Carcass - The Peel Sessions

Enviado por Onán el Lun, 07/01/2019 - 14:43
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1. Crepitating Bowel Erosion
2. Slash Dementia
3. Cadaveric Incubator Of Endo Parasites
4. Reek Of Putrefaction

En la reedición de Earache de 2014, además vienen estas otras cuatro, procedentes de la segunda sesión (1990):

5. Empathological Necroticism
6. Foeticide
7. Fermenting Innards
8. Exhume To Consume

Podemos ver el origen de Carcass como la reunión de tres chavalines ingleses que escuchaban a Slayer, Repulsion o Death y quisieron ir aún más allá; tres pipiolos que grabaron un primer disco que es una jodida cacerolada en la que no se entiende ni hostias, envuelta en un collage de fotos cuya visión produciría arcadas violentas al mismo Belcebú; tres mendrugos que osaron debutar discográficamente el año en que el batería acababa de empezar a tocar la batería, y encima a lo virtuoso, sin frenos y cuesta abajo. Tres imberbes que querían llamar la atención a toda costa, en definitiva.

Podemos decir todo eso y creo que no estaremos errados, pero si nos detenemos en el momento en que el mítico John Peel "aporhijó" al grupo y pulsamos el botón de pausa nos hundiremos, aunque sea sólo durante un rato, en raíces mucho más hondas y antiguas de la cultura popular. Nos meteremos en historia de la buena. Porque la biografía de John Peel da para una novela gorda en la que no habría que novelar nada, ¡qué tipo! Estuvo de joven en Estados Unidos y no perdió el tiempo: antes de conseguir, tras varios tumbos, un trabajo como locutor de radio (su sueño) pudo entrevistar a John F. Kennedy durante la campaña electoral tras la que éste fue elegido. Tres años después se coló por toda la cara -sale en el jodido vídeo- en la rueda de prensa en la que la policía paseó a Lee Harvey Oswald a poco de que lo trincaran tras el magnicidio (joder, ahí se colaba cualquiera, no me extraña que luego se cargaran a Oswald en sus narices), vio estallar la beatlemanía en América y se convirtió en su "corresponsal" radiofónico allí gracias a haber nacido cerca de Liverpool, vivió la explosión psicotrópico/floral/sexual de los hippies...

Mientras tanto, en su país de origen proliferaban y triunfaban las emisoras piratas de radio. Pero piratas-piratas, porque emitían desde embarcaciones ancladas justo fuera de las aguas británicas, desde donde se descojonaban de la ley y emitían lo que les daba la gana. Entre otras cosas se pasaban por el forro la norma del "tiempo de aguja", que obligaba a no radiar muchos discos, norma con la que las compañías pretendían que la gente se viera obligada a comprarlos, y es que qué era eso de poner tanta música gratis, dónde vamos a parar. Estas emisoras se hicieron con el público joven, ávido de pop, rock y demás música popular que no les ofrecía la radio "normal". Todo esto puede sonar bastante romántico, y de hecho lo es, pero no nos engañemos, eran negocios ilegales en toda regla que generaban una pasta gansa.

Pues bien, nuestro hombre volvió al Reino Unido ya convertido en todo un entusiasta melómano experimentado y encontró trabajo en una de esas emisoras, Radio London. Allí adoptó el apodo de 'Peel' y se hizo en seguida un hueco: con su estilo cercano en apenas unos meses se convirtió en el locutor más popular del lugar, y además se dio el gusto de pinchar un montón de novedades psicodélicas a las que los ingleses no estaban acostumbrados. Se trajo consigo las flores de América, vaya. Y se dedicó con verdadera pasión a educar a la gente. Quería que escucharan lo que él iba descubriendo, que alucinaran como él. Era todo un transmisor, un tipo generoso.

