Cathedral - The Carnival Bizarre

Enviado por Hammer el Mar, 13/02/2018 - 06:47
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Your soul condemned to HELL!!!

Una densa oscuridad nos envuelve al punto de adormecer nuestros sentidos, hemos entrado en trance. De repente percibimos unas peculiares vocecillas que poco a poco se convierten en sonoras carcajadas. Despertamos en un plano desconocido, huele a sangre y carbón. El cielo está teñido en púrpura, las nubes son negras y el césped tiene una tonalidad azul. Nos levantamos y caminamos un poco, el olor cada vez es peor y sentimos un fuerte mareo. A lo lejos se escuchan sonidos indescriptibles, violines desafinados, rugidos, socarrones gemidos, gritos y blasfemias. Entonces vemos al horizonte y contemplamos una escena inolvidable; un ejército de criaturas esotéricas se acerca, algunas corren, otras se arrastran, unas pocas levitan, hay de todo. Enanos con alas, gente mutilada, machos cabríos, ángeles fornicando, animales de proporción irreal; leones del tamaño de un perro e insectos del tamaño de un toro. Monjes con cara de rana, hombres pájaro, esqueletos danzantes, estatuas de cobre con vida propia. En el cielo fragatas comandadas por reptiles, pterodáctilos y dragones. ¿Dónde estamos?, los habitantes de este gélido mundo nos rodean hasta que uno de ellos, un niño barbado con piel de serpiente, nos toca la frente con su pulgar y nos expresa sonriendo maléficamente: ”hoy toca hablar de Cathedral”.

Así es, uno de los máximos exponentes de un género oscuro y sombrío. Los de Conventry fueron parte de la germinación del doom metal, un estilo que ha quedado relegado por sus hermanos más brutales a la más vana penumbra que rodea los calabozos del metal extremo. Hoy hablaremos de la tercera placa de larga duración de estas bestias, The Carnival Bizarre, uno de los álbumes más representativos de doom en los noventa. Parte conclusiva de lo que es para mí una triada fantástica, de la cual hacen parte también el debut Forest of Equilibrium (1991) y su continuación The Ethereal Mirror (1993).

Pues bien, en 1995 Cathedral ya era una banda más que conocida en el metal extremo, miembros indiscutibles de la elite del doom junto a otros irrefutables de la escena como los americanos Saint Vitus, Pentagram y Trouble o los suecos Candlemass y Count Raven. No puedo dejar de mencionar en esta camada a los ingleses Paradise Lost (dioses), Anathema y My Dying Bride y por supuesto los suecos Katatonia. Todos ellos grupos vitales en la escena doom, grupos que con el pasar de los años mutarían su sonido en otras vertientes y estilos.

The Carnival Bizarre se ve entonces como una evolución musical natural de sus antecesores, lo veo personalmente como un álbum más comercial sin que ello signifique de ningún modo pérdida de calidad. Y es que la materia prima no ha cambiado, el estrafalario Lee Dorrian en el micrófono vociferando chifladuras y el destacadísimo Gary “Gaz” Jennings en las seis cuerdas. Vemos caras nuevas en esta ocasión, Brian Dixon que remplaza a Mark Wharton en la batería y Leo Smee, que llega como bajista en propiedad por primera vez. Atractivas incorporaciones, vitales para lograr el sonido que se buscaba en el álbum que hoy nos ocupa. Y es que el sonido del álbum es sin duda una pasada, he leído y escuchado comentarios de muchos que consideran la producción - a cargo del muy competente Kit Woolven - como inconsistente o incluso desesperante. Para nada de acuerdo, la calidad es limpia y aun así tiene una atmosfera crudísima que cubre todo el trabajo. Rescato puntualmente la edición en las cuerdas (atención a la ejecución de Smee porque en todo el álbum el bajo es fenomenal) y el sonido del snare (redoblante) de la batería porque es un no parar de latigazo tras latigazo. Por otra parte la portada es para enmarcar, textualmente, otra espectacular faena de Dave Patchett, de esas obras de arte que puedes contemplar por horas, buscando y encontrando detalles retorcidos en cada recuadro, acompaña suculentamente el contenido de las líricas y la atmosfera caricaturesca y estrafalaria de la comparsa diabólica que comandan Dorrian y Jennings. La duración es otro aspecto relevante, con una duración de sesenta y dos minutos se convertiría en el álbum más extenso de Cathedral para esa época, luego superado por Caravan Beyond Redemption. Es un aspecto que destaco porque no estamos ante un álbum precisamente digerible de buenas a primeras, es largo y denso. Algunas veces criticado por la extensa duración de sus canciones, lo que digo es que depende de cada persona, soy de los que piensan que a este trabajo no le sobran segundos. La creación de atmosferas envolventes a veces tiene mucho que ver con machacarte a punta de riffs dementes por más de tres o cuatro minutos, así son Cathedral, así es Jennings desde el inicio y no cambió nunca.

