Anathema - Pentecost III

Enviado por Witchfyre el Mar, 31/12/2019 - 17:39
Anathema

No soy de EP’s si os digo la verdad. Me suele parecer el hermano pobre de un LP, ese lugar donde metes los temas que te sobran y algo de relleno para justificar una nueva edición, mientras vuelcas tus esfuerzos en el larga duración. Como con todo, hay excepciones, pequeños lanzamientos que merecen la pena y aportan algo que no encuentras en un LP, sobre todo en los compases iniciales de la carrera de una banda (me viene un Morbid Tales en este momento a la cabeza). Y en otras ocasiones, esa pequeña edición que, posiblemente, ni siguiera tenía mucha entidad inicialmente o se encontraba emparedada entre dos obras de mayor peso, acaba cobrando vida propia y convirtiéndose en un fenómeno extraordinario. Y eso, creo yo, pasó con este Pentecost III.

Como decía, no soy de EP´s, pero en esta media hora larga hay más belleza encapsulada que en otras discografías completas. Y digo poco más de media hora porque esos doce minutos de Memento Mori ofrecen alguna de esas frivolidades otrora tan típicas en los hermanos Cavanagh, en este caso en forma de dos cortes ocultos, Horses y 666, que alteran un poco el metraje de un tema que, en realidad, dura algo más de ocho minutos.

Muchos pueden ver en Pentecost III una simple antesala al inmenso The Silent Enigma debido a los escasos seis meses que los separan pero, aunque algo hay de eso, sería un error ignorar la personalidad propia de esta pequeña criatura. Grabado casi un año antes de su edición, cerró para siempre el capítulo de Darren White junto a Anathema en la que es su interpretación más apasionada. Lejos de ser técnicamente un gran vocalista y, probablemente, tampoco al nivel de un Vincent Cavanagh en términos de calidez y expresividad, si ofreció una versatilidad en este Pentecost III que hasta el momento le era ajena. Abandonando ese gruñido tan áspero de sus inicios, la sombra de Tom G. Warrior hizo bastante mella en una interpretación algo más personal y emotiva que en entregas anteriores, alternando un cuasi gutural muy "celticfrostiano" con una voz recitada que será, a la postre, imitada hasta la saciedad dentro del estilo. No me quejaré del trabajo que hizo el menor de los Cavanagh en The Silent Enigma, pero tengo la impresión de que había margen de mejora con Darren al frente, algo que, por desgracia, no creo que nos ofreciese con The Blood Divine.

De los cuatro temas reales aquí incluidos, no valoro mucho Pentecost III ya que es una inquietante instrumental con partes ambientales y otras amplificadas, hay dos que resultan absolutamente conmovedoras. Kingdom, la primera, va madurando lentamente, como lo hizo la propia banda desde aquella lejana An Illiad of Woes de 1990. Desde un comienzo muy sosegado, hasta lejano, va tomando forma hasta convertirse en un auténtico coloso de nueve minutos y medio. Desgarradora, épica, inmensa… alcanza tal grandeza que parece poseída por la propia pretenciosidad (no como algo negativo en este caso) de su temática. Y si Kingdom es grande, We, the Gods alcanza proporciones bíblicas. Bella y perturbadora al mismo tiempo, son casi diez minutos de épica intensidad con un clímax absolutamente extático en los tres finales. Durísimo contendiente a predilecta de la banda junto a otros colosos de la talla de Restless Oblivion o A Dying Wish. De emotiva que es resulta incluso poética.

No he seguido el orden estricto de los cortes por pura preferencia personal, aunque no porque Mine Is Yours to Drown in (Ours Is the New Tribe) y la ya citada Memento Mori no merezcan la pena. Pero, en comparación, casi cualquier cosa se me antoja pequeñita. Ambos son buenos temas, posiblemente mejores que la mayoría de lo que se contenía en el anterior Serenades y ayudan a elevar el nivel general de la grabación, no cabe duda, sin embargo, no consiguen tambalearme de la misma forma que las antes descritas.

Podría pararme ahora con detalles técnicos o visuales (preciosa portada, otra vez), pero no lo veo oportuno. Simplemente os insto a apagar las luces, poner Pentecost III y vaciar vuestro pensamiento de todo lo que no sea la música de estos cinco muchachos de Liverpool. Y, al terminar, repetir la operación o, en su defecto, seguir con The Silent Enigma.

Ya lo he dicho varias veces a lo largo de la reseña, no soy de EP’s, pero Anathema se empeñaron en demostrar que estoy equivocado durante sus primeros años. Un 9 para Pentecost III, cinco cuernos bajos en términos portaleros.

9/10

- Darren J. White: voces
- Vincent Cavanagh: guitarras
- Daniel Cavanagh: guitarras
- Duncan J. Patterson: bajo
- John J. Douglas: batería

Sello
Peaceville Records