Bruque - En Mitad del Camino

Enviado por El Marqués el Mié, 11/04/2012 - 17:01
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1. Antimilitar
2. En Mitad del Camino
3. Libre
4. Beirut (Live)
5. Pillando de Lleno
6. Atrás
7. Velocidad
8. Seré Yo
9. El Heavy no es Violencia (Live)

Esta reseña debe ser leída a continuación de la de Tigres, pues ambas se complementan.

19 de noviembre de 1982, Iron Fist Tour. Motörhead actúan en Barcelona, la banda local Tigres de Metal hará de telonera. Durante el show de los cabezas de cartel, el guitarrista Brian Robertson salta al foso con la intención de golpear a un espectador, y los roadies le siguen armados con barras de hierro, sembrando el pánico entre los asistentes. Por lo visto, la imagen y actitud de Brian no convencen a parte de la audiencia, que se dedica a increparle hasta hacerle perder los nervios.

10 de noviembre de 1984. Velódromo de Anoeta de San Sebastián. Joan Jett and the Blackhearts abren para Scorpions la que se prevé una noche inolvidable. El público heavy, mosqueado porque la organización ha rechazado el ticket a muchos chavales al entender que no proceden de los puestos de venta oficiales, la emprende a escupitajos y lanzamientos de objetos contra los Blackhearts. Joan Jett pierde la paciencia cuando alguien arroja un cable con un enchufe, y jura que jamás volverá a tocar en España. Esta mujer lo tiene todo: talento, belleza, integridad, y palabra, porque han pasado ya 28 años desde aquel día, y que yo sepa, si la ex de Runaways ha vuelto por aquí, habrá sido de incógnito y en vacaciones.

Agosto de 1985. La sección de correo de la revista Heavy Rock recibe una serie de cartas de Metal Heads indignados, que, con motivo de la celebración de un concierto en Madrid, -los Deep Purple de “Perfect Strangers” tal vez, me es imposible recordarlo con claridad- han sido atracados a punta de navaja en los alrededores por otros heavies que les quitan las entradas. La propia Heavy Rock encabeza la sección con el puño cerrado de la portada del “Volumen Brutal” de Barón Rojo, y el texto: “Algo así haría falta en el careto de los valientes que se dedican a atracar a sus colegas metaleros”.

Septiembre de 1986. Campo de fútbol del Rayo Vallecano. Scorpions de nuevo. Curiosa la atracción que los autores de “Still Loving You” y “Always Somewhere” ejercen sobre determinados salvajes. Un joven muere apuñalado por negarse a compartir su cerveza. Casualmente el autor no es ningún headbanger, sino un cabo del Ejército Norteamericano destinado en la base militar de Torrejón de Ardoz, pero el suceso provoca ríos de tinta contra todo el movimiento Heavy. Quien suscribe escucha días después el relato en primera persona de uno de los asistentes –uno de aquellos jevis mayores que tu, que te conocían del barrio y te respetaban porque, aunque fueras un crío con pinta de pardillo, veían que controlabas y lo vivías- que ha visto cómo sacaban en camilla a la víctima con el pecho ensangrentado.

Primavera de 1987, Madrid. Gary Moore presenta “Wild Frontier” y los británicos Shy son los teloneros. Los autores de “Excess all Areas” tendrán menos suerte que Joan Jett, y durante su actuación un ladrillo impactará a escasos centímetros de sus crepadas melenas. En medio de un ambiente enrarecido, con un público caótico y sobre excitado, Gary Moore se verá incapaz de controlar a las masas y ofrecer una buena actuación. Su teclista y segundo guitarrista Neil Carter, entrevistado al respecto muchos años después, asegurará no recordar nada, e impartirá una lección de elegancia y compañerismo: “¿Sólo un ladrillo? Shy eran muy malos”. Su jefe Gary si recordará aquella tarde, y por increíble que parezca, uno de los motivos que aducirá para justificar su cambio al Blues Rock de radio fórmula será que está hasta los huevos del público heavy, con el show de Madrid, entre otros, en mente.

Son solo algunos ejemplos. La violencia en el mundo del Heavy Metal no era un fenómeno exclusivo en nuestro país, no era siquiera algo exclusivo de este estilo de vida, pero es innegable que determinados aspectos del movimiento transmitían oscuridad y mal rollo, facilidad para integrarse en la masa y perder la capacidad de actuar de manera individual, como ocurre en el fútbol con los grupos ultras, y que muchas veces eran los propios heavies, con su actitud pendenciera, quienes lo ponían fácil a los detractores, a quienes solo veían en las hordas de Metal Heads a un ejército de adoradores de Belcebú.

Eran otros tiempos, existían otros problemas y dificultades de integración que desde luego no vamos a tratar aquí como si esto fuera una clase de Sociología, pero los veteranos recordaréis los saqueos que se producían en los puestos de merchandising, el miedo de los comerciantes en los alrededores de los locales, las avalanchas para entrar a la fuerza en los conciertos en señal de protesta por el elevado precio de las entradas, las batallas campales que se organizaban dentro de las salas…“Jevis contra Policías, Jevis contra Seguratas, Jevis contra Jevis y Jevis contra el mundo”, describía hace años un redactor del Popu recordando aquellos tiempos en un excelente artículo.