Paguemos entonces el precio del carnaval, tres orejas de duende, entremos y vislumbremos qué jolgorio armaron los de Conventry en 1995. La primera criatura que se nos presenta es Vampire Sun. Nos escupe en la cara un ácido rojizo y viscoso; desde el inicio Jennings se apropia de la situación con su sólido riffeo, la batería es dura y catastrófica. Todo para la entrada de Dorrian que empieza a arrojar las primeras líneas a manera de hechizos y sortilegios. En este primer ataque ya se puede evidenciar lo que se va a sentir el resto del álbum, mucho riff antológico, medios tiempos destructores y berridos infames de Dorrian. Una pista de apertura fenomenal, siguiendo la vieja técnica de tantas bandas de abrir un CD con fuerza y un descarado afán, sin intruducciones instrumentales ni versitos de iglesia porque esto es metal de una tonelada señores, tocas el timbre, te abre un greñudo y te patea la cara al grito de fuck off, mate!, pero luego te da la mano, te levanta y te invita a pasar de todos modos. Muy inglés, vaya.

La segunda canción es el clásico por antonomasia de Cathedral. Conocida por los no instruidos del doom incluso, un patrimonio inalienable del heavy metal británico. Se abre el telón y aparece Don Vincent Price, nos saluda y se presenta; I’m Matthew Hopkins, Witchfinder, ¿ah?, lo que usted diga Sr. Price. Es así como nos introducen a Hopkins (The Witchfinder General), un espectacular corte que relata lacónicamente las actuaciones de un brutal cazador de brujas inglés que vivió en el siglo XVII, popularizado por el film Witchfinder General de 1969, del cual toma Cathedral los desfachatados samples que se despliegan como gusanos en toda la canción. Dorrian relata los pormenores de la horrenda cacería de brujas, intercalando sus versos con las estupendas melodías de Jennings, un temazo por donde se vea. De este tema se editó un videoclip muy entretenido con la banda en primer plano; Dorrian bailando como endemoniado junto a una bailarina morena, una bruja siendo limpiada de todo pecado, demonios y otros personajillos, simple pero grato. Como sea estamos ante un hit de la banda, tema más que recomendado.

Seguimos en el Carnaval oye, llega Utopian Blaster. Cinco minutos rocosos, un festival de riffs sensacional. ¿Sientes el tufillo a Sabbath?, no me digas que no, te presento al riff-man, el sublime, el coautor de toda esta mierda que amamos: Tony Iommi ofrece su magnífica calidad en este tema cooperando a Jennings en la guitarra. Como si de una bendición se tratase, Tony consagra a Cathedral como uno de los tantos finos herederos, dignos de su legado. Su participación en este álbum no es más que eso, si el maestro Iommi accede a asistirte en una cancioncilla de doom es porque algo estás haciendo bien, o más bien mucho. El tema es una arremetida bestial de guitarreos y melodías. Sin abandonar el estilo forjado por Cathedral, se mezcla con la influencia más clásica del riff-master. Rescatable también los pasajes vocales de Dorrian, todo un plan esotérico y mordaz.

La cuarta pista nos invade señores, Night of the Seagulls empieza a adentrarnos en la densa cota instrumental de la cual goza el álbum, cosa que ya habíamos presenciado en las dos primeras placas de Cathedral, barreras sónicas que abundan en este álbum. El presente es un tema doom en toda regla, pesado, lento y mortuorio. Rituales y versos apocalípticos son exhibidos por Dorrian, una vez más espectacular en el micrófono. Jennigns y Smee con riffs y licks marca de la casa, dibujando extrañas atmosferas con elegancia. Un tema para dejar volar la mente, es solo darle play y beberse una copa de lo que se te dé la gana para disfrutarlo mejor.

Pero le carnaval bizarre es joven aún. La pista homónima es la descripción plena del carnaval del cual ya somos parte.

Carnival bizarre
Freaks and lepers step right up
Circus of macabre
All the devils are rockin’ hard

Es casi como si Dorrian nos relatara punto por punto lo que vemos en el artwork, no se equivoca, todos los demonios están “rockeando duro” en este carnaval de los raros, los extraños, un viaje excéntrico y estrambótico. No por ello menos pesado ni oscuro. Porque de eso tenemos de sobra.

Silver mountain of razor blades
The masses ascend to a Golden lie
Evil angels in bloody lakes
Await to celebrate their fate

Toda esta testimonial visita al carnaval solo puede estar ligada a una pieza musical maniática. Así es esta canción, un estupendo show a seis cuerdas, tambores y teclados espaciales. No me digas que el riff principal no es de lo mejor de Cathedral, ¿o qué?, brutal composición. No se puede dejar pasar este temazo.

