Bathory - Under the Sign of the Black Mark

Enviado por stalker213 el Dom, 17/06/2012 - 21:36
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1. Nocternal Obeisance (1:28)
2. Massacre (2:39)
3. Woman of Dark Desires (4:06)
4. Call From the Grave (4:53)
5. Equimanthorn (3:42)
6. Enter the Eternal Fire (6:57)
7. Chariots of Fire (2:47)
8. 13 Candles (5:17)
9. Of Doom (3:45)
10. Outro (0:25)

Del mismo modo en como La Bestia, brazos en alto, salía de la primitiva y maloliente caverna gloriosamente inmortalizada en la inquietante y ya antológica portada del sacro álbum que hoy acometemos, Quorthon y su divina criatura BATHORY se lanzaban (Con su tercer y desvergonzado asalto) de nuevo en plancha al ruedo para clamar ahora sí, definitivamente, el regio trono esculpido en hueso, diamante y basalto que jamás habrían ya de abandonar, incluso tras la muerte del hombre. Y es que no resulta nada gratuito el término que aquí y ahora utilizo (El de “hombre”, digo) porque ésta -De una vez por todas y por siempre más- sí es concluyentemente una nefaria e indómita forma de música, única y exclusivamente apta para hombres que de verdad atesoran en su interior la innata capacidad de exponerse sin reservas a ella y no perecer en el intento, como una muñeca con el ano zaherido, ante su exuberante y desnaturalizada violencia. Porque ahora, muchacho, no vale una hueca mierda aquello de que “pues a mí me gustan…” o aquello otro de “sí que molan sí, eran muy buenos…” por la sencilla razón de que esta música o te llega directa al alma, la destroza y te la pudre para los restos o sencillamente es que no la entiendes porque no es para ti. Sin medias tintas; BATHORY es y será leyenda, y el resto de bandas de Black Metal, de la mejor a la peor, tan solo seguidores.

Lo repito una vez más y ya aviso que no será ésta la última: Muchos han tocado más rápido. Muchísimos otros lo han hecho también más alto, más sucio, peor grabado, lo que se os ocurra. Así mismo, los unos echaron mano de la iconografía más extrema y altanera en términos de satanismo o de negación de la palabra de Dios, mientras los otros hacían lo propio, advocando en el más esperpéntico de los casos en la imaginería nacional-socialista más burda y ramplona imaginable. Sí, afirmativo: Llegado este punto del partido todo el mundo lo ha hecho todo “más” en comparación a como lo hizo BATHORY, pero amigos… Que a nadie se le olvide algo, y es que aunque todos lo hicieran todo “más” que BATHORY, NADIE MÁS FUE BATHORY. Porque, indudablemente, tú puedes tener unas portadas cojonudas, otorgar a tu música una producción masiva o por el contrario otra del todo indecente incluso para venderla a las jodidas cabras, pintarte más o menos, ser un virtuoso o un retrasado que no sabe ni dónde enchufar la guitarra, cuando no otro millón de cosas más, pero ay, amigo… Te lo dije: Tú puedes todo eso y más, anda corre, pero lo que no puedes -Ni podrás jamás- es ser el primero. ¡El jodido y puto primero te digo, excremento! Anda y ves a decirle a Quorthon que tus discos se zampan con una mano a los suyos. Dile sino que sus obras suenan, en comparación a la bazofia de hoy día, como una jodida cafetera de rebajas perdida en un tumulto de artefactos mierdosos en la vasta inmensidad del rastro más infame. ¡Díselo, botarate! Pero al punto, atiende: Atente a las consecuencias, porque tú después de todo solo eres una banda y nada más que eso, patética basura mortal.

Tanto por su entrada como por la salida, el tercer opus del monarca no hacía sino mimetizarse con las igualmente lóbregas y ominosas piezas de apertura y clausura de su homónima y lacerante obra de estreno y el sanguinolento y cerval ‘The Return……’, pero si algo quedaba meridianamente claro al echar a andar en serio este ‘Under the Sign of the Black Mark’, eso era claramente el hecho de que de una vez por todas algo nuevo (Más todavía que lo anterior), indescriptiblemente obsceno e indeciblemente impío, había cobrado forma para servir de infinito azote a todo aquél que no se plegara a los preceptos del primer y único emperador de un sonido que hasta el día de hoy no conoce parangón en su género. Y es que si bien es cierto, merced a sus dos primeros retoños, el cómo Quorthon ya era considerado el santo y seña del movimiento (Microscópico entonces) antes de la grotesca incepción de su tercer vástago, no lo es menos el cómo con ‘Under the Sign of the Black Mark’ es cuando, de modo generalizado, se acepta que nace la música Black Metal. Y sí, ya sabemos que el debate es eterno y que VENOM llegaron antes, pero es que eso para mí no es un debate, sino tan solo un chiste paupérrimo y de pésimo gusto del que simplemente dejo de hablar aquí.

