Cathedral - Forest of Equilibrium

Enviado por stalker213 el Jue, 30/01/2014 - 23:08
1376

Y vamos a seguir desenterrando cósmicas moles kilométricas de aquellas que salen cada dos o tres décadas, en tanto en cuanto, hoy, nos colgamos del cinturón nada menos que el álbum debut de los dioses británicos CATHEDRAL y en definitiva: La piedra angular que dio origen a la segunda y mayor oleada del Doom Metal, además de uno de los subgéneros más en boga de la primera mitad de los 90’s; El Death/Doom. Un clásico de clásicos, se mire cómo se mire, inamovible de cualquier panteón de la historia del Metal, y es que después de todo, no muchos son capaces de resistir más de veinte años en la brecha (en primera fila), entregar únicamente sublime calidad, crear e instaurar un subgénero y por si no fuera ya todo ello poco, bajar la persiana estando en lo más alto y encima hacerlo cuando a uno le sale de las pelotas. CATHEDRAL. Ingleses. Leyendas provenientes de otras leyendas. Grandes entre grandes.

Y pocos -considero- me lo vendrán a negar. Ya que los de Coventry siempre fueron mucho más una banda de Doom, antes que no una siquiera de Death/Doom Metal, aunque así como queriéndolo el caprichoso destino, aquél tendría para con los de Dorrian & Jennings la deferencia de escogerlos para diseñar los planos de un edificio que en última instancia, levantarían muchos otros, mayormente procedentes de su mismo país. No en vano, el año es 1991 y el sello Earache, luego las mierdas o las mariconadas están, como quien dice, de más. Solo vale ser un titán. De fuego, piedra o kevlar, pero un titán al fin y al cabo. Codearse y buscar tu sitio entre megalodones como MORBID ANGEL, CARCASS, BOLT THROWER, ENTOMBED o TERRORIZER, todos ellos insignes pioneros en sus correspondientes campos, no es cosa fácil cuando ni zumbas mierdas o siquiera lo intentas, pero aquí hay más tela de la que nadie pueda despacharse, y es que plantarle a quien sea en la cara una puta zanahoria que reza que ahí anda involucrado el vozarrón legendario de NAPALM DEATH es para acojonar al más pintado. Y concedido. De toda la terna, los de Dorrian son por paliza los menos brutales, pero su leyenda no es más pequeña que ninguna de la de los anteriormente citados. ¿Suerte o privilegio? El nacer antes, digo. Porque ¡Claro! A todas estas bandas a las que idolatramos como tótems sagrados ¿Los son porque fueron los primeros o porque realmente han sido los mejores? Quizás converjan ahí ambos factores, pero lo que concluyentemente es meridiano, es que nadie en su reino consiguió jamás comerle un palmo de terreno a CATHEDRAL, ni posiblemente lo haga ya nunca jamás.

Y es que claro, eso es lo que tiene ser los hijos naturales de los mejores BLACK SABBATH ¿Cómo sino? Aunque aquí hay mucho más de lo que parece. ¡Y naturalmente que sí! Tampoco es difícil el olfatear igualmente la podrida y rancia simiente de los otros crackens del reino: SAINT VITUS, PENTAGRAM, CANDLEMASS y por supuesto, TROUBLE. No obstante, aquí hay que hacer un alto en el camino y subrayar lo siguiente: Estas cinco interminables bandas dejaron tras de sí un animalísimo reguero de influencias y la receta para atronar, arrastrándote y regocijándote en tu más absoluta miseria, aunque siendo lo enormes que fueron, ni siquiera de modo conjunto acometieron lo que CATHEDRAL sí hizo y prácticamente singlehanded, ya que mientras los primeros no legaron sino un masivo cuerpo discográfico y una impronta inmortal, los segundos, además de aquello mismo, alcanzaron de igual modo la materialización del género y la consolidación del mismo, al dispersar las semillas y propiciar con ello la proliferación y ramificación del estilo mediante nuevas e incontables formaciones, que todavía hoy dan guerra, glorificando al culto de las sombras, los campanarios derruidos y la divina telaraña, entre otras lindezas.

Así pues, ¿Qué es lo que se desprende de la anterior aseveración? Fácil. Muy fácil. Ni más ni menos que mientras los pioneros (los grandes, joder, ahora que nadie me venga con SIR LORD BALTIMORE o BLUE CHEER, que además de no hacer lo mismo, no duraron ni dos telediarios…) remaron solos a lo largo y ancho del Estigia, no arrastrando tras de sí nada más que lo puesto, sus hijos naturales (CATHEDRAL), además, dieron el espaldarazo definitivo a la hora de consolidar al reino, otorgar ricos feudos a sus mejores terratenientes y en definitiva: repartir el resto entre todos sus fieles samaritanos, porque digamos que ¡Sí! El Doom tiene su punto de hippy e incluso hasta diría que tiene su gracia y todo. En el sentido de que aquí, el pan de cada día no estriba en sacarle las tripas al otro, ser el más brutal o el más veloz y ruidoso, sino paradigmáticamente antes: Ser el más lento, colgao, rarote o avezado espeleólogo a la hora de descender hasta las más profundas grietas de la corteza terrestre, allá donde desenterrar la más absoluta oscuridad, lejos, muy lejos del mundanal ruido que entretiene a los mortales.

