vacuum Sleeve (01:02)
6. Angel Present (01:28)
7. The Necropolitan (01:42)
8. Pattern Blue (01:27)
9. The End of Rebirth (01:04)
10. Loveless (01:27)
11. Radiant Arkham (01:14)
12. Use of Weapons (00:35)
13. Compiling Autumn (00:48)
14. Jigsaw (02:08)
15. The Third Children (02:16)
16. A Leaden Stride to Nowhere (04:07)
17. Drowned (00:58)

Disco completo

Un despejado cielo azul y unas sutiles nubes degradadas en el horizonte del vasto y hermoso mar. Un viaje de atmósferas celestiales y etéreas nos espera...

Eso fue lo que pensé la primera vez que vi la portada de este disco y el título del mismo. Me esperaba un disco de ambient relajante, un viaje onírico calmo, pero resultó ser todo lo contrario. La primera vez que escuché este álbum el impacto fue similar al de darse un golpe en los testículos con un tubo de acero. De por sí el álbum arranca sin piedad, con una intensidad inconmensurable, ahora imagínense eso sin siquiera pensar que esto era Grindcore, pero no Grindcore del común, sino del más burro que te puedes echar a los oídos. Y yo que me esperaba unos tecladitos midi más inofensivos que un conejo recién nacido...bestias disfrazadas de ovejas.

Oriundos de New Jersey, Discordance Axis no son la banda de grindcore al uso que juega a ser Napalm Death, Brutal Truth, Terrorizer o Carcass, es un grupo que poco o nada tiene que ver con el Grindcore clásico tanto sonora como estilísticamente. Los americanos no solo marcaron un antes y un después en el devenir de un género aparentemente limitado y estancado, sino que a día de hoy nadie ha logrado lo que se logró en “The Inalienable Dreamless”. Así que el que tenga la idea equivocada que luego de “From Enslavement to Obliteration”, “Reek of Putrefaction”, “World Downfall”, “Need to Control”, “Anticapital”, “Horrified” u “Horrors of the Zombies” poco o nada más tenía que decir el Grindcore como género que tralla, blast beats y gruñidos está equivocado. El Grindcore puede ser mucho más, muchísimo más y lo mejor de todo: sin olvidar de dónde viene y para qué vino.

El Grindcore no es un género para las masas, aunque decirlo pueda parecer una obviedad no lo es para muchos que no pueden comprender el propósito de esta música y es que para la mayoría de gente es inconcebible que exista un género las canciones a duras penas rebasen un minuto o dos, donde el centro no es la música en sí y esta pasa segundo plano, siendo las sensaciones y el mensaje lo importante del asunto. Por estas razones muchos tildan al estilo de no ser música y en sí esa es la gracia, puesto a que realidades difíciles de tragar tienen que venir con sonidos difíciles de tragar, mucho más fácil es meterse en su capsula de felicidad y escuchar pop ñoño para alimentar las vacías fantasías que llenan el vacío de nuestras vidas, pero qué difícil es ingerir la pastilla amarga que nadie tragar. Usualmente esa pastilla viene insuflada de un fuerte mensaje social, mostrando la cruda y fea realidad que la mayoría ignoramos porque o nos afecta directamente o no nos damos cuenta que nos está afectando, discos como “From Enslavement to Obliteration”, “Anticapital” o “Extreme Conditions Demand Extreme Responses” ilustraron dicho mensaje impecablemente, pero hay otra realidad difícil de tragar que poquísimos, por no decir nadie, había personificado dentro del Grindcore: que, en el fondo, todos estamos mal de la cabeza.

La banda pasó de hacer letras de política y crítica social a tratar temas como la depresión, la soledad y problemas mentales, metiendo pequeños guiños y referencias a la saga de Neon Genesis Evangelion (serie japonesa psicológica extremadamente existencialista y nihilista) y a los escritores Joseph Conrad y Philip K. Dick. El acercamiento letrístico marcó un antes y un después en el género y es que letras como esta no eran comunes:

“I clock the signal to noise
And take suicide capsules now
For me the sky has fallen
Is this how Braille sounds?”