Como señalaba antes, y nunca jamás sin dejar de ponderar al feroz salvajismo imperante en sus predecesores, se advierte el punto y sin más el cómo realmente con ‘Massacre’ es cuando un desbocado Quorthon con los ojos inyectados en sangre, resquebraja -hacha en mano- todo lo que anteriormente existía. Hasta el punto incluso de hacer sonar al tremebundo ‘Scream Bloody Gore’ del mismo año cual dulce música de kindergarten, y es que el odio, la maldad y la locura que desprende este corte de inicio son algo que ni tan siquiera el mayor visionario de la época pudiera jamás haber elucubrado. La incandescente espiral de violencia proyectada por la susodicha, todavía hoy resuella en los más recónditos santuarios de los que de veras amamos más a esta música –su rudeza y perfección hieren hasta el paroxismo- pero como fuere que Quorthon firmara un pacto con el Diablo, ésta no hace sino sucumbir, hincándose de rodillas en el suelo, ante el que concluyentemente se erige como uno de los mayores pilares en la carrera de BATHORY; Y lógicamente estoy hablando de la turbia e indescifrable ‘Woman of Dark Desires’, en la que los niveles de temperatura de la caldera central derriten incluso al mismísimo calor. ¿Absurdo? Del todo y más todavía, aunque oye: No menos que la perfección alcanzada por Quorthon en éste su tercer compendio.

No obstante, y como aquí la cosa va de quemar hasta las más profundas raíces de la tierra que uno deja tras de sí, resulta que, sin más, llega ‘Call From the Grave’, al punto que una de las composiciones más definitivamente lunáticas, tétricas y escalofriantes jamás escritas por el hombre. La petrificante solemnidad de las notas con las cuales abre, justifica ya directamente la inigualable experiencia de escucharla una vez tras otra, pero es que eso no queda sino en el terreno de la anécdota cuando la zafia turba de malsanos instrumentos se abalanza sin piedad sobre el oyente, comandada al frente por los alaridos de un enajenado Quorthon que simplemente parece haber emergido, presa del más atroz resquemor, del pozo más oscuro e infecto de Los Avernos. La simpleza característica de su obra más temprana, alcanza ya aquí la madurez que por derecho propio nos permite afirmar como sin discusión es ahora cuando nace el Black Metal en su forma más pura y primigenia; Y os lo digo de verdad: Si alguien puede escuchar el truculento tramo donde flota, cual atormentado fantasma apesadumbrado por sus más infinitos pesares, la marcha fúnebre de Chopin sin sentir un solo escalofrío por su espinazo, es que nunca jamás en la vida podrá comprender ya la vasta e incalculable enormidad de esta música.

A su vez, ‘Equimanthorn’ echa a andar, renqueante, merced a un torpe y cortante riff que va directamente a morir, como evidentemente era de esperar, a una nueva y febril explosión de exceso y pasión, donde la parte del estribillo –con un Quorthon desaforado hasta lo preocupante- descuella por encima del resto como la más exasperante furiosa y evidentemente, mejor. Sin embargo, y aunque a menudo resulte ello nauseabundamente repetitivo, es de justicia el volver a recordar cómo con este bendito incunable, pergeñado por el indiscutible Padre del Black Metal, la hoja de ruta no marca sino apisonar lo anteriormente plasmado, siendo solo así comprensible el cómo después de dos pepinazos insondables del calibre de ‘Woman of Dark Desires’ o ‘Call From the Grave’ se venga al punto, y de puntillas, un tercero que sin remisión deja a los dos primeros en pañales, y cuyo nombre no es otro que el de ‘Enter the Eternal Fire’, abriendo ya de par en par las lujosas puertas a la transición del sonido BATHORY más primitivo en tránsito hacia la sublime épica de majestuosidad inigualable de colosos como ‘Blood Fire Death’, ‘Hammerheart’ o su postrera obra maestra ‘Twilight of the Gods’. Y es que yo no discuto lo pedestre que en ocasiones pueda llegar a resultar el estilo del amigo Quorthon a la guitarra, que no. Pero que si eso, nos sentamos también a discutir sobre el sentimiento y la desbordante pasión de los solos facturados en este ciclópeo tema, y si acaso, lo volvemos a discutir. Para aclarar conceptos, más que nada.

Con ‘Chariots of Fire’ vuelve a la carga el sonido de batalla más tradicionalmente BATHORY, entendiendo con ello el predominio de una velocidad ridículamente elevada y una vociferación más propia de un demente antes que no la de alguien terriblemente cabreado, hibridadas al punto con una actitud y un arte tan solo concebibles en el mejor de los mejores, y es que no me cansaré de volver a repetirlo: Personalmente, por circunstancias, me quedo con su álbum del ’84 antes que con este que hoy nos hemos llevado al morral, aunque muy posiblemente ‘Under the Sign of the Black Mark’ sea el mejor trabajo que jamás incubó Quorthon.

‘13 Candles’ discurre, llegado este punto, bastante más a medio tiempo antes que no otra cosa, eso sí, preservando los inmaculados niveles de bestialidad y furor presentes en toda la obra, aunque es definitivamente ‘Of Doom’ el tema que sin piedad pone el grotesco colofón a este fabuloso festival de los horrores, canalizando frío y calor a partes iguales, merced a su gélida y enfermiza atmósfera y los vapores más definitivamente abrasadores jamás enclaustrados en las más ignotas profundidades del infierno.

La discusión es ridícula. El debate inexistente.

Obra maestra únicamente al alcance de un genio irrepetible, aunque evidentemente… Eso solo lo vemos unos poquísimos escogidos. Para el resto, claro, eso es algo exagerado y hasta risible ¿Verdad?

No sabéis cuánto me alegra el que así sea.

Valoración: 10.00

Quorthon: Voz, Guitarra & Bajo
Paul Lundberg: Percusiones

Sello
Black Mark