Centaur - God Complex

Enviado por Antipoeta el Vie, 17/07/2020 - 17:50
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1. Sonnenkind 03:50
2. Game of Life 05:35
3. The Price of Money 04:08
4. Echo of an Empty Shell 05:07
5. The Seed 04:09
6. Land of Gold 04:33
7. An Ode to a Memory 05:26
8. Ultimate Answer 03:54
9. To Be or Not to Be 05:14
10. Axiom 03:37

Disco Completo

La fértil proliferación alemana en materia de agrupaciones que practican el metal (y en este concepto englobó a todos los estilos que surgen de sus cuerdas eléctricas) es tan abundante como abismante. Hay para todos los gustos y en cada uno de sus géneros encontrarás verdaderos estandartes, algunos de los cuales pasearon sus oriflamas con una determinación inclaudicable por todo el globo terráqueo. Desde Scorpions hasta Helloween, desde Sodom hasta Kreator, incluso con propuestas tan radicales como Rammstein y fulgores tan demoledores como Atrocity, los germanos disponen de una verdadera cantera que se ha posicionado de modo incontestable como una de las más productivas, variadas y potentes del orbe.

Expuesto lo anterior (que no constituye para nada un descubrimiento que encumbre a este Antipoeta a la elite de las reflexiones filosóficas), no es de extrañar que algunas bandas queden ocultas bajo la crema y nata que se agolpa en la superficie presta a ser lo primero que entre en contacto con el oyente, con esa gruesa textura que la caracteriza y con ese sabor propio del metal teutón, identificable, palpable y hasta respirable (contacto determinado comúnmente por el reconocimiento popular y por el éxito cosechado durante años). Pero si te animas a coger una cucharita para remover aquella nata pegadiza y algo porfiada con la intención de probar un sorbo de aquello que se queda debajo, notarás que en algunos casos, la dulzura de una napa subterránea puede refrescar tu paladar y tu gaznate, animándote a beber otro sorbo, ahora sin suspicacias, ahora con ganas verdaderas.

Centaur es una de aquellas bandas que flotan bajo aquella capa superior compuesta por las principales bandas de heavy y power metal de Alemania. Sin embargo, su trabajo estilístico no establece para nada distancias abismantes e insalvables con las más reconocidas. La calidad del álbum que motiva esta reseña demuestra que en aquel lejano 1998, tuvieron el talento para crear un conjunto de canciones caracterizadas por un concepto que las abarca a todas, independientemente de que algunas sean más briosas que otras. El vocablo preciso para definirlo es “Elegancia” y si cabe agregar un término que no le vaya a la zaga, diría que “Belleza” sería por añadidura el más apropiado, completando en suma, la fórmula musical que nos atañe.

“God Complex” se titula el disco, nada menos ¿Algún mensaje para otros exponentes que miran de soslayo a las bandas “menores”? o ¿Se tenían la confianza suficiente como para abofetear con guante blanco al contrincante de turno? Lo ignoro, pero es un buen nombre para un disco y hasta para una banda. La portada exhibe a un monje en plena genuflexión junto a un candil de arácnido diseño.

Es posible que al escucharlos, acudan a tu memoria algunos nombres como Queensrÿche, Conception o Athena. Quizás otros vayan apareciendo a medida que avance el trabajo, como Crimson Glory, por ejemplo. Sin embargo, tienen fuego propio y su calidez permite que espantes el frío de una mañana de invierno, como esta en la que escribo acompañado por un café humeante y sabroso. En otra latitud quizá te refresquen y abaniquen. Y si te dejan frío, pues bien: todo es posible.

Resultaría inoficioso en esta oportunidad iniciar una descripción detallada de cada canción. Si escuchas el álbum puede que te ocurra como a mí, que me encontré con un entramado compacto, de una sólida estructura bien urdida. En definitiva, se trata de un noble ejercicio de agradable mixtura entre heavy y power metal con muchas influencias progresivas. Los músicos demuestran un gran oficio desde el comienzo con el rápido “Sonnenkind” que resulta ser todo un acierto para dar play a un álbum entremezclando teclado y guitarra con un envolvente riff inicial. Usan doble bombo, cambian de ritmo, son melódicos por momentos, pero también imprimen potencia. El batero Gallus es aplastante, versátil y dispone de los recursos necesarios como para dotar a cada canción de un sabor especial como en “Ultimate Answer”. Por su parte, Weib inserta sus notas con sutil donaire, demostrando que los teclados no tienen por qué ser considerados como instrumentos secundarios cuando de metal se trata; lo anterior queda respaldado con temas como “Land of Gold”, en el cual sus teclas conforman un fuerte complemento que resulta esencial para el desarrollo de la melodía, flanqueando al riff principal y al solo de Lohmann. Stefan Kebel es un cantante de amplio registro que para nada abusa de gritos o sobreagudos; sabe poner la voz y ajustarla a la melodía o darle vigor cuando la situación lo requiere, sin caer en excesos que cansen a ciertos oyentes (me suele pasar con algunos próceres de aguda tesitura). Las líneas de bajo, por lo general encuentran la forma de resaltar y confirmarnos a Böing como un destacado exponente: lo confirma con sobrada vitalidad en “Game of Life” y “Echo of an Empty Shell”. Lohmann, por otro lado, sin necesidad de exhibir una técnica excesivamente depurada y fecunda en demostraciones neoclásicas o barrocas, nos expone riffs de buenísima factura en temas como “The Seed” o “To Be or Not To Be”. Sus solos calzan donde deben y duran lo justo y preciso como para no empalagarnos con despliegues descomunales.

La cabalgata que emprenden en “The Price Of Money” permite notar un acercamiento al heavy metal de la vieja escuela, en consonancia con un power noventero en la línea de Angra; su coro tiene la compacta solidez de un atolón. Composición en que confluye el muy buen oficio de todos los integrantes.

Me es indispensable referirme especialmente a “An Ode to a Memory”, pues se trata de una hermosísima balada en la que Stefan Kebel acredita mis apreciaciones, moviéndose en buena parte del espectro que su registro le permite. Bella y elocuente lírica que se asocia de modo triunfal con una conmovedora melodía. Tenemos en esta lenta pieza uno de los picos más altos del disco, lo cual suele resultar curioso tratándose de una obra metalera; sin embargo, me vienen a la mente un par de canciones que son capaces de proporcionarme niveles casi parejos de melancolía y alegría, como son “Silent Lucidity” de Queensrÿche y “Wuthering Heights” versionado por Angra. Acá, con “An Ode to a Memory” creo haber encontrado el tercer vértice de un triángulo capaz de arrancarme algunas lágrimas de júbilo y nostalgia en extraña y dulce conjunción.

El disco cierra tan robusto como cuando comenzó. Esta vez se trata de “Axiom”, compuesto por buenos riffs y un ritmo que fluctúa entre el medio tiempo y la aceleración. No falló Centaur: Redondearon un gran trabajo que hoy se escucha actual y macizo. No perdió consistencia con los años, por el contrario, la fue aquilatando progresivamente.

La prerrogativa de que goza un reseñista es invaluable y esta vez me permite coronar con 5 cuernos a este álbum de Centaur que, no me cabe duda alguna, llega a esta nueva década como un delicioso y aromático vino germano, presto para ser descorchado con ansias por quienes saben degustar un néctar de semejante cepa. La cabalgata del Centauro ha pasado por las llanuras de El Portal… y ha dejado huella.

Stefan Lohmann: Guitarra
Stefan Kebel: Voz
Michael Böing: Bajo
Guido Gallus: Batería
Christoph Weib: Teclados

Sello
B.O. Records