Ahora yendo a la música, Discordance Axis saben sonar complejos, técnicos, emocionales, futuristas, introspectivos, innovadores, memorables, pegajosos y hasta melódicos según qué momentos sin dejar de sonar 101% brutales e intensos ni un solo segundo, ni siquiera en “A Leaden Stride to Nowhere”, la cual comete el “pecado” de ser lenta y durar 4 minutos, la cual termina siendo una de las canciones más pesadas del álbum, con un breakdown que parece no tener fin, que te hace sentir atrapado, desesperado y sufriendo ansiedad. Y para que tengan una idea la magnitud de la música, el guitarrista de la banda tuvo que retirarse porque empezó a sufrir de epilepsias por estar muy cerca del amplificador.

El Grindcore se trata de intensidad, de agredir el oído y disparar adrenalina en estado puro, de horrorizar, así como también demandar y exponer los horrores del mundo, pues Jon Chang, Rob Marton y Dave Witte hacen mucho más que eso porque no solo se limitan a sonar intensos, sino que te calcinan de adentro hacia a afuera y no solo horrorizan con su absurda barbarie, sino que también asustan porque al escucharlo deja una sensación de vacío inexplicable cada vez que termina, de soledad y desesperación, como la ansiedad encarnada en música, solo que peor.

“The Inalienable Dreamless” agarra tu percepción de lo que es caótico y brutal y la estampa contra la pared repetidas veces hasta que queda destruida, pero lo más disparato del asunto es que lo hace con una belleza contradictoria, como si una escena de asesinato contuviese en ella arte.

El disco está conformado por diecisiete canciones y apenas dura veintitrés minutos, pero con canciones de 50 o 40 segundos dice más que muchísimos grupos y no solo eso, sino que técnicamente y compositivamente en míseras cantidades de tiempo el grupo realiza canciones más complejas, progresivas y habilidosas que la mayoría de músicos masturba mástiles. Es increíble, y también muy fumado, que un álbum de canciones con una media de apenas un minuto se sienta como la natural evolución del ya lejano rock progresivo de los setenta, pero a la vez se sienta como la antítesis directa. “The Inalienable Dreamless” es un álbum con conflictos y contradicciones, de eso trata, pero jamás confundan ello con perder el norte o sonar indefinido, porque esto lo último que hace esta gente. El nombre de la banda describe como anillo al dedo la música que practican: hay una discordancia con lo que debería ser el Grindcore, hay mucha técnica, mimo y detalle en las composiciones y ciertamente hay algo de lucimiento, pero inexplicablemente la banda aborda estos aspectos de una manera que no traiciona la esencia del género, sino que la renueva y la transforma. Aquí Dave Witte se la saca del pantalón y hace uno de los mejores performances de batería que he presenciado jamás, pero nunca, NUNCA, olvida cuál es su objetivo y es esta la diferencia entre un músico que sabe aprovechar su talento y cualidades desbordantes a uno que lo desperdicia al ser absorbido por su ego y pretensiones. A las primeras escuchas este álbum puede sonar inadecuado, fuera de lugar, pero entre más indagas en él más te das cuenta que no más de cuatro o cinco álbumes representan mejor el género.

Entrar a describir canción por canción es un ejercicio carente de sentido, como lo puede ser cagar en el techo de tu casa. Estamos ante uno de esos álbumes que no paran y paran de vislumbrar nuevos matices: irónicamente, muestra toda su genialidad lentamente. Dentro del aparente caos se esconden ideas impecablemente definidas y la intensidad es la justa y necesaria dentro de la duración del álbum, tal vez no haya estribillos y solos de guitarras, pero acá la maestría reside en algo mucho más difícil de ver; la precisión relojera de cómo y hasta cuando tus ideas, sé que puede costar verlo porque esto aparenta puro ruido sin ton ni son, mas es todo lo contrario. El Grindcore es una música que puede agotarse muy fácilmente, no cualquier manco se pone a hacer ruido y hace un buen Grindcore, caer en la monotonía y poca creatividad es muy fácil en este estilo, sin embargo, Discordance Axis no solo no caen en estos huecos, sino que se solucionan de una manera muy creativa una de las mayores flaquezas del género desde su concepción haciendo sus bazas, matices y destellos sutiles y no tan obvias. “The Inalienable Dreamless” es un disco que si te atrapa jamás de los jamases te soltará.