Mientras duró su estancia en Radio London (unos seis meses de 1967) se produjo allí, por cierto, otro acontecimiento de alcance cósmico: la emisora tuvo el privilegio de estrenar en exclusiva el Sargent Peppers de los Beatles al completo un mes antes de su lanzamiento, privilegio que obtuvieron (la vida pirata, la vida mejor) con malas artes. Joder, pareciere que cuando ocurría algo gordo John Peel se veía atraído como por un imán gigante. Allí, en el mismo barco donde trabajaba, se dio a conocer al mundo esta piedra angular de... todo, este absoluto hito.

El caso es que el mismo año en que Peel empezó en Radio London la emisora cerró, al igual que otras del mismo tipo, ante la presión del gobierno. Aprovechando la ocasión la BBC creó una serie de subsecciones con las que trató de tomar el relevo de las emisoras piratas, y para una de ellas, Radio 1, contrató a todo un enjambre de locutores con parche y pata de palo que se acababan de quedar sin trabajo. Entre ellos, como no, John Peel. Y aquí empieza la parte (arf, arf) que tiene que ver con Carcass. Paciencia, compañeros del metal. La historia lo valía: había que empezar por el Cretácico.

En Radio 1, aquí sí, había que cumplir la norma de no pinchar mucha música, y ante la alternativa de tener que rellenar por narices su programa con cháchara John Peel optó por llamar a grupos para que grabaran en el estudio de la BBC, en una jornada, sesiones de cuatro temas que al no pertenecer a ningún disco podían ser radiadas cuantas veces se quisiera. Habían nacido las famosas Peel Sessions.

Por naturaleza eran grabaciones frescas, cercanas a lo que sería una demo, pero que gozaban de un sonido profesional y permitían repetir tomas y hacer algunos recordings (sumar capas). Eso sí, deprisita. A esta sana presión fueron sometidos unos ¡2000! grupos, de los cuales más de uno repitió dos o más veces, algunos decenas de veces. Brutal. Muchos de ellos no tenían ni contrato discográfico y se valieron de estas emisiones para catapultarse más arriba, otros ya eran conocidos... en cualquier caso la lista acojona. Unas 4000 sesiones durante 37 años. Cuando Peel murió en Cuzco de un infarto en 2004 todavía se grabaron tres más a título póstumo, que estaban ya previstas de antes.

Venga, saltemos por fin a 1988. El programa de John Peel es ya una institución que ha navegado siempre a contracorriente y se ha hinchado a pinchar punk desde el minuto uno, o cualquier otra primicia que toque las narices a lo establecido dentro de un amplio abanico de estilos populares. Cada semana recibe cientos de discos y cintas, todo el mundo quiere un empujón del capo. En esto que llega a sus manos un 12' llamado Reek of Putrefaction -El hedor de la putrefacción- firmado por unos tales Carcass -Cadáver de animal- que, a la luz de los datos de contacto, proceden del mismo lugar donde él nació, lo cual cabe pensar que lo enternece. Las canciones tienen nombres como "Excretor de mucopurulencia", "Masticador de cuchillas de afeitar oxidadas" o "Defecado vivo". Los intérpretes afirman haberlas "descompuesto y desarreglado". Hasta las dos caras del disco tienen nombre: Desarticulación fecal y Vómito anal. La portada es de un mal gusto sencillamente indescriptible, hay que verla para creer. Y la música es... bueno, ya tú sabes. Y si no sabes, ¡corre a conocerla, insensato!

En fin. ¿Qué hizo Peel con esta, con este... con esto? Lo declaró su disco favorito del año. Con un par. Imaginemos la cara que se les quedaría al sinfín de artistas que habían optado a ese honor al ser desplazados por esta hez sonora. Me meo todo. Resulta que John Peel estaba delante de otra piedra angular, del origen de algo importante y duradero, y parece que se dio cuenta al momento. Él y pocos más, supongo. Valga decir que ya había hecho una sesión con Napalm Death, así que hasta un punto ya estaba curado de espantos.