Como suele ocurrir, era la actitud de unos cuantos exaltados la que daba mala imagen a todo un colectivo que solo deseaba disfrutar de la música, la litrona de cerveza y los colegas. En realidad, el seguidor metalero medio tenía más que ver con los adorables borrachuzos con ganas de mirar traseros enfundados en mallas y pasarlo bien que se ven en el documental “Heavy Metal Parking Lot” –un documento impresionante que realizaron dos periodistas, cámara al hombro, sobre los momentos previos a un show de Judas Priest en la gira americana de “Turbo”-, que con los seguidores de una secta diabólica.

También es verdad que a los heavies nos encantaba presumir de que uno de nuestros ídolos comía murciélagos, otro actuaba con una motosierra en la entrepierna, otro sacaba una boa y una guillotina, otros manifestaban su alianza con la Liga de Satán y daban la bienvenida al Infierno…Toda una parafernalia que no nos ayudaba nada en ese sentido.

Ante este panorama, nuestro Pedro Bruque, que había vivido en primera persona los incidentes de aquel pase de Motörhead al actuar de telonero, decidió fundar el COHE, Colectivo Heavy Nacional, cuyo fin era aglutinar a todos los melenudos de este país para demostrar que no había motivo para tanta preocupación cada vez que un chaval de doce o trece años daba al play por primera vez en su habitación y dejaba sonar “Holy Diver”.

Tal y como he comentado en mi anterior texto, Tigres ocuparon 1985 presentando “Listos para el Asalto”. En el 86 publicaron “Victimas del Rock”, un Ep con cuatro temas, cuya segunda parte vería la luz en el 88 en un disco compartido con los Zero de José Antonio Manzano. Y fue durante el verano del 87 que la idea y el mensaje del COHE tomaron forma. Inicialmente se imprimió un single con dos temas en estudio, "El Heavy no es Violencia" y “Beirut” – que carece del carácter icónico de su compañera, pero es una canción mejor- y ya en 1989, con Tigres disueltos y bajo el nombre de Bruque, el proyecto se consolidó con la edición del Lp “En Mitad del Camino”.

Musicalmente se trata de un buen álbum de Heavy Rock de aquellos tiempos, agradable de escuchar, con todos sus clichés –tópicas letras antimilitares, modesta producción, buenas guitarras, marcha maja pero inofensiva-, e inferior, por qué no decirlo, a cualquiera de los discos clásicos del Heavy español de los ochenta. Recoge sendas versiones en vivo de los dos temas lanzados en el single, una colaboración de José Carlos Molina con sus flautas en “Velocidad”, y la participación de Manzano a la voz en el tema título. Un disco, en definitiva, hecho entre y para colegas, con mayor valor histórico que musical, pero imprescindible en cualquier caso.

La aportación de Manzano es especialmente significativa, y un muy bonito detalle, pues ya sabemos que cuando Salvador Domínguez lo reclutó para Banzai haciéndole abandonar a Tigres, Bruque se sintió traicionado, y pasaron algunos años hasta que ambos rockeros volvieron a hablarse. Ambos habían madurado, y entendieron que la causa merecía la pena.

Como la vida es cruel, un tumor cerebral, posible consecuencia de un fuerte golpe que nuestro hombre se dio en la cabeza en un accidente en el autocar de gira con Tigres, nos arrebató a Pedro Bruque poco tiempo después. La violencia no desaparecería. A principios de los 90 fue Jeff Keith, el cantante de Tesla, quien sufrió la ira del subnormal de turno, al recibir el impacto de una moneda en la cara, que le dejó aturdido en mitad de un show, e incluso en uno de los pases de la gira de presentación del Proyecto “El Heavy no es Violencia” se registraron avalanchas y numerosos incidentes.

Pero el mensaje de Pedro caló hondo, y a día de hoy es objeto de homenajes, y sus temas son rescatados por grupos actuales. Cuando fundó el COHE, además de lavar la imagen del Heavy Metal, pretendía utilizarlo como plataforma de lanzamiento de nuevos grupos, y en poco tiempo consiguió miles de seguidores. Él mismo, para que veáis que nada de lo recogido en esta reseña es exagerado, declaró sobre sus iniciativas: “Yo no considero que esté haciendo algo excepcional, simplemente alguien tenía que empezar la tarea y me ha tocado a mi…Es hora de que la sociedad que nos rechaza se entere de que somos gente normal, que tenemos novia, buscamos piso, tratamos de mejorar nuestro status social y económico como cualquier otra persona”. Alucinante que un músico tuviera que expresarse así, pero es que la situación de rechazo social que menciona era totalmente verídica.

Ya sabéis que muchas veces los mejores no son aquellos a quiénes se han erigido estatuas, sino aquellos sobre quiénes los demás preguntamos: “¿Y éste, como es que no tiene una estatua?” Pedro se la merece. Y bien grande.

Ahí dejo el link con el célebre tema en su versión de estudio, que algún "falso heavy" o "infiltrado" no me ha permitido subir el enlace en el listado de canciones:

http://youtu.be/PxGGVCSzAqE

Domingo Gallardo: Voz
Antonio Gómez: Guitarra
Alberto Arias: Guitarra
Pedro Bruque: Bajo
Tony Larrosa: Batería

Y la participación de:

José Antonio Manzano: Voz en tema 2
José Carlos Molina: Flauta en tema 7
Gaby Sáez: Teclados

Sello
Leyenda Records