Pero sigamos, Inertia’s Cave es otro brutal corte, riffs marca de la casa se asoman a la superficie. Es sensacional cómo estos tipos te cubren en una fantasmal y fría manta de oscuridad sin la necesidad de tocar a mil por hora ni regurgitar berridos a lo gutural, tiene mucho mérito sin duda. Dorrian canta sus líneas con fuerte carácter, enfermas melodías salen de su boca como si se tratara la declamación de horripilantes conjuros escritos en piedra. Un show completo. Se trata sin duda de un gran tema de transición para la fenomenal erupción de confeti, tripas, polvo espacial y gusanos que viene a continuación.

Fangalactic Supergoria es la séptima atracción de esta procesión de obscenidades. Las ridículas risitas de criaturas mágicas nos introducen a un tema pesadísimo, una enfermiza composición en la cual Dorrian muestra una voz más oscura y cruel con un registro más grave de lo usual. Jennings dispara sus notas a lo loco, morbosos licks nos invaden de inicio a fin, trompetas y locura. ¿Lo sabemos o no? estamos en el corazón del puto carnaval. Es otra soberbia demostración de calidad de los ingleses.

Y es que después de ese ataque infernal parece que estos tipos se enloquecieron, porque Blue Light es una pista totalmente fuera de tono. Lo explico, escuchas este tema sin saber a qué álbum pertenece y dirás “buen rock, amigo, buen rock”. Pero nosotros afortunados sabemos su procedencia. Es una tomadura de pelo, un tema enfermo y mórbido. Dorrian vocifera su vocecilla de muchacho bueno, como si no acabara de escupir a todos los dioses en la pista anterior. Cuando el cabrón canta "The milky way pours over me…We own the stars and night" o sueltas una carcajada o el llanto cae sobre ti porque lo que este tipo hace es burlarse de su audiencia por todo lo alto (¿o lo bajo?), una pasada. Mención especial para Leo Smee porque sin duda es el mejor tema del álbum con respecto a la interpretación del bajo, si te gustan las cuatro cuerdas se tratará de una pista muy muy interesante, tiene unos pasajes espectaculares.

El carnaval moldea su presentación final, empiezan a germinar sus últimas notas, Palace of Fallen Majesty inicia con otro ataque de doom potente y a baja velocidad. La voz de los instrumentos repta por pedregosos caminos, se puede sentir un clima hostil de verdad. Hacia la mitad Dixon nos comanda hacia pasajes más veloces, Jennings libera otro riff "muy a lo Cathedral" que desemboca nuevamente en notas largas y gordas. Los cambios de tiempo de este gentío es algo que hacen muy bien, no hay recriminación alguna. La clausura del carnaval llega con Electric Grave, un medio tiempo que cumple muy bien la labor de cierre, un acto final que tiene todo lo que buscamos, guitarras musculosas y versos desafiantes. El manejo de platillos de Dixon le agrega mucho atractivo al tema, es algo que de hecho ocurre en todo el álbum, un punto más a su favor. De igual manera los licks y solos de Jennings gozan de muy buena ejecución, mucha influencia de Iommi, cómo no. En la mitad de la canción una sección de guitarra limpia sirve de transición para los minutos finales del carnaval. Y es un no parar de riffs, uno tras otro joder. Los aficionados a las seis cuerdas no pueden desestimar momentos así, un estupendo trabajo para liquidar el maldito carnaval.

Es un disco de cinco cuernos. Los puntos positivos los he revisado a lo largo de la crítica, los negativos no serán muchos. Para algunos será la duración del trabajo, para otros el sonido de la banda, más abierto a públicos con oídos menos entrenados. Mi opinión es clara, es un álbum muy completo, tienes de todo, ejecuciones a seis y cuatro cuerdas más que sobresalientes, percusión muy variada, un fucking Dorrian en su mejor momento y como si fuera poco tienes toda la atmosfera carnavalesca, extraña y paranormal. Es difícil elegir entre los dos primeros álbumes y este porque cada uno tiene sus momentazos, si nos ponemos en plan sincero tal vez, solo tal vez me gusta más Forest of Equilibrium que The Ethereal Mirror, pero sin duda son tres placas inmortales de doom. Si no has escuchado nunca Cathedral ya va siendo hora que lo hagas, porque hay metal de calidad en estos tipos. Una gran cantidad de sensaciones y sentimientos que pueden diseñar solo con un par de riffs, unos tambores y una voz. Adéntrate al carnaval, respira, ignora el olor que destilan las quimeras que te ven y percibe un espectáculo perturbador pero mágico a la vez.

Lee Dorrian: Voces y percusión.
Gaz Jennings: Guitarra, teclado, percusión y coros.
Leo Smee: Bajo y coros.
Brian Dixon: Batería, percusión y coros.

(*) Invitados:
Tony Iommi: Guitarra (Utopian Blaster)
Kenny Ball: Trompeta (Fangalactic Supergoria)
Mitch Dickinson: Gong (Utopian Blaster) y coros.

Sello
Earache Records