Hablar del desempeño de cada uno de los músicos dentro de este elepé no es solo hablar de lo mejor de lo mejor dentro del género, sino también hablar de lo más alto fuera del mismo. Se puede sentir, con mucho realismo, el sentimiento que imprimió cada uno en sus respectivos instrumentos: Dave Witte hace importante e imprescindible cada uno de sus millones de golpes, es muy fácil caer en el cliché de tocar blast-beats que no aporten nada más que brutalidad y barbarie, pero es muy difícil hacer de un sonido unidimensional multidimensional y además agregarle sentimiento a cada uno de tus baquetazos, se oye el conflicto, la frustración, la catarsis; la creatividad de Witte a tras las percusiones es de otro universo, los fills, redobles y patrones que salen de su cerebro son dignos de estudio, vastos como el espacio exterior. Por otra parte, los riffs e idas de olla de Rob Marton pueden recordarnos a la esquizofrenia inefable de “Obscura” (Gorguts) con el ímpetu disonante y desgarrador de unos primerizos Converge, sus guitarras pueden sonar futuristas, distantes, misantrópicas, abstractas, maníacas, ansiosas y hasta espirituales al mismo tiempo, el tono de la guitarra y las inusuales piruetas en el mástil de Rob no son para lucirse sino para que la guitarra no reproduzca meros sonidos, construyendo un torbellino imparable de pensamientos filosos como cuchillas, uno tras otro, como una mente atormentada. Jon Chang no se queda atrás tampoco: su voz es única, indescriptible, cada grito se siente como si fuese el último que va a dar, su voz aguda perfora como una lanza y sus guturales graves son como un golpe seco con un mangual. Chang se deja todo su aliento de vida en el micrófono y puedo decir, sin que me tiemble el pulso ni un segundo, que en este álbum hace la actuación más apasionada e intensa de todo el género. El sonido masivo que forma este trío es cuasi incomparable con nada más, ni siquiera les hace falta el bajo.

Vamos, que como mínimo terminarás escuchando el álbum tres veces: una para centrarte en la batería, otra para la voz y otra para las guitarras y aun así no pillarás ni la mitad de lo que esconde ese cielo y mar azul que se fusionan en la lejanía, pero al menos en el proceso de descifrar este puzzle purgarás tus emociones mientras sientes ese cosquilleo explosivo dentro del cuerpo que hace que se hinchen las venas, duela la cervical y te pongas a brincar. Impagable.

En resumidas cuentas, un álbum que sorprenderá a muchos, que saciará tanto a los que busquen ruidada de la más bestial que hay tanto a los que busquen una experiencia completa y única en la cual perderse y sumergirse.

Te guste o no esta música, “The Inalienable Dreamless”, es un trabajo que por lo menos una vez en la vida debes experimentar: volarás en las cercanías de la atmósfera, tratando de sobrepasarla, pero nunca lográndolo. Un despegue eterno que te mantendrá pegado a la silla con una inercia imposible de eximir.

No aprietan la tuerca por el simple hecho de apretar más. Un "game changer" que cambió las cartas de la mesa y modificó el cómo se debía entender el Grindcore para siempre. Sin duda alguna una de las cinco mejores obras de un género incomprendido que debe mantenerse incomprendido, y por descontado también una de las mejores obras que he tenido el placer de degustar más de quinientas veces.

9.9

Jon Chang: Voz
Rob Marton: Guitarras
Dave Witte: Batería

Sello
Hydra Head Records