Con tal propósito, el tema de cierre, ‘Reaching Happiness, Touching Pain’, nos presenta sin más a unos JETHRO TULL del todo fumados y con la puta cocorota girada, la mandíbula torcida y tirando millas a 0,00001 revoluciones por minuto, aunque no veáis cómo funciona el invento, mis estimados monos tití. Sus fantasmagóricos nueve minutos, transcurren a una dolorosísima cámara lenta que definitivamente no es fácil de asimilar; Aunque este es precisamente el rollo. Que cuando más miserable y más desgraciado haces sentir al oyente, más bueno eres trabajando el Doom Metal, y en esto –os digo- CATHEDRAL jamás han tenido rival. Los teclados de la parte final ponen los pelos de punta, por ponerlo suave, aunque concluyentemente aquello que más sobrecoge son los tortuosos y lánguidos lamentos de un Dorrian que como nadie más (en las antípodas de su pasado, desgañitándose con NAPALM), inspira y personifica al frontman arquetípico del Doom, soslayando -si es que resulta factible- a las infinitas sombras del joven Osbourne y el chiflado Bobby Liebling.

CATHEDRAL trabajan lento, sí. Extremadamente lento. Aunque no fueras a perderte lo mejor del asunto, ya que aunque su ritmo de manufactura sea desesperadamente calmo, la velocidad a la que actúan sus garfios sobre la atención del oyente es supersónica. ‘Picture of Beauty & Innocence (Intro)’ así viene a demostrarlo, probando justo desde el principio el cómo su categoría musical, además de virulentamente fantasmagórica, es gruesa y profunda como las raíces de un milenario árbol. Y pronto quedan insultantemente patentes las credenciales de Guitar Hero del amigo Gaz Jennings. Porque sí, Dorrian es la cabeza visible y en definitiva el alma mater de la criatura, pero el seis cuerdas ejerce como Master of Ceremonies, y no veas tú cómo cruje la ceremony. El corte evoca desde su mismo principio a la más sentida y sincera oda a la tos que provoca el polvo en la boca o la terminal velocidad a la que transitan los caracoles con furibunda hemiplejia, aunque no sería justo el dejar de ponderar cómo, INCREÍBLEMENTE, se abre un brutal claro por entre los nubarrones en (07:20), al descargar Jennings su primer chubasco de garrotazos del que, invariablemente, resulta imposible salir ileso. Temazo antológico, y por descontado: De lo mejor jamás escrito por CATHEDRAL.

De mientras, que no es poco, van quedando por el tortuoso camino otras gemas sempiternas del género, tales como la angustiosa y reptante ‘Ebony Tears’ o la igualmente impactante ‘Serpent Eve’ (brutal giro en 05:12), donde observamos a los de Coventry jugando en la misma liga que PARADISE LOST, aunque apaleándolos por amplia goleada, si aquello que tomas como referencia es el “Lost Paradise”, claro; “Gothic” ya sería otra historia. Mucha clase CATHEDRAL. Demasiada. Muchas buenas ideas (frescas entonces) y escandalosamente bien ejecutadas, que es lo que realmente pesa después de todo. Justo lo mismo que ‘Soul Sacrifice’, otro clásico marcado a violento juego (el arranque en 02:00 es simplemente demoledor), donde ya uno ve venir sin dificultades los derroteros por los cuales iban a transitar poco después los esbirros del loco Dorrian. Y la verdad, poco más que añadir respecto a ‘A Funeral Request’ o la escalofriantemente abismal ‘Equilibrium’, y su hipnótico e inquietante cierre merced unos teclados que hielan la sangre, porque al fin y al cabo estamos hablando de lo mejor en su género, al punto que de una de sus piedras fundacionales. Luego no queda más que postrarse y servir el ojete en bandeja. ¡PLOP!

Incalculable influencia y calidad a toneladas, pero que no se os olvide lo más importante: Un referente incluso para otros referentes. Y es que a buen seguro no hemos hablado aquí nunca de la abrasiva importancia de esta banda en el panorama metálico de los últimos veinticinco años, pero el que ello no haya acontecido, no hace palidecer al hecho en lo más mínimo. Hablamos del primer, y posiblemente mejor, trabajo de una de las bandas de culto más top bajo mi punto de vista en la historia reciente (o no tanto) de nuestro rollo; Y encima habiendo hecho gala toda su vida de un perfil ya no bajo, sino lo siguiente. ¿Increíble o qué?

Del artwork (y sus portadas en general) ya es que ni hablo, porque entonces sí nos tiramos una semana…

Valoración: 9.6

Lee Dorrian: Voz
Adam Lehan: Guitarra
Gaz Jennings: Guitarra
Mark Griffiths: Bajo
Mike Smail: Percusiones

Sello
Earache