Por supuesto hubo Peel Sessions de Carcass. Hubo dos, de hecho, en 1988 y en 1990, en cada una de las cuales se grabaron cuatro canciones, seis de ellas procedentes del inenarrable Symphonies of Sickness, así que estamos de enhorabuena quienes vemos este segundo LP de Carcass como su absoluta obra maestra. Las otras dos proceden del item descrito más arriba, gracias a lo cual podemos escucharlas aquí con un sonido más claro. O mejor dicho, podemos escucharlas por fin.

El desempeño vocal en ambas sesiones es de un salvajismo que hace palidecer a los propios discos. Bill Steer se mantiene en sus trece con la misma voz cavernosa de las tomas de estudio, pero Jeff Walker se reinventa y se requeteinventa con una desmesura desconcertante, extrayendo de sus tripas sonidos que a priori nadie en su sano juicio atribuiría a un humano ni a ningún otro tipo de mamífero o ave carroñera. Impactante en grado sumo. Repulsivo y malintencionado hasta decir basta, empaña todo el contenido y la forma de un humor negro que te revuelve en lo más hondo. Si imaginamos a la vez al bueno de John Peel escuchando esto en la BBC mientras él mismo lo emite en su programa, tableteando amablemente sobre la mesa y pensando en lo siguiente que va a decir, como cualquier otro día de trabajo en la radio, es cuando la escena adquiere tintes surrealistas. Creo que si pudiera viajar en el tiempo lo primero que haría es ir a Inglaterra la noche en que se emitió la primera sesión, sintonizarla en un transistor mono a pilas y ponérmelo en la oreja.

Sobre las canciones no hay demasiado que decir. En general están algo peor tocadas que en los discos, y se les ve el plumero, este nunca fue un grupo perfecto ni mucho menos y estas sesiones les pudieron pillar un poco en bragas, sobre todo la primera. Pero también se perciben más de cerca (aún) esa obstinación sin límites, ese gamberrismo atroz, ese pasarse tres pueblos y acto seguido no frenar y pasarse otros tres. Para lo bueno y para lo malo, la primera sesión es previa al Symphonies, así que la grabaron todavía en trío y a las canciones les faltaba un hervor, lo cual puede explicar la ausencia de algunos detalles míticos, sobre todo en la guitarra solista. Para la segunda sesión, la de 1990, ya tenían a Michael Amott en plantilla, que no había grabado en Symphonies pero les acompañaba ya en esa gira, y se nota al grupo más empastado aunque tampoco hay una diferencia abismal. Como curiosidad, para la primera sesión usaron nicks acordes con la temática (Bill Steer era "J. Machacavísceras" por ejemplo, un poco Mortadelo y Filemón, ¿no?), pero para la segunda ya salían los cuatro con sus nombres de verdad. Se empezaba a gestar ya el principio del fin...

En resumen, un documento impagable que se puede disfrutar como fin en sí mismo o, si ya estás enganchado al grupo, como prolongación de lo que ya conoces. Una inmensa oportunidad de escuchar las canciones bajo otro ángulo, percibiendo por doquier detalles que en los discos ni se huelen. Y lo podemos disfrutar en sus dos sabores: un EP de época con la primera sesión y portada anodina (Strange Fruit Records, 1989, que uso como "base" para esta reseña) o el LP de Earache (2013) con ambas sesiones, más una de Goldflesh de regalo, con una portada mucho más vistosa (que usaron también para las sesiones de Bolt Thrower, Napalm Death y varios más) en la que vemos una especie de rayo que, procedente de la Broadcasting House -la sede de la BBC- le destroza la cabeza a una persona que pasaba por allí. ¡Viva y bravo!

K. Grumegargler: Batería, voz
J. Offalmangler: Bajo, voz
W.G. Thorax Embalmer: Guitarra, voz

Y en la sesión de 1990:
Bill Steer: Guitarra, voz
Jeff Walker: Bajo, voz
Michael Amott: Guitarra, segundas voces
Ken Owen: Batería, segundas voces

Sello
Strange Fruit