Budgie - Bandolier

Enviado por Kaleidoscope el Mié, 18/09/2019 - 22:34
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1. Breaking All the House Rules (07:22)
2. Slipaway (03:58)
3. Who Do You Want for Your Love? (06:07)
4. I Can't See My Feelings (05:50)
5. I Ain't No Mountain (03:33)
6. Napoleon Bona-Part One / Napoleon Bona-Part Two (7:15)

Disco completo

BUDGIE.

No puedo evitar abrir con el nombre de la banda en mayúsculas porque estamos ante un grupo en mayúsculas. Los periquitos más heavies de la historia nunca dieron el salto internacional masivo que dieron coetáneos como Black Sabbath, Led Zeppelin o Deep Purple, pero no se dejen engañar porque sean menos conocidos que los anteriormente nombrados: Budgie aportaron una barbaridad al desarrollo del Heavy Metal y fueron uno de los primeros del rollo, habiéndose formado en el 67 y debutado en el 71. Pero el puesto de Budgie en la historia está más allá de una simple curiosidad o de un ejemplo aislado de proto-metal muy temprano, sino que, junto con Black Sabbath y Sir Lord Baltimore fueron uno de esos primeros grupos que añadieron esa capa gruesa, pesada y densa al Hard Rock setentero con unos tonos de guitarras más sucios, graves y corpulentos, haciendo que fuese “algo más”.

Budgie son un grupazo fuera de serie y me atrevería decir que son, posiblemente el “secreto” mejor guardado de aquella generación que buscaba empujar cada vez más los límites del rock. Ya con su disco debut homónimo demostraron ser una banda cuanto menos peculiar, con un tono de guitarra inhumanamente guarro y pesado para la época; solamente con el tema de apertura, “Guts”, demostraron que tenían una visión que nada tenía que envidiar a nombres más grandes y conocidos y es que canciones como “Guts”, “Breadfan” y especialmente “Crash Course in Brain Surgery” son, sin lugar a dudas, de lo más pesado que jamás de parió en la década de los 70’s. Sin embargo, lo que hacía especial a Budgie no era nada más sonar bastante heavies para la época, sino que también contaban con una personalidad descacharrante y marcadísima que no tenía ningún otro grupo. Su sonido fangoso y extravagante, combinado con la inusual voz andrógina de Burke Shelley y los hilarantes, pero increíblemente originales títulos y letras de sus canciones los hacían únicos de verdad, a pesar de contar con evidentes similitudes con Black Sabbath o Led Zeppelin de tanto en tanto. Y es que si títulos como “Nude Desintegrating Parachutist Woman”, “Hot as a Docker´s Armpit”, “You’re the Biggest Thing Since Powdered Milk” o “In the Grip of a Tyrefitter’s Hand” no te parecen ingeniosos o absurdamente originales entonces no sé qué lo hará, como mínimo hacen esbozar una sonrisa. Todo ello sin olvidarnos, claro está, de la inusual pero refrescante temática que lucían en sus portadas y es que entre pájaros, letras fumadas y un estilo que se podría decir que es hasta un poco payaso y juguetón a la vez que pesadísimo, Budgie quedaban como los absolutos freaks de la época, los “raritos”.

Luego de una racha de cuatro discos espectaculares y fuera de serie era normal que la banda tuviera una sequía de ideas o un bajón considerable en la calidad de la música ¿No? Pues la realidad no puede estar más alejada, porque el grupo de pájaros británicos se pusieron en formación en “V” e hicieron una serie de piruetas inimaginables. “Bandolier” es la quinta placa del combo en apenas cinco años (un disco por año con una consistencia envidiable), la cual marcaría un punto de inflexión vital en su discografía.

“Bandolier” es donde la banda empieza a modernizarse optando por la producción más nítida que habían tenido hasta el momento, dejando atrás aquel sonido enlodado, sucio y más rudimentario por uno mucho más profesional y cristalino, acercándose mucho más al sonido de bandas de Heavy Metal futuras, incluso contando por momentos con cierto tufo temprano al sonido de la NWOBHM. Por otra parte, los títulos de canciones rimbombantes era otro aspecto que se iba desvaneciendo debido a la actualización completa que sufría el grupo, pero creo que no hace falta decir que esta mutación más que una traición a la personalidad del periquito fue un giro 100% acertado y hasta necesario. Aunque ojo con pensar que la banda cambió dando una vuelta de 180 grados dándole la espalda a lo que siempre han sido, sino que más bien rotaron unos 340 grados, volviendo casi al punto de inicio, pero al fin y al cabo cambiados y con una perspectiva fresca al ver lo que tenían alrededor.

“Break All the House Rules” entra por la puerta de la casa como un elefante desenfrenado que destruye todo a su paso. Puro y duro ROCK N’ ROLL rocoso y potente del que descarrila trenes e incendia bosques con su desenfrenada energía. El riff principal que suena como “cortado por la mitad” de esta canción es simplemente sublime...así como Iommi es un incuestionable artesano de riffs Tony Bourge (Tony tenía que llamarse ¡Ja!) también lo es, tan sencillo como Bourge tenía un talento para forjar riffs que iba más allá de los mortales.

“Slipaway” cambia la tónica veloz y potente del tema anterior para ir despacio y suave con la infaltable balada en un disco de Budgie. Con temas de álbumes anteriores como “You Know I’ll Always Love You”, “Wondering What Everyone” o las ultra breves pero bellísimas “Everything in My Heart” y “You And I” ya habían demostrado su destreza para hacer sentidas baladas acústicas que ponen los pelos de punta, pero con “Slipaway” tocan techo, pariendo la que posiblemente es su mejor balada acústica en toda su carrera gracias. En “Slipaway” nos encontramos a un grupo que claramente añadía más capas a sus composiciones con la inclusión de líneas de guitarras más dinámicas y una voz de Burke Shelley que dejaba de ser tan extravagante y se tornaba mucho más delicada y armónica. “Slipaway” es una canción de esas que entre más las escuchas más matices le sacas, pero eso de sacar matices es solo un efecto colateral de pinchar repetidas veces dicha obra de arte, porque es eso: ARTE. La verdad es que me parece absurdo entrar en detalle en cómo la canción pone cada vello corporal como una lanza, es algo que se tiene que vivir en carne propia escuchándola con los ojos cerrados y dejándose llevar, no hay otra forma.

“Who Do You Want For Love?” muestra un lado muy funky que, hasta el momento, la banda no había explorado, o al menos no de esta forma. Budgie siempre han sido eclécticos en su estilo, no era algo inusual en una época donde las etiquetas y la segmentación no era tan marcada como lo sería luego, pero Shelley y compañía siempre tuvieron un gusto especial a la hora de aderezar sus composiciones con diversas influencias y el tercer tema de “Bandolier” es prueba de ello. La canción es una exquisita fusión de Funk y Hard Rock donde ni un segundo es desperdiciado. El rollo “Outlaw” del lejano oeste que lleva es brutal, una demostración de actitud y vigor impecable, con un Burke Shelley al micrófono que, dentro de sus parámetros, se encuentra desatado, pegando unos gritos perfectamente colocados que presumen un par de cojones bien puestos.

“I Can’t See My Feelings” es una canción casi que exclusivamente rítmica muy pegajosa con una estructura que si no se le presta suficiente atención puede resultar corriente, pero que si se escucha con detenimiento ahí mismo se ve presente el tono peculiar de los británicos en sus composiciones.

“I Ain’t No Mountain”, a pesar de ser un cover (de un tal Andy Fairweather) suena 100% Budgie, y exhibe claramente el tono más inocentón y cómico de la banda, pero lo instrumental lejos de ser un juego de niños es una demostración de actitud rockera por los cuatro costados. Los riffs de guitarra crujen como hojaldres, casi se pueden masticar y la batería muestra una versatilidad y dinamismo que se sale del mapa, demostrando que, a pesar de haber perdido uno de los bateristas más injustamente infravalorados de la historia del rock como lo fue Ray Phillips, Steve Williams resultó un fichaje más que acertado y es que con su intachable labor ni se nota la ausencia de Phillips.

Ahora abran paso que se viene la titánica “Napoleon Bona-Part One / Napoleon Bona-Part Two”, la cual es indudablemente el pico más alto de “Bandolier” y posiblemente una de las tres mejores y más grandes canciones que “empollaron” los pericos de Gales, la cual no alcanza a la estratosférica e irrepetible “Parents” (la mejor canción que han compuesto jamás y la que tiene el honor de ser la canción que más me conmueve de toda la historia de la música), pero eso ya sería mucho pedir. Este opus magnum da el cierre de oro al álbum con una extensa composición in crescendo que se adelantó a su tiempo. La cuestión empieza suave, melancólica y muy preciosista, pero a medida que van avanzando los minutos las guitarras se tornan cada vez más intensas, alardeando de unos riffs de guitarra cabalgantes épicos (que al escucharlos uno se siente como Napoleón cargando a la batalla en su caballo) que se verían con mucha frecuencia años después y es que, señores y señoras, estamos en 1975 y los Budgie acababan de sacarse de la chistera una las primeras epopeyas plenamente heavies de la historia, es tal vez aquí donde más se nota que “Bandolier” miraba al frente con seguridad y no pretendía ir hacia atrás. Un TEMAZO en mayúsculas, el cual no vale la pena describir exhaustivamente porque simplemente no le haría justicia, esto hay que escucharlo, punto y pelota.

Si no destaqué el bajo ni una sola vez en la reseña porque sencillamente solo hay que tener oído para darse cuenta que lo de Shelley a las cuatro cuerdas es de otro planeta, después de todo estamos hablando de un tipo que muy posiblemente haya sido una de las mayores fuentes de inspiración (tanto en el bajo como en la forma de cantar) de Geddy Lee.

En resumen, “Bandolier” es otra de tantas maravillas que regalaron Budgie en la primera mitad de los setenta. Uno de sus mejores álbumes, situándose solo por detrás del bruto y salvaje “In For the Kill!” y del magistral y perfecto “Never Turn Your Back On A Friend”.

La puntuación yo la tengo tan clara como el sol que sale todas las mañanas: cinco cuernos inamovibles que se traducen a un 9.5 en números.

Una banda especial, mágica, pionera y extremadamente talentosa que no gozó de la misma suerte que sus compatriotas, pero poco importa el hecho de que haya o no vendido millones de discos a lo largo y ancho del globo cuando la calidad de su música no se la lleva nadie. Además, el tiempo ha puesto en su sitio a esta agrupación y a cada día que pasa Budgie ganan más admiración y respeto, del que siempre merecieron.

Burke Shelley: Voz, Bajo
Steve Williams: Batería
Tony Bourge: Guitarras

Sello
